08 de noviembre de 2016
08.11.2016

El cerebro en la chistera

El I Festival Internacional de Neuromagia Mágicamente lleva al Museo de la Ciencia y el Cosmos a científicos e ilusionistas de talla mundial

08.11.2016 | 00:52

Científicos e ilusionistas de talla mundial se reunirán desde mañana y hasta el domingo en el Museo de la Ciencia y el Cosmos para mostrar de forma divulgativa los últimos avances en el conocimiento del cerebro humano derivados del reciente estudio de la magia. Hemos entrevistado a algunos de ellos para conocer cuál es su punto de vista sobre esta reciente y singular simbiosis llamada Neuromagia.

Hace siglos que los magos saben cómo engañar al cerebro, un conocimiento que ha pasado de generación a generación resultado de años de estudio y perfeccionamiento. Sin método científico, sólo mediante el ensayo y el error, los magos han elaborado teorías sobre qué trucos funcionan. Si bien la psicología y la neurociencia hace tiempo que trabaja con las ilusiones como herramienta para desvelar los mecanismos de la percepción humana, no ha sido hasta hace pocos años que algunos investigadores han empezado a pedir ayuda a los profesionales de la magia para conocer más sobre los limites del cerebro.

Por suerte, la reacción del mundo de la magia no ha podido ser mejor. Lejos del secretismo que siempre ha rodeado este arte, son muchos los ilusionistas que se han puesto a disposición de los neurocientíficos, revelando sus trucos y ayudando incluso a diseñar experimentos más sólidos. De esta intersección ha surgido la Neuromagia, una innovadora línea de investigación que estudia las conexiones entre la neurociencia y la magia y que está revolucionado nuestro conocimiento sobre cómo percibimos y cómo pensamos la realidad que nos rodea.

Según Caffaratti, neurocinetífico de la Universidad de Leicester (Inglaterra) y autor del primer estudio realizado con electroencefalografía en participantes que observaban un estímulo mágico, "la magia permite abordar fenómenos y funciones del cerebro que no serían posibles estudiar de otra manera", y explica: "al igual que las ilusiones ópticas ayudaron en el pasado a entender mejor el sistema visual, las ilusiones cognitivas, producidas por la magia, nos están ayudando a conocer mejor los mecanismos neuronales que subyacen procesos tales como la percepción, atención, memoria, consciencia y toma de decisiones, entre otros". Pero esta singular relación no está siendo beneficiosa solo para los científicos, sino que también ha abierto un nuevo mundo de posibilidades para los magos. Como comenta Inés La Maga, una de las pocas mujeres profesionales de la magia en España, conocida por su participación en numerosos programas de televisión: "el beneficio es mutuo; así se confirma de forma científica lo que ya sabíamos o intuíamos". También el ilusionista Daniel Collado, Premio Mundial de Invención 2015, ve en esta intersección entre disciplinas una oportunidad: "gracias a la neurociencia, los magos estamos aprendiendo a ponerle nombre a muchas herramientas que usamos".

Son muchos los que creen que el estudio científico de la magia está ayudado a mejorar la percepción social de esta disciplina. Para Miguel Ángel Gea, ilusionista, profesor y erudito del Arte de la Magia, a pesar de ser "un arte milenario y con connotaciones místicas, filosóficas y artísticas", la magia no ha recibido socialmente la consideración que se merece. "La neuromagia y el acercamiento, respetuoso y con la mente abierta, por parte de la ciencia, está sirviendo para que la sociedad tome a los magos un poco más en serio", aclara. También el ilusionista Antonio Romero, Premio Mundial de Innovación 2015, cree que "los magos necesitamos que se dignifique el ilusionismo y no se considere como un simple pasatiempo".

Aunque creamos que todo lo que percibimos y sentimos es real, no lo es; es nuestro cerebro quien construye nuestra experiencia de la realidad. Sin embargo, dado que el cerebro está muy limitado (por su tamaño, número de neuronas, las conexiones entre ellas, etc.), necesita tomar atajos que le permitan ahorrar recursos y asegurar una reacción rápida. "Los magos saben que el cerebro no puede estar constantemente pendiente a la cantidad de estímulos que nos bombardean", explica Aarón Nuez Trujillo, psicólogo sanitario y mago. Estas deficiencias representan, de hecho, una ventaja evolutiva. Asimilar el mundo tal como es significaría, además de un cerebro descomunal, un gasto excesivo de energía y un riesgo para nuestra supervivencia, ya que aumentaría el tiempo de reacción frente a imprevistos. Como explica Carlos J. Alvarez, profesor de Psicología en la Universidad de La Laguna y miembro del Instituto Universitario de Neurociencias (IUNE), los magos "se aprovechan de cómo funciona nuestro cerebro, un mecanismo que ha evolucionado para ser rápido y autómatico de cara a la supervivencia y a la acción, pero que no es perfecto".

Durante un truco, los ilusionistas engañan al cerebro utilizando sus puntos débiles de forma que consiguen hacer creer que incluso las leyes físicas más fundamentales han dejado de funcionar. "El espectador es el que se engaña a sí mismo; él crea unos hechos que no son ciertos, los toma como reales y en el momento en que le muestras que no es así, entonces, cae todo su sistema de creencias. Por eso la magia es tan convincente", explica Collado.

Según Caffaratti, "el mago edita la realidad que percibimos, y no hay mucho que podamos hacer" y argumenta: "los ilusionistas conocen que nuestras capacidades atencionales son limitadas, que la memoria es un proceso creativo propenso a generar falsos recuerdos, que no somos tan libres como nos parece a la hora de tomar decisiones, y por ultimo que nuestra percepción de lo aparentemente real está ampliamente influenciada por experiencias aprendidas del pasado".

Así, los magos simplemente se anticipan a la interpretación que el cerebro hace de las acciones. "Somos propensos a interpretar la información siempre de la misma manera", expone Romero. Por ello, Inés La Maga prefiere hablar de técnicas en lugar de engaño: "hay humor, efectos ópticos, matemáticas, ritmo, silencios, pistas falsas, sesgos cognitivos, cálculos estadísticos, probabilidades, física... Hay un juego psicológico con el espectador, una reacción que esperas de él y otra que provocas tú".

La fascinación de lo imposible

Hay pocas artes que fascinen tanto y de forma tan universal como la magia. Según Gea, "nos dejamos engañar porque necesitamos que nos engañen; es muy duro vivir todo el día con una conciencia crítica. ¿Por qué no dejarnos engañar en un juego de magia en el que nos jugamos tan poco?". "Nos gusta ilusionarnos; nos sorprenden las cosas que se salen de la rutina habitual o de la relación causa-efecto", explica Romero. La magia supone un reto para nuestra mente, pero esa dificultad también nos libera de nuestra habitual sumisión a lo cotidiano. "Todos necesitamos esa porción de fantasía; al igual que soñamos cuando dormimos, la magia es una válvula de escape, pero con los ojos abiertos", señala Inés La Maga. Por desgracia, en nuestro día a día, no hay muchos momentos para soñar despiertos, lo que aún da más valor a la magia.

Sin embargo, como señala Caffaratti, el ilusionismo no está muy lejos de otra emoción básica: el miedo. "Ver levitar a una persona en un contexto de entretenimiento, como un espectáculo de Magia, puede ser una experiencia fascinante, sin embargo si estamos en una biblioteca y la persona que esta leyendo a nuestro lado empieza a levitar, la experiencia puede ser bien distinta", explica el neurocientífico.

La neuromagia ha revolucionado la neurociencia cognitiva, pero también está acercando al gran público un campo del conocimiento científico complejo, desconocido e inaccesible para muchos. "Creo que una de las principales razones por las cuales la Magia es interesante para la divulgación científica es que, como diría mi maestro Francesc-Amilcar Riega Bello, la Magia es un Arte comunicativo", explica Caffaratti.

También los ilusionistas comparten el potencial que tiene su profesión para la difusión de la ciencia. Según Gea, "la magia, cómo otras disciplinas artísticas, tiene el valor lúdico que le falta a la ciencia; con un mismo truco un científico obtiene un resultado o un artículo, pero un mago es capaz de hacer sonreír a un niño. Si, además, aprovechas el estado de fascinación de ese niño para hablarle de ciencia, su apertura mental será enorme".

Sin duda, la magia aporta luz, color, humor, fantasía... ingredientes que son fundamentales para trasmitir y generalizar cualquier conocimiento, pero, como sostiene Collado, también aporta nuevas preguntas: "¿hay algo que despierte más curiosidad e interés que preguntarse por qué lo imposible es posible?".

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