09 de mayo de 2012
09.05.2012
luto en el deporte tinerfeño

"Máximo era la alegría del equipo"

Zeben Soto, entrenador del portero de 15 años fallecido el lunes en San Lorenzo, destaca el carácter jovial de su pupilo

09.05.2012 | 04:20
Máximo (de pie, segundo por la izquierda) junto a sus compañeros de equipo el pasado fin de semana.

Máximo Gómez González disputó el pasado fin de semana su último partido de fútbol, el deporte que tanto amaba y que practicaba en el momento en el que sonó el pitido final de su vida, que tan solo duró 15 años. Su entrenador, Zeben Soto, comenta acerca de él que "era el alma de la fiesta en el equipo, siempre de buen humor y el primero en sacar una sonrisa a sus compañeros". Esos que ahora lloran su pérdida y que nadie sabe cuándo conseguirán recuperarse anímicamente de tal tragedia.
Y es que no solo los jóvenes futbolistas que compartían vestuario con él deberán aprender a convivir con su ausencia, sino que además se enfrentan a la delicada tarea de olvidar lo vivido ese fatídico lunes. José Domingo Reverón, director deportivo del club para el que jugaba Máximo Gómez, el CD San Lorenzo Constancia, explicó que "los chicos presenciaron todo aquel mal trago". "No hubo manera de que se fueran para casa, ya que querían permanecer en el campo para estar a su lado todo el tiempo. Incluso cuando el coche fúnebre retiró el cadáver, siguieron allí esperando a no sé qué hasta que todos entramos en razón y nos fuimos para nuestras casas", añadió el director deportivo.
Reverón asistió de cerca al drama que supone ver cómo se diluye una vida prácticamente en tus manos. Su hijo Josechu, reveló, "no pudo pegar ojo en toda la noche, ya que fue el que permaneció junto a Máximo durante todo el rato hasta que llegaron los médicos". "Lo acompañó al vestuario porque empezó a sentirse mal. En un primer momento dijo que le dolía la mandíbula y posteriormente se quejó de la cabeza, hasta que terminó por desvanecerse", prosiguió con la explicación.
Las dos ambulancias que acudieron al Municipal Óscar Pérez Barrios alertaron a la población del barrio aronero y muy pronto se congregaron en el campo en torno a 200 personas, muchos de ellos padres de los integrantes de los equipos de base del San Lorenzo Constancia. Y uno de ellos era el propio progenitor de Máximo, que presenció impotente al proceso de reanimación de su hijo, que se prolongó por espacio de una hora y media, aproximadamente.
José Domingo Reverón confesó que "nunca te puedes imaginar un desenlace como este; de ahí que en aquel momento manifestara a todos los chicos que rezaran y tuvieran fe en que todo iba a quedar en un susto". "Desafortunadamente, no fue así", apuntó desconsolado.
El joven portero sureño participaba con su equipo cadete en la fase de ascenso a categoría Preferente. El pasado fin de semana sustituyó en el minuto 78 a su compañero Noel durante el partido que ganó su escuadra por 3-0 a La Basílica. El sábado tenían que volver a jugar pero el choque ha quedado suspendido.
Ayer se le practicó la autopsia a Máximo y hoy recibirá sepultura a las 12:00 horas, en el cementerio de Arona. Una víctima más de la muerte súbita que tanto preocupa a la sociedad en general y a los médicos en especial. Un suceso que reabre el debate de la prevención en una materia difícil de diagnosticar. En este caso, el joven fallecido contaba con licencia federativa en regla, para lo cual necesita la confirmación de haber pasado un reconocimiento médico que en el caso del fútbol regional no consta de ecocardiograma ni electrocardiograma. Además, su club conservaba una ficha personal en la que debía reflejar incidencias como posibles patologías o afecciones. En el caso de Máximo, según José Domingo Reverón, no figuraba ningún tipo de apunte en ese sentido.
El suceso ocurrido sobre las 20:00 horas del lunes ha ocasionado una gran consternación en el barrio aronero de San Lorenzo, así como en el resto de la sociedad tinerfeña. Las muestras de condolencia se multiplicaron ayer y la cripta a la que fue trasladado el cadáver desde el Instituto de Medicina Legal se abarrotó de familiares, amigos y otras personas que acudieron al lugar para despedir a Máximo.
Entre ellos, el propio alcalde del municipio, José Alberto González Reverón, quién compartió ocho años de trabajo en el Ayuntamiento de Arona con la madre del joven fallecido. El regidor municipal acompañó a la familia prácticamente desde el primer momento e intentó consolarles de una pérdida "de la que no se podrán recuperar". "Tengo una relación muy estrecha con toda la familia", aseguró José Alberto González Reverón, aún consternado por el trágico golpe de ver como una vida tan joven "se apaga de repente".

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