15 de marzo de 2019
15.03.2019
Crítica

Martín Chirino en el espíritu triunfal de la 'Norma' de Yolanda Auyanet

15.03.2019 | 01:13
Martín Chirino en el espíritu triunfal de la ´Norma´ de Yolanda Auyanet

Amigos Canarios de la Opera dedicó a la memoria de Martín Chirino la producción de Norma de Bellini, segundo título de la Temporada. Antes del comienzo, palabras de homenaje y gratitud, con el público en pie durante un minuto de silencio. Al final, cuando el colectivo de intérpretes recibía el aplauso, apareció al fondo de la escena una magnífica imagen del gran escultor. Emoción de todos, artistas y público, en la evocación del muy amado maestro que tantas veces compartió los eventos líricos de su ciudad natal, enriquecidos en los últimos años con sus ilustraciones para la cartelería y los programas de mano.

La muy satisfactoria producción fue celebrada con aplauso en diversos momentos, e intensamente braveada al final. El núcleo absoluto de la noche estuvo en la actuación de la soprano nacida en Las Palmas, Yolanda Auyanet, por un alarde de vocalitá del siempre juvenil y precioso color, repartido entre la exigente legatura, la pureza de los melismas belcantistas y una riqueza de acento que diversifica con impecable emisión los pasajes íntimos, apianados en canto coperto, como también la intensidad de las locuciones de ira o tragedia. Admirable artista en un rol agotador, ovacionada tras su bellísima Casta diva y recibida en triunfo al final de la obra.

Con ella, la excelente mezzo Paola Gardina, poderosa y segura en el rol tantas veces conmovedor de Adalgisa; y el bajo Simón Orfila, un chorro de voz profunda muy impostada en el hieratismo ritual y en el canto di furore de Oroveso. Menos convincente la rara voz del tenor coreano Alfred Kim, Pollione entregado, pundonoroso y de tesitura extensa, pero con un color indefinido y un timbre excesivamente vibrante. Como siempre, muy serios y profesionales los comprimarios isleños Yauci Yanes y Rosa Delia Martín.

Decisiva en el éxito la dirección musical del maestro florentino Marzio Conti, artista de gesto inconfundible en la conducción de tiempos y ritmos, transiciones y cambios, brillantez o intimismo en la alternancia de temas heróicos, estados psicológicos o delicado acompañamiento de las cavatinas y diálogos de las dos voces femeninas. Ni por un instante decayó la tensión de esta partitura llena de largos y peligrosos adagios. Conocimos a Conti en la espléndida Lucia de hace dos años, temporada del cincuentenario, y esta Norma de ahora ratifica su gran clase de operista, con resultados excelentes en las prestaciones de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, del Coro de la ópera que prepara Olga Santana y de los solistas, siempre cómodos y precisos con las pautas de la batuta.

En la escenografía repitió Mario Pontiggia su Norma de 2011. Apuesta clasicista en el estilo de los bellos decorados y en el hieratismo de los coros y actores que personalizan la visión druida de los pueblos invadidos por Roma. Sabia iluminación y ambientes contrastados, con ideas escultóricas para los personajes protagonistas, que versionan en esta pieza del XIX a las míticas Medeas de la antigüedad helenística.

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