27 de mayo de 2018
27.05.2018

Bale, de secundario a actor principal en Kiev

El delantero galés ejecutó una chilena que ya es historia de las finales de la 'Champions'. Karius fue el villano con dos errores graves

27.05.2018 | 21:49
Gareth Bale celebra su segundo gol.

Marcelo interpretó a Roberto Carlos. El centro fue igual de impreciso, de aleatorio. Un envío sin más pretensiones que poner el balón en el área, donde suceden las cosas importantes. El papel de Zidane le tocó a Bale, con una volea en versión mejorada: más difícil, de espaldas, en una pirueta. ¿Imposible? El galés impactó arriba, muy lejos y el balón describió una parábola imparable que se coló en la red. Bale rodó un remake de aquel recordado gol de Zidane en Glasgow, le dio la 13.ª Copa de Europa al Madrid y, de paso, coló su monumento en el museo de obras de arte de la Liga de Campeones. El debate está lanzado: ¿El mejor gol de la historia de las finales?

Bale se llevó los focos y compartirá página en el álbum de los recuerdos con Karius, el espigado portero alemán que convirtió la ilusión de su carrera en una pesadilla. Queda marcado por dos goles más que evitables.

La final de Bale se reduce a media hora. Salió en el 61 y a los tres minutos firmó la escena ya descrita: la chilena que empezó a desequilibrar el choque. "El mejor gol de mi vida", diría después. Acostado en la izquierda fue creciendo. Siempre apareció con el oxígeno cuando la presión del Liverpool ahogaba a los blancos. El tercer tanto, el que cerró la final, resume su confianza. Conduce hacia el centro, valora las opciones y prueba desde lejos. El tanto subraya las carencias de Karius, manos resbaladizas, y sitúan al galés en el escaparate de Kiev, elegido como mejor futbolista de la final.

Bale fue la cara; Karius, la cruz. En medio, un sinfín de protagonistas en una final con muchas historias alternativas. Será la final de las lágrimas. Las que derramó Salah, las que lanzó Carvajal. Peligra el Mundial. El hombro del egipcio fue el alma del Liverpool, resquebrajada a los 28 minutos. El conjunto inglés fue otro tras su lesión. Se fue Salah y el Liverpool bajó una marcha. Adiós a la presión asfixiante, a la versión más pegajosa de los de Klopp. Los ingleses habían sido mejores durante los primeros 30 minutos, pero la final volvió a nacer y buscaba protagonista. El partido esperaba por Bale.

Pero la final reservaba más protagonistas tras el pitido final. Alejado del foco central, reducido tras una final discreta, Cristiano pidió la atención con un micrófono delante. Lo hizo para dejar en el aire su futuro en el Madrid. Y para poner de manifiesto su ego desmedido; el que le hace un coleccionista de récords y una personalidad infantil con la que pelear año a año.

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