18 de diciembre de 2017
18.12.2017
Fútbol CD Tenerife
Sporting de Gijón30CD Tenerife
 

El Tenerife se habitúa al disparate

El conjunto blanquiazul cae goleado en El Molinón, donde fue la mejor terapia para un Sporting en crisis

18.12.2017 | 00:15
Sporting de Gijón-CD Tenerife
Longo pugna con dos jugadores del Sporting en una acción del partido de ayer.

Disparate mayúsculo, siniestro total. El Tenerife sumó ayer su enésima decepción en El Molinón, donde fue la víctima perfecta para un Sporting en crisis. La imagen de los blanquiazules fue paupérrima. Les condenaron un par de errores groseros, un muy defectuoso funcionamiento colectivo y la mayor eficiencia del rival, que salió a morder desde el principio.

La primera mitad fue un descalabro. Lejos de la versión aseada que el equipo insular ofreció ante el Reus siete días atrás, el mismo Tenerife (sin Juan Carlos, sustituido por Malbasic) hizo aguas desde el comienzo y se dejó llevar por el contrincante, que pronto llevó el partido adonde quería.

La clave estaba en la intensidad, factor que se presumía fundamental para controlar la contienda, pero el representativo empezó con las luces apagadas. Apenas un par de minutos valieron para constatar que jugaban niños contra adultos. Superado por el Sporting de cabo a rabo, el Tenerife se vio tan sometido que, al primer golpe, cayó a la lona.

Fue en una jugada portentosa por banda derecha (1-0) donde los blanquiazules dejaron hacer y maniobrar a su oponente. Primero a Carmona, que se fue por su costado como Pedro por su casa; luego Juan Rodríguez y por último Santos, que anotó a placer. En un abrir y cerrar de ojos ya se había ubicado el Sporting ahí donde pretendía. Para un equipo repleto de dudas y que acababa de optar por la drástica decisión del cambio de técnico, empezar así era el mejor bálsamo. Y para el Tenerife, la peor noticia.

El juego calamistoso de los isleños -lleno de imprecisiones, como si fuesen un flan- se convirtió por largo rato en la terapia perfecta para los males locales. Tanto fue así que El Molinón recuperó la sinfonía de antaño y se convirtió en la mejor banda sonora para certificar la resurrección rojiblanca. Espoleado por la grada, el Sporting crecía. Enfrente, el cuadro de Martí se evaporaba peligrosamente. Sin remedio, el cuadro visitante se abocaba al fracaso. El octavo consecutivo fuera de casa.

Insuficiente

Tras el primer tanto local, la esperada reacción blanquiazul resultó tan tibia que tuvo efecto nulo en el desarrollo de la contienda. El único que lo intentaba era Longo, pero jugaba lejos de la portería como el resto de atacantes. En el medio, Bryan Acosta y Aitor Sanz se veían desaborlados. Y Carmona, el mejor de los locales, se divertía como un crío en tiempo de recreo. Solo así se explica que intentara la parábola que acaba en el 2-0, un golazo -con colaboración indeseada de Carlos Abad- que se confirmó como el certificado de defunción para el Tenerife.

Si había alguna opción de remontada, no asomaron señales de que pudiera producirse al menos antes del intermedio. De hecho, lo más preocupante fue la impresión de que estaba más cerca el tercer tanto local que un 2-1 que diese vida a los blanquiazules. Por si fuera poco, habían hecho un cambio obligado (Carlos Ruiz se fue lesionado) y las variantes que ofrecía el banquillo eran más bien limitadas.

El representativo tiró de orgullo en los finales 45 minutos para dar un estirón y acercarse a Mariño. Pero no bastó el amor propio. Los isleños casi no tuvieron oportunidades para entrar en el partido y Malbasic marró la más clara, pues chutó al lateral de la red. Para colmo de males, el árbitro anuló un tanto a Casadesús por fuera de juego de Longo. Y parece que acertó.

Para entonces el partido ya estaba perdido -otra frustración a domicilio- y todo lo que iba a ocurrir empeoraría el panorama. Por ejemplo la expulsión de Bryan Acosta -faltará el jueves contra el Cádiz- y el tercer gol sportinguista, obra de un Moi Gómez recién ingresado en la cancha. La fiesta sería completa en El Molinón, del tamaño de la debacle blanquiazul. 19 jornadas después de iniciar la competición como presunto aspirante al ascenso, el Tenerife cotiza a la baja y naufraga a la deriva. No hay una sola señal que alimente el optimismo. Y Martí, sin crédito, está contra las cuerdas.

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