28 de febrero de 2018
28.02.2018

Un regalo para Joaquín Casariego

Una plaza en el conjunto arquitectónico Woermann lleva el nombre del arquitecto tinerfeño, fallecido en 2016

28.02.2018 | 00:29
Un regalo para Joaquín Casariego

Las Palmas homenajea al arquitecto tinerfeño Joaquín Casariego, fallecido en 2016, con una plaza en el Puerto. El espacio está situado junto al conjunto Woermann, que contribuyó a diseñar junto a su mujer, Elsa Guerra, el equipo Ávalos-Herreros y Renta Sentkiewicz en 2001.

El arquitecto Joaquín Casariego, fallecido en 2016, hubiera cumplido este lunes 70 años. No hubo cumpleaños como era de esperar pero el homenaje que le rindió anteayer la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria con el otorgamiento de una plaza a su nombre alivió en parte a familiares y amigos una fecha tan señalada. Especialmente a su compañera sentimental y profesional Elsa Guerra, con la que formó desde 1984 un estudio de arquitectura, y a su hijo Jonay Casariego. Ambos reconocieron que la plaza era "el mejor regalo" que se le podía dar al arquitecto.

La plaza está situada en el espacio libre entre las calles Albareda y Eduardo Benot. En pleno Istmo y en el corazón del conjunto Woermann, que el arquitecto contribuyó a diseñar en 2001 junto a su compañera Elsa Guerra, el equipo Ábalos Herreros y Renata Sentkiewicz tras un concurso público internacional, y cuya torre es ya en un icono del perfil de Las Palmas de Gran Canarias.

Joaquín Casariego nació en Santa Cruz de Tenerife en 1949 pero su vida personal y laboral estuvo ligada durante 40 años a Las Palmas de Gran Canaria, de la que es Hijo Adoptivo (2016). No solo como profesional, sino también como gerente de Urbanismo y catedrático de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria. Entre sus proyectos destaca, el Plan municipal de barrios de los años 80, el plan de protección sobre el casco histórico de Triana y Vegueta (1989-1992), la recuperación del Frente Marítimo para la ciudad (2000-2004) y la rehabilitación del hospital San Martín en Centro de Cultura Contemporánea (2008).

Al acto, acudieron numerosos amigos además del concejal municipal de Urbanismo, Javier Doreste; el edil del distrito Isleta-Puerto-Guanarteme, Sergio Millares; y el viceconsejero de Políticas Sociales del Gobierno de Canarias, Francisco Candil; entre otras personalidades. Su compañero de profesión y amigo Faustino García Márquez fue el encargado de romper el hielo y hacer una semblanza del arquitecto que por azar "se fue enredando en la enseñanza del Urbanismo y en esta ciudad, que no le dejó escapar" pese haber nacido en la isla de enfrente.

García Márquez destacó que Joaquín Casariego siempre tuvo la capacidad de entrelazar "teoría y práctica; la Escuela [Arquitectura] y la ciudad" durante sus fructíferos y destacados años de profesión. "Pocos profesionales han tenido el empeño y la virtud de trabajar con la extensión y la profundidad que él desplegó en la cátedra, el planeamiento y la gestión de proyectos", dijo en referencia a las clases, congresos y seminarios que participó y organizó sobre arquitectura y urbanismo, así como los artículos divulgativos y libros que escribió al respecto. Todo ello, señaló, "para analizar y comulgar propuestas factibles a los problemas de la ciudad. Para proyectar experiencias de Las Palmas de Gran Canaria hacia el exterior y para proyectar en Las Palmas experiencias externas. Para reivindicar siempre la necesidad de la reflexión y la utilidad del planeamiento".

Reflejos de su pensamiento

En este sentido, García Márquez indicó que ese pensamiento se reflejó, primero, en su tesis doctoral sobre las urbanizaciones surgidas en la periferia agraria de los años 50 y 60 del pasado siglo y que se materializó en 1984 al asumir el arquitecto la gerencia del área de Urbanismo del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. "Gracias al planeamiento convirtió en ciudad lo que hasta entonces no era sino aglomeraciones de viviendas autoconstruidas". En segundo lugar, abrió el debate sobre el uso del Frente Marítimo de la ciudad en 1999, que dio lugar a dos concursos municipales en 2004 y 2009 de diverso calado que, aunque no se llevaron a cabo, incendiaron la espita para establecer la relación Puerto y Ciudad, y viceversa, que hoy en día se sigue discutiendo. Y, en tercer lugar, impulsó la rehabilitación de los espacios de la periferia con la remodelación en 2012 del polígono de Las Rehoyas bajo propuesta de la administración pública y en cuyos proyectos colaboraron alumnos y profesores de arquitectura de la universidad de Pensilvania (EEUU), Europea (Madrid) y de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc).

"Es de agradecer que el Ayuntamiento haya decidido fijar su memoria en esta plaza; el más adecuado para que la ciudad le rinda homenaje, en el punto de su estructura más estrecha, frágil y necesitado de un planeamiento cuidadoso que no acaba de llegar y junto a un edificio que el contribuyó a diseñar", dijo el arquitecto, quien subrayó que confiaba en que la plaza se convirtiera en símbolo de reapertura del Istmo entre la playa de Las Canteras y el Puerto, tal y como deseaba Casariego.

En este sentido, también se refirió su mujer Elsa Guerra, durante las reflexiones que hizo sobre su marido. La arquitecta explicó que aproximadamente una década de sus vidas estuvo definida por el término Waterfront -Frente Marítimo- que se fue tejiendo con lecturas, visitas a las ciudades que habían aprovechado este espacio y que además fue el tema elegido para su oposición a cátedra en la Ulpgc. "Esta plaza forma parte de uno de sus sueños", señaló Guerra, quien agradeció las muestras de cariño recibidas "que animan a reconciliarse con la vida" y , sobre todo, del respeto y admiración por la figura de Joaquín Casariego. "Estará encantado con el regalo".

Guerra manifestó que la plaza de Woermann "es la expresión de una idea, la recuperación de dos orillas propias del Istmo, condición singular de esta ciudad que aún sigue aprendiendo a reinventarse". Y leyó algunos párrafos de artículos del arquitecto, en los que éste se refería a la obra pictórica del francés George Seurat Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte para explicar que el espacio libre y continúo del frente marítimo de la ciudad debía ser un lugar de ocio para sus habitantes y visitantes.

"Estudió la ciudad con el objeto de entenderla pero sobre todo de indagar en las fórmulas más adecuadas para participar en su construcción. Y siempre desde las singularidades de Canarias", puntualizó la proyectista, quien subrayó que siempre pensaba en el futuro de la urbe y que estaba atento a lo último que se hacía en urbanismo.

Su hijo Jonay Casariego, por su parte, agradeció también las muestras de cariño y dio las gracias a Elsa Guerra por el empuje que da a los proyectos e iniciativas que tienen que ver con el reconocimiento público de su padre. "Es un regalo muy grande para un hijo", resaltó en relación a la plaza que la habían concedido a su padre, "aunque para mi hija será la plaza de su abu".

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