03 de mayo de 2010
03.05.2010
Fútbol / CD Tenerife

El 'padrino' canario de Víctor Valdés

Marcial Martín, que acogió al portero del Barcelona en las filas del Ibarra, recuerda que sus cualidades eran "enormes" y revela que el Tenerife fue hasta el sur para intentar llevárselo

04.05.2010 | 05:12
Víctor Valdés celebra un gol con el Barcelona.

Apenas se ha escrito nada acerca de la estancia en Tenerife de Víctor Valdés Arribas (Hospitalet de Llobregat, 1982), el portero titular del Barça de los seis títulos y el guardián de la portería que mañana atacará el Tenerife en su trascendental visita al Camp Nou. Se sabe que jugó Víctor en dos equipos del sur de la Isla –el CD Marino y el Ibarra– y también que sus días en tierras canarias fueron sólo un paréntesis de tres años entre sus dos etapas de azulgrana: la que emprendió con 10 años, 7 meses y 15 días, y no soportó; y la segunda, más maduro, que resultó la definitiva. Lo que no se sabe es que su periplo insular fue crucial en su carrera deportiva. Y que un día dijo "no" al Tenerife.
La historia la cuenta Marcial Martín, otrora máximo mandatario del Tenerife Sur Ibarra y el que ha sido, según cuenta Valdés, "el mejor presidente" que nunca ha tenido. Así lo atestigua una imagen autografiada por el actual portero del Barça, dedicada para Marcial, hombre de bien y hombre de fútbol. "Yo lo conocí porque, un día, su padre se dirigió a nosotros", recuerda. La realidad es que el joven Víctor –entonces de 11 años– se había venido a Los Cristianos porque entendían en su familia que el clima le iba a venir bien a su madre, Águeda, aquejada de unos problemas de salud. "Esos años, ella regentó un bazar en Las Galletas", indica el ex presidente del Ibarra, "y fue ahí donde le contaron que aquí había un club serio y trabajador". Por aquellos días que conoció Martín a los Valdés, estaban ya asentados en el sur y había quedado cerrada la primera experiencia del joven arquero en las categorías inferiores del Barça.
Ahora se conoce que Víctor no quería ser portero, que le horrorizaba la idea de ser el responsable último de los goles que recibían sus equipos y que, en La Masía, lloraba sin consuelo. Seis meses había durado su primer paso por la factoría azulgrana y luego, en Tenerife, fue a parar al Marino. "Se ve que preferían la idea de pasarse al Ibarra, y me comentó el padre que su hermano Ricky –ahora médico de profesión– también quería una oportunidad con nosotros; no hubo problema". Marcial Martín y el progenitor del ahora archiconocido guardameta entraron en sintonía desde el primer momento. "Él los traía [a sus hijos] y los llevaba, estaba involucradísimo con su formación deportiva", cuenta quien los abrigó bajo los colores del equipo sureño.
A Víctor lo recuerda "como un joven de estilo catalán". Marcial se explica, y todo son elogios: "Era educado, inteligente y maduro". "Oías una conversación y parecía que estuvieras atendiendo a un adulto", completa Martín, para quien no pasaron desapercibidas las "enormes" cualidades de aquel portero cuando se ponía bajo los palos del Villa Isabel.
Eso sí, ya entonces se le adivinaba su carácter, a veces indomable. "Tenía mala uva pero, en realidad, lo que quería era trabajar decentemente", expone el que fue su presidente durante aquellos tres años. "Una vez estaba trabajando con su míster, Chanito, y discutieron. Valdés se quejaba de que lo entrenaban como a un bebé, y protestó. Entonces, le mandaron a hablar conmigo y el entrenador le dijo que se olvidara de él para siempre", relata Martín con una memoria prodigiosa. El hermano de Víctor pidió a Marcial que ocultara el incidente al padre de ambos, y así lo hizo. "Pero, al final, se enteró. La solución, a las dos semanas, fue subirlo al cadete con Goyo Morales". Las sesiones empezaron a ser intensivas y aliñadas con ración extra de trabajo por las tardes. Con su padre. "Eran muy currantes. No era raro verlos en la playa de Las Vistas; balón va, balón viene". Para entonces, Víctor ya buscaba una segunda oportunidad con el Barça. Recientemente ha confesado (en el programa de Michael Robinson, por vez primera) que lloró al ver por televisión a sus compañeros alevines jugando un torneo nacional, y que ahí se dio cuenta de cuál debía de ser su camino. Se propuso regresar y triunfar. Lo hizo. "Allá donde iba, hacía a sus equipos campeones". No se le ha olvidado a Marcial que un día tenían que ganar por más de diez goles para ser campeones. "Metieron 12 y, con Valdés a la puerta, no encajaron ni uno. Me habían hecho prometerles que, si lo conseguían, les invitaría a todos a cenar a La Fragua. Ya te puedes imaginar el final", tercia el ex presidente, que conoce como pocos la historia del fenomenal portero del Barça. Cuenta que destacaba ahí donde iba. Por ejemplo, en un torneo en la Península donde defendió a la selección tinerfeña. "Quedó mejor portero y el mejor defensa fue Ayoze, el que ahora juega en el Mallorca".
Lo que jamás se ha contado es que la historia de Víctor Valdés pudo dar un giro de 180 grados el día que recibió, en el sur y por sorpresa, la visita del Tenerife. "Con todos los respetos, lo que me sorprende es que mandaran a una persona que no era la idónea; enviaron a un emisario que habló directamente con el jugador sin exponer antes su interés al club ni a nuestra directiva. Se equivocó", dice Martín. "Le dijo a Víctor si quería irse al Tenerife y él respondió: No, salvo que el Ibarra no me quiera. Aquí estoy muy a gusto". Y era absolutamente cierto. El portentoso meta del Barcelona nunca reniega de su estancia fructífera en la Isla, paso previo a su reingreso en La Masía. Y es ahí, en la Ciudad Condal, donde años después se produce su reencuentro.
"Sí, claro que volví a verlo", revela Marcial. "A los dos años fui a Barcelona y hablé con el padre, pero no quise volverme sin ver también a Víctor. Cuando lo intenté, ya era portero del primer equipo y los porteros de seguridad me impidieron acercarme. Pero él me vio, me reconoció y todos quedaron sorprendidos. ¿La mano? No me des la mano, dame un abrazo". Entonces, resulta que Valdés le sonríe, se desenfunda su camiseta y se la entrega. "Te la agradezco", le dice Marcial, "pero ese escudo no entra en mi casa". Cómplice de unos tiempos decisivos para el guardavallas del Barça, se enorgullece Martín de los éxitos siderales de Víctor Valdés. "De la noche a la mañana, dio el salto. Y ahí sigue. Un día, estuvo con nosotros".

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