02 de junio de 2008
02.06.2008

El sueño se evapora cuando ya casi era realidad

02.06.2008 | 01:24
Doblas coge un rebote ante Lampropoulos.

El Tenerife Rural roza con la punta de los dedos el ascenso a la Liga ACB pero no sabe definir en los momentos de la verdad y deja escapar una ventaja que llegó a ser de seis puntos (63-69) mediado el último período

Bruesa GBC: 81

Tenerife Rural: 76

La cara se volvió cruz. El baloncesto se convirtió en un duro juez con el Tenerife Rural, que lo tuvo todo a su favor el sábado para remontar un partido que tenía perdido y plantarse en la gran final. Ayer, sin embargo, este espectacular deporte le quiso dar la espalda al cuadro preparado por Rafa Sanz y le regaló un golpe mortal, de esos que te dejan tocado un buen tiempo y que recuerdas el resto de la vida. Los blanquiazules intentaron calcar el choque ante el Alicante y nunca perdieron de vista a un Bruesa que si bien llegó a estar 10 arriba no encontró nunca la manera de tirar por la borda a un conjunto pegajoso hasta la extenuación y que ha hecho de la resistencia su forma de vivir en este tramo final de temporada.

Los isleños se lo creyeron de tal forma que no sólo llevaron la igualdad hasta bien entrado en el último cuarto del choque, sino con un arreón de los suyos tomaron la delantera (63-69). Quedaban seis minutos y la ACB parecía poner rumbo a Tenerife. Al Bruesa le temblaban las piernas en el momento caliente del partido. Pero fue ahí cuando el miedo se apoderó de los isleños. Tal vez por verse ganadores cuando muy pocos apostaban por ellos, por la mala suerte de ver como mil balones se le salían de dentro, o por la calidad de un rival que volvió a decidir en el momento de la verdad, el Tenerife acabó sucumbiendo con impotencia. Tan cerca y tan lejos, el sueño de volver a la élite se esfuma de forma inexorable y deja hundido a todo el equipo y con él a todos los que creyeron que el ascenso no era una utopía.

Salió sin temor el Tenerife Rural, envalentonado tras su victoria de la tarde anterior. Y quien más garra le puso fue Julio González, gris en las semifinales, pero que ayer sacó a relucir sus virtudes para penetrar, aunque en lugar de dividir decidió entrar hasta la cocina y con su particular estilo poco ortodoxo pero aún más complicado de defender trajo por la calle de la amargura a Panko con seis puntos casi seguidos. El Tenerife mandaba en el marcador (5-8, 4´), pero empezaba a tener problemas con la presión donostiarra a la salida del balón y echaba en falta la aportación de un Antwain Barbour que arrancó igual de frío que en el duelo del sábado (0/2 en tiros y dos faltas). A Sanz no le quedó más remedio que tirar de Francis Sánchez. El malagueño entró caliente y dejó como tarjeta de presentación siete puntos seguidos para igualar a 15 (7´) que echaron por tierra un parcial anterior de 8-0 (13-8) labrado por los vascos a partir del músculo. Doblas impuso su corpulencia y enterró a Lewis debajo del aro, lo que obligó a los blanquiazules a cerrarse un tanto para que la sangría en la pintura -entró Wachsmann por Lewis- no fuera a mayores.

El Tenerife había picado en el anzuelo y le regaló el perímetro a su rival. Los de Laso se aprovecharon de las ayudas largas blanquiazules para no quedarse desguarnecidos en la zona, y después de mover con rapidez e inteligencia terminaban encontrando al hombre mejor situado. Panko dio el primer aviso y su segundo triple colocaba en franquicia a los suyos (22-17, 9´). Aún así, el Tenerife supo responder con otros dos de Guaita (26-23, 11´) antes de que el Bruesa volviera a la carga. Laso vio tan clara la jugada que se permitió no tener ningún cinco nato en cancha, lo que dio más trabajo si cabe a la defensa isleña.

Los blanquiazules veían como su rival estaba utilizando su arma favorita para hacerles un daño terrible, a la vez que se sentían impotentes para responderles ante una defensa, la vasca, sólida y en la que sus hombres de perímetro pasaban la mayoría de los bloqueos. Con esto, al cuadro tinerfeñista no le quedaba otra que seguir penetrando como había hecho en el arranque. Poco para un partido como este y en el que se produjo el primer corte significativo (39-29, 15´). Al descanso los números cantabana por sí solos, el Bruesa había lanzado la friolera de 20 veces de tres puntos (seis aciertos) por sólo seis de los isleños (tres), que además no volvían a no tener su mejor día en el tiro libre (7/13 en los dos primeros cuartos).

Con todas estas adversidades a cuesta, el Tenerife Rural no se descompuso, y tal y como había ocurrido 24 horas atrás encontró en Pedro Llompart a su desatascador. El mallorquín se pintó la cara y con sus penetraciones (siete puntos) y una canasta del resucitado Barbour, el conjunto tinerfeñista volvió a estabilizar sus constantes vitales (39-37) a poco más de dos minutos para el descanso. Los de Sanz se habían vuelto a levantar y poco les importó que Uriz clavara un triple sobre la bocina de la posesión (42-37), porque como la hormiguita, con trabajo y tesón, dieron lo mejor de sí para irse al descanso igualados a 44. El sueño de la ACB seguía intacto.

Llegó a ponerse incluso el Tenerife por delante en los primeros compases de la segunda parte (44-45), pero siete puntos de un infalible López permitieron al Bruesa volver a poner tierra de por medio en el electrónico (54-48). El partido pendía de un hilo y ahí el Tenerife supo manejarse mejor con la presión y entre los triples de Fracis Sánchez y el trabajo sucio de Gimel debajo de la zona logró firmar un parcial de 4-14 que le permitía afrontar el cuarto período con muchas opciones (58-62). Se olía la ACB y más aún cuando cinco tantos de Guaita y una canasta debajo del aro de Wachsmann ampliaban la ventaja blanquiazul hasta los seis puntos (63-69).

Se mascaba lo que estaba en juego. Seis minutos por delante y un ascenso por resolver. Pero todo estaba a favor de los isleños. El Tenerife se encomendó a la defensa, tal vez lo más apropiado en situaciones como estas, y de paso disimuló como pudo los problemas que empezaba a tener para ver aro como lo había hecho en los instantes anteriores. Kiril se batía el cobre para hacer imposible el trabajo a Doblas, pero no era suficiente para evitar que el cuadro donostiarra equilibrara de nuevo la balanza (69-69). Cuatro minutos y medio por jugarse y no se podía pedir más tensión. Las manos se encogieron, el aro se hizo más pequeño y todo iba encaminado a resolver en la lotería de los libres. Doblas perdonó segundos después no lo hizo, al igual que Julio. 71-71 y 3´15" por delante. Un punto de Uriz despejaba las tablas antes de que Edu errara de tres. Un carrusel de errores permitió a Doblas disponer de otros dos lanzamientos. Dentro y 74-71. Fallaron Francis y Gimel y el propio pívot del cuadro donostiarra se hizo un hueco debajo del aro para firmar casi la sentencia (76-71) con un minuto para intentar el milagro.

La segunda remontada made in Cáceres estuvo a punto de llegar con dos libres de Guaita y otro más de Edu (76-74) a 12 segundos del final. Rafa Sanz pidió tiempo muerto para ordenar unA falta rápida que llegaría sobre Panko. El americano hizo pleno (78-74), aunque el Tenerife siguió con vida tras una canasta de Edu (78-76). Otra personal para que no pasara el tiempo. López acertó el primero y erró el segundo, pero los isleños no amarraron el rebote y todo se acabó. La ACB tendrá que esperar. Queda el consuelo de que se repetirán los Tenerife-Canarias.

1 de 12 en los últimos seis minutos

Pese a que los propios protagonistas niegan rotundamente que les entrara el miedo, lo cierto es que el Tenerife Rural no fue el equipo sólido de todo el encuentro durante los seis minutos finales. Así, desde el 63-69 al cuadro blanquiazul se le bajó la persiana y permitió que el Bruesa remontara. En total, y hasta el final del choque, los blanquiazules hicieron un pobre 1/12 en tiros de campo, una canasta postrera de Edu Sánchez que sólo sirvió para alargar la agonía. Dos libres de González, otros dos de Guaita y los mismos de Edu (Gimel erró dos lanzamientos desde el 4,60) fueron un pobre bagaje. En juego, Francis falló cuatro triples, Barbour tres tiros de dos, Llompart y Edu un triple cada uno y Wachsmann y Lewis también erraron una vez cada uno debajo del aro. Así, la victoria era casi cuestión de épica y ayer no tocaba.

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