12 de febrero de 2018
12.02.2018
Baloncesto
Real Madrid 8976Iberostar Tenerife
 

El sueño solo duró 10 minutos

El Iberostar Tenerife le aguanta un cuarto al líder (18-21) gracias a su gran acierto en el triple, pero luego cae sin remisión ante la imposibilidad de frenar a Campazzo y con la pobre aportación de su banquillo

12.02.2018 | 12:29
El sueño solo duró 10 minutos

Diez minutos para soñar, y 30 para convivir con la realidad. Clara derrota la sufrida ayer tarde por el Iberostar Tenerife en su visita al Real Madrid, en un duelo donde los de Fotis Katsikaris exhibieron una notable puesta en escena gracias a su acierto desde el 6,75 (18-21), pero en el que luego no ofrecieron contestación alguna al mayor fondo de armario de los locales, al margen de ser incapaces de frenar a un vertical Facundo Campazzo. Y es que el cuadro lagunero no solo acusó las bajas de Fran Vázquez y Kostas Vasileiadis, así como el mal día de algunos reservas como Allen y White, sino que también pagó la pobre aportación de su líder ofensivo, un Mateusz Ponitka bien atado en corto hasta el descanso y fallando lo que no suele en la segunda mitad. Demasiados pecados juntos como para imaginar hacer frente a un adversario superlativo en nombre y herido en su orgullo después de tres derrotas seguidas.

Un parcial de 12-0 daría a los blancos una renta (30-21) que durante muchos minutos estuvo alrededor de la decena (43-34 al descanso) ante un Iberostar incapaz de reducir su desventaja, aunque peleón para no arrojar definitivamente la toalla (61-51, 28'). La rendición aurinegra llegó definitivamente mediado el cuarto periodo, cuando un 8-0 disparó a los merengues hasta el 81-61. Aún así, los laguneros, liderados por un gran Tim Abromaitis, tiraron de amor propio para adecentar su derrota y al menos acabar con buenas sensaciones antes de la cita copera de dentro de tres días.

No fue muy halagüeño el arranque canarista, con un par de malos ataques, permitiendo una segunda opción a su rival, y sin la posibilidad de evitar la producción exterior madridista (7-2). Sin embargo, los de Katsikaris aguantaron esta primera envestida para plantarle cara al intratable líder. Lo hicieron, mientras se sacudían sus acciones ofensivas algo trompicadas, gracias a su acierto desde el 6,75. Primero Beirán, luego San Miguel, a continuación Abromaitis y de nuevo Beirán en un inmaculado 4/4 para colocarse por delante (14-16, 6') y sin importarles el juego de ida y vuelta, a tanteador alto, aquel en el que supuestamente más cómodo se encuentran los blancos. Y aunque precisamente no evitó del todo que los locales corrieran, los tinerfeños habían cerrado por completo el rebote de su propia canasta, se multiplicaban en defensa (robo de Bassas para provocar antideportiva) y extendían sus buenas prestaciones desde el perímetro (3/3 de Beirán) después de una buena circulación (siete asistencias) para el 18-21.

Solo un lunar significativo, el 2/10 en tiros de dos, fruto sobre todo de varios errores debajo del aro y también a media distancia. Un debe que se prolongó en el arranque del segundo acto (especialmente en manos de Niang) frente a un rival más intenso en defensa. Así, los laguneros se cortocircuitaron ante la presión blanca a la salida del balón, lo que les dejó, en la mayoría de las ocasiones, sin un buen puñado de segundos para poder atacar con más fluidez. Eso, y varios despistes defensivos en los cambios y en las ayudas derivaron en un parcial que llegó a ser de 12-0 (30-21). Todo lo bueno del arranque se había ido por el sumidero después de siete minutos sin anotar en juego, un bache cortado por un triple de Abromaitis (30-24). Tres puntos que permitieron despertar a los de Katsikaris y al menos minimizar daños en medio de un intercambio de canastas. Pero solo eso. A los canaristas les faltó saber frenar las continuaciones de Reyes y un poquito más acierto, como cuando atacó para irse al descanso solo cinco abajo y acabó con una desventaja de nueve (43-34). El 2/10 en tiros de dos tras el primer parcial se había extendido a un 4/18. Escaso bagaje por mucho que el acierto desde el 6,75 fuera por entonces de un 7/10.

El ida y vuelta continuó en el arranque del tercer acto, si bien dio la sensación de que ahí el Iberostar pudo haber hecho algo más. Como por ejemplo, el no permitir canastas tan sencillas del Real Madrid, o que Ponitka, pese a dejarse ver por primera vez en todo el choque, no errara lo que no suele, como una bandeja a la contra sin oposición o dos tiros libres, o incluso un triple liberado de San Miguel que no tocó ni aro y que hubiera supuesto el 52-47. Aún así, los isleños, amparados en Abromaitis para contrarrestar las diabluras de Campazzo, se mantenían en partido (61-51). El esfuerzo aurinegro estaba siendo titánico con unos argumentos tan escasos. Con San Miguel recayendo de su lesión, con Borg de tres y sin apenas presencia en el rebote ofensivo (19 a 31 en el global), los isleños vieron como su rival volvía a dar otro zarpazo, esta vez de 5-0 para afrontar los últimos 10 minutos 15 arriba (68-53).

Sin el acierto en el tiro de tres de los minutos anteriores, un par de acciones interiores de Tobey fueron los últimos momentos en los que el Iberostar dio la sensación de poder luchar por el partido (73-61, 34'). Los de Katsikaris se habían quedado sin gasolina y claudicaron definitivamente. Una canasta fácil de Doncic, otra contra de los locales e incluso una pérdida en saque de fondo (para un total de 16 regalos) elevaron la renta madridista hasta la veintena (81-61). Olía derrota fea, pero al menos los laguneros sacaron su casta para acabar, como les había pedido su técnico en un tiempo muerto, con buenas sensaciones de cara a la Copa del Rey del próximo fin de semana. Un último sacrificio para colocarse incluso a 11 (85-74) y evitar que el Real Madrid se paseara. Al final 89-76. El jueves, esperemos que ya con los tocados de vuelta, este Iberostar debe ser otro.

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