11 de diciembre de 2017
11.12.2017
Baloncesto
FC Barcelona Lassa9193Iberostar Tenerife
 

Este Iberostar vuelve a imponer

El club lagunero confirma su recuperación con un sufrido triunfo, en la prórroga, en la pista del Barcelona

11.12.2017 | 00:40
FC Barcelona Lassa - Iberostar Tenerife
Este Iberostar vuelve a imponer

Un triunfo épico, una victoria para confirmar la recuperación, un éxito para volver a infundir respeto. El Iberostar Tenerife venció ayer de manera sufrida, y tras la prórroga, al FC Barcelona, que acabó claudicando ante la insistencia y el tesón de los aurinegros. Un resultado de esos que pasará a los archivos de su historia particular, de esos que (pese a tratarse únicamente de la undécima jornada liguera) con el tiempo se le dará su verdadero valor. Pero ahora, como consecuencia más inmediata, los isleños aprovecharon su visita al Palau para matar varios pájaros de un tiro. Por un lado, y con su tercer triunfo seguido en la era Katsikaris, confirmar su recuperación y el cambio de dinámica; por otro, inyectarse una enorme dosis de moral para volverse a creer capaz de afrontar cualquier reto por mayúsculo que sea; y, por extensión, reavivar sus opciones coperas, metiéndose de lleno en el pelotón de aspirantes a las ocho primeras plazas al término de la primera vuelta.

La victoria de ayer, la segunda seguida de los aurinegros en el feudo azulgrana, se explica desde el sacrificio y el sufrimiento de sus jugadores. Esfuerzo continuo para tomar la delantera en el arranque gracias a la impronta de Tobey y Ponitka (11-20), y para aguantar luego cada una de las embestidas de los locales. La primera justo antes del descanso (36-36), la segunda coincidiendo con la salida del tercer acto (42-38) y una tercera en el inicio del cuarto periodo (65-61). En ninguna de esas ocasiones se descompusieron los laguneros, que pese a su pobre acierto en el tiro de tres puntos (4/22 en 40'), tuvieron arrestos para mirar a los ojos a los de Sito Alonso en todo momento, hacer frente al partidazo de Juan Carlos Navarro (22 puntos) y también lidiar con algunas decisiones de los colegiados, que en situaciones complicadas prefirieron no complicarse la vida. Eso a nivel colectivo, porque en lo individual el faro volvió a llamarse Mateusz Ponitka, ayer una vez más descomunal y desequilibrante en la parcela ofensiva. El polaco marca las diferencias ante el rival que sea, pero en este caso el Iberostar necesitó un plus que encarnaron Kostas Vasileiadis y Rodrigo San Miguel. Al griego, en su debut, le costó entrar en calor, pero luego se entonó con dos triples en la prórroga, mientras que el base, muy acogotado durante todo el partido, pero desmelenado en los instantes más calientes, en los que anotó los cuatro últimos puntos de los canaristas.

Antes del éxtasis canarista con la canasta final del director de juego maño, el partido cumplió buena parte de las premisas que había vaticinado Fotis Katsikaris. Por un lado, un arranque intenso, con Ponitka palmeando y con Tobey inmenso en la finalización debajo del aro. Haciendo mucho daño en el rebote ofensivo (5 en el primer cuarto) los laguneros empezaron a poner tierra de por medio (11-20, 8'), si bien otro factor ya apuntado previamente por su técnico cambió la dinámica del choque. Y es que la entrada en escena de Sanders desestabilizó al Iberostar. En defensa porque no supo contener al potente alero norteamericano, y delante porque su intensidad física provocó malos tiros y alguna que otra pérdida en los visitantes. Nada menos que los seis primeros lanzamientos del segundo acto erró el equipo isleño, dilapidando parte de la ventaja adquirida previamente (del 17-25 al 24-27), y aunque los tinerfeños parecieron recuperarse (24-32), otro de pérdidas innecesarias y la aparición en escena de Navarro equilibraron el marcador en el intermedio (36-38).

Lejos de repetir su puesta en escena inicial, los laguneros ofrecieron una deficiente imagen a la salida de vestuarios, encajando un 6-0 (42-38) al que respondieron tanto Abromaitis como Ponitka para volver a invertir el signo del electrónico (45-48). A partir de ahí el choque se metió en el equilibrio más absoluto. Aguantaban los aurinegros con sacrificio atrás y con una notable producción en el 4,60 (8/10 en este acto y 20/24 al final del choque), toda vez que otro mínimo común denominador advertido por Katsikaris, la necesidad de ser una amenaza desde el perímetro, no se estaba cumpliendo. Y es que el Iberostar pinchaba en hueso cada vez que lanzaba desde el 6,75 (3/18 al término del tercer acto), todo lo contrario que su rival, que con un 6/9 tras el descanso llegaba a los nueve últimos minutos cuatro arriba (65-61).

Con Abromaitis al rescate (65-64) y ya en la recta final del choque, los primeros espadas tomaron aún más protagonismo, en un duelo al más alto nivel entre Navarro y Ponitka. El polaco ofreció píldoras de estrella, mientras que el catalán sumaba de tres en tres ante una defensa del propio alero aurinegro que, eso sí, pudo haber sido un poquito más dura (72-69). Con Vasileiadis remando desde el tiro libre y la media distancia el choque llegó parejo a su último suspiro. Ahí, el Iberostar desperdició dos bolas (tapón a San Miguel y triple errado por Richotti) para sentenciar y ganar incluso por debajo de los 80 puntos que había puesto como condición Katsikaris. Afortunadamente, en el otro aro tampoco acertaron Ribas ni Seraphin (77-77).

Pese al desgaste físico para jugarle de tú a tú al poderoso FC Barcelona, el tiempo extra no debía ser la condena para el Iberostar. Los triples de Vasileiadis y Ponitka así lo atestiguaron (80-83) antes de otro final de infarto solo apto para valientes y descarados. Sin vergüenza como la de Vasileiadis, que con otro triple (3/3 del equipo en la prórroga) dejaba a los suyos tres arriba a 37" (86-89). En el otro lado de la pista respondió Navarro, cuyas tablas le permitieron sacar dos faltas seguidas a San Miguel, su par por ese entonces. Parecía que los cinco logrados por La Bomba resultarían definitivos, pero Rodrigo se desquitó, primero con una bandeja para el 89-91 (a 13") y finalmente con un tiro de cuatro metros que ya no tuvo respuesta por parte de los locales. Una canasta que obraba la proeza, dos puntos que confiamaban la reacción.

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