13 de agosto de 2012
13.08.2012

Fallece a los 85 años Joe Kubert, maestro del cómic del siglo XX

Pionero del tebeo bélico creó ´Super Ratón´ en tres dimensiones, en los años cincuenta . El estadounidense dibujó una de las mejores versiones de ´Tarzán´

14.08.2012 | 02:12
Fallece a los 85 años Joe Kubert, maestro del cómic del siglo XX

Joe Kubert, uno de los últimos gigantes del cómic del siglo XX, murió el domingo en Nueva Jersey (Estados Unidos) después de una enfermedad rápida y dejando trabajo por hacer en su tablero de dibujo. Fue un magnífico dibujante, un excepcional narrador, un influyente director artístico de la industria del tebeo estadounidense, un pionero de la enseñanza profesional de los cómics y también un creador completo cuando la edición dio posibilidades a la expresión de temas más personales.

Aunque sus personajes de historietas no dicen todo lo que fue, creó Hawkman, Sargento Rock y Enemy Ace y dibujó una de las mejores versiones de Tarzán de la historia. Visitó Gijón en 1994 para asistir al Salón Internacional del Cómic Principado de Asturias, cuya organización le dio tres premios Haxtur, al mejor portadista (1992), al mejor dibujante (2004) y al autor que amamos (1994).

Joe Kubert nació en 1926 en Yzerand, en el sudeste de Polonia, (hoy Ucrania) dentro de una familia judía que emigró cuando él tenía poco más de un año y se instaló en Brooklyn (Nueva York). Fue un dibujante temprano que leyó su primer comic-book (tebeo) en 1937, antes de los 11 años, cuando esta industria apenas despegaba y tomó un transporte hasta Manhattan llevándose unas páginas envueltas en un periódico. A los 11 años y medio, después e que aquel editor le enseñara lo básico de la técnica y le diera unas páginas de muestra, vendió su primer trabajo a cinco dólares página.

En los años cuarenta colaboró con las distintas editoriales de cómics hasta que recaló en DC (la de Batman y Superman) y dio forma gráfica a Hawkman (creado por Dennis Neville) en 1945. En 1950, haciendo el servicio militar en Alemania, vio las primeras fotografías y 3-D y a su regreso a los Estados Unidos adaptó y aplicó la técnica para hacer el primer cómic en tres dimensiones con el personaje Súper Ratón, del que se vendieron 1,2 millones de copias en 1952, abriendo paso a un fenómeno de la década. En 1953 creó Tor, Hace un millón de años, el primer tebeo de cavernícolas, que retomó varias veces a lo largo de su vida.

Pero la mayor influencia de Joe Kubert está en los tebeos bélicos. Los primeros en 1953, con guiones de Bob Kannigher, y el personaje Sargento Rock. Más de veinte años de su trabajo están en este género, incluidas las tiras diarias y paginas dominicales que hizo para los periódicos, a partir de 1965, de las Historias de los boinas verdes, con guiones de con Robin Moore.

A partir de 1967 fue el director y supervisor de la línea bélica de la editorial DC y destacó su postura antibélica en plena guerra de Vietnam. Después de narrar episodios de guerra crudos y poco épicos terminaba con la frase "no hagáis la guerra nunca más". También destacó su serie Enemy Ace (historias de la aviación en la Primera Guerra Mundial, protagonizadas por el Barón Rojo).

A inicios de los años setenta, propuso a la editorial DC adquirir los derechos de Tarzán y realizó una adaptación de las historias de Edgar Rice Burroughs que han quedado como canónicas, aun teniendo en cuenta que es un personaje que está en el origen de la historieta de aventuras y que ha sido realizado por grandes artistas. Su estilo nervudo, dramático y dinámico alcanza su máxima expresión. En esos tebeos €que en España fueron distribuidos por la editorial mexicana Novaro€ devolvió parte de su admiración a Harold Foster (primer dibujante de la serie, antes de crear Príncipe Valiente). Kubert fue un dibujante rabiosamente personal que siempre proclamó su admiración sobre la santísima trinidad de los historietista de periódico: Hal Foster, Alex Raymond (Flash Gordon) y Milton Canniff (Terry y los piratas, Steve Canyon).

En los años setenta empezó una experiencia de una influencia incalculable. Abrió su escuela de arte en Dover, the Joe Kubert school of cartoon and graphic art, que le alejó de los tebeos pero sin sacarle de ellos. Llegó a tener 35 profesores para formar a un centenar largo de alumnos por curso elegidos entre los mejores aspirantes. Kubert, que era capaz de realizar entre dos y tres páginas completas (lápiz y tinta) en una jornada de 12 horas daba mucha importancia a la entrevista personal para conocer las pretensiones del dibujante. Esto explicó en Gijón: "Si no toleras estar sentado en tu mesa de dibujo 6 o 7 horas al día, 5 o 6 días a la semana, no vales para este negocio. Tienes que querer dibujar todo el tiempo". De la escuela salieron talentos como Timothy Truman, Rags Morales, Tom Mandrake, Stephen Bissette, Jan Duursema, Rick Veitch o Alex Maleev.

A la altura de los años noventa regresó al dibujo con Abraham Stone y en adelante alternó los trabajos convencionales dentro de las grandes editoriales con obras más personales, algunas con aspectos autobiográficos, cuando empezaba a difundirse el formato llamado novela gráfica. Excepcional, por su concepto, fue «Fax from Sarajevo», una historia real y angustiosa dentro de la guerra de Yugoslavia que recrea la relación que tuvo, con el fax como único medio de comunicación, con el agente de historietistas Ervin Rustemagic. Rustemagic, del que era amigo desde hacía más de 20 años, vivió de 1992 a1994 atrapado en la capital bosnia.

Kubert recibió varios premios Eisner y Harvey y diversos galardones de la National Cartoonists Society. También formaba parte del Jack Kirby Hall of Fame y el Will Eisner Comic Book Hall of Fame.

Su último trabajo es una colaboración dentro de la serie Before Watchmen, una precuela a la conocida serie de Alan Moore y Dave Gibbons llevada al cine.

Con su esposa Muriel, fallecida hace cuatro años, tuvo 5 hijos, dos de ellos Adam y Andy destacados dibujantes. Se dice que ella había sido el modelo para sus dibujos de mujeres.

Kubert fue un narrador superdotado que tenía un estilo de dibujo feroz y fibroso, de pinceles certeros, ligeros y expresivos, con un montaje de página dinámico en el que primaba los formatos extremos, las grandes viñetas horizontales o verticales. En sus páginas, el lector siempre sabía qué estaba leyendo.

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