06 de mayo de 2012
06.05.2012
arte

¿Dónde está Cindy Sherman?

Se cumplen 35 años de la irrupción de la mujer que revolucionó la fotografía en clave feminista con su estética de la degradación

06.05.2012 | 04:00
Payasos en una de las inquietantes imágenes de la fotógrafa Cindy Sherman.

En 1977, cuando Cindy Sherman tenía sólo 23 años, una galería de Nueva York expuso su serie de fotografías Untitled Film Stills (Fotogramas sin título). Historiadores, estudiosos y críticos de arte calificaron la muestra como el nuevo canon artístico de la época y convirtieron automáticamente a la joven Cindy Sherman en una de las creadoras más importantes e influyentes del momento. El Museo de Arte Moderno de Nueva York presenta estos días la más amplia retrospectiva de la obra de Cindy Sherman, con fotografías de todas sus épocas, que próximamente viajará a otras capitales americanas y europeas. La editorial La Fábrica publica en España el catálogo de esta exposición.
Las fotografías de Cindy Sherman no son retratos al uso o imágenes para el solazamiento. Son fotografías intrigantes, escandalizadoras. Inquietan y divierten. Proyectan estereotipos de la cultura contemporánea. Reflexionan sobre la publicidad, el dinero, la celebridad, la moda, los mitos contemporáneos. Y sobre cómo las imágenes participan en la construcción de la cultura, el consumo y la ideología.
Fotogramas sin título era una colección de fotografías en blanco y negro que exploraba los estereotipos femeninos del cine de la época dorada de Hollywood y de las películas europeas de arte y ensayo.
El cine era la cultura de masas más omnipresente en la sociedad de la posguerra. Transmitía los tópicos más arraigados de la sociedad y fomentaba en la mujer la imitación y la identificación con las estrellas de la pantalla. Para destruir esta imagen glamourosa, Cindy Sherman concibió sus fotografías como algo chabacano y cutre, imágenes que se podían encontrar en cualquier tienda por unos centavos. De este modo incitaba a una reflexión sobre el star system y enfatizaba críticamente la importancia de la mirada masculina sobre la mujer en la cultura del espectáculo. Esta actitud la convirtió en uno de los ejemplos del movimiento feminista, identificación que iba a reforzarse en 1982 durante la exposición de su serie Desplegables interiores (que viajó a la Documenta de Kassel y a la Bienal de Venecia), 12 provocadoras fotografías horizontales en color, entre seductoras e inquietantes, de mujeres en trance que parodiaban los posters desplegables de las revistas porno.
La pasividad y vulnerabilidad de las mujeres de las fotografías eran una denuncia contra los estereotipos femeninos creados y perpetuados por las revistas para hombres.
Cindy Sherman no sólo hace las fotografías sino que además ella misma es el modelo de todas sus instantáneas. Es también la maquilladora, la estilista y la peluquera de sí misma, su rostro repetido hasta el hastío, en los gestos más dispares, su cuerpo adoptando las poses más diversas, ataviado con los más variados disfraces, prótesis y accesorios. Con sus fotografías, que nunca son autorretratos, Cindy Sherman plantea interrogantes sobre el poder y la representación mientras intenta investigar en la identidad femenina, fluida y maleable. Lo hace a través de las influencias de la televisión, la cultura de masas y el arte contemporáneo y alternativo.
Estética de la degradación
En 1985, sin embargo, Cindy Sherman decidió desaparecer de sus fotografías. En las series Cuentos de hadas y Catástrofes, sustituye el cuerpo humano por prótesis, pechos de plástico, narices y traseros de goma e introduce escenas repugnantes, disparatadas, abyectas, dirigidas a explorar los territorios de la sicología.
Muñecas hinchables, miembros mutilados, comida putrefacta, vómitos, sangre, restos de heces, de menstruaciones y de partos? La estética de la degradación sustituye a los rostros y a los cuerpos de los seres humanos de sus anteriores series, en un intento de mostrar un universo visualmente ofensivo. Pero seductor.
La desaparición de su figura en sus fotografías se interpretó como una crítica a la socialización de su cuerpo en los medios de comunicación y al rechazo de la propia Cindy Sherman a su creciente popularidad en el mundo del arte.
En 1992, en respuesta a las pinturas de Jeff Koons haciendo el amor con su esposa, la estrella porno Ilona Staller (Cicciolina), y a la prohibición de una de las exposiciones de fotografía de Robert Mapplethorpe, siempre polémicas, Cindy Sherman decidió exhibir sus Sex pictures (Imágenes de sexo), con muñecos simulando actos sexuales y escenas porno. Con esta serie trató de hacer una crítica al voyeurismo y al fetichismo de que se alimenta la pornografía. Estas fotografías reflejan además el miedo al sida y la degeneración y deshumanización del deseo sexual.
Tras ocho años de ausencia, la imagen de Cindy Sherman volvió a aparecer en sus fotografías con la serie Retratos históricos, que remiten tanto por su formato como por su tamaño, a los grandes maestros de la pintura del Renacimiento, el Barroco y el Neoclasicismo. Incluso integra las fotografías en marcos dorados para proporcionarle un empaque histórico, pero su intención es la de cuestionar la naturaleza de la representación en la historia del arte y las relaciones históricas entre el pintor y sus modelos.
En sus retratos de la serie Costa Oeste/Costa Este y en Head Shots (Cabezas) la artista explora el deseo y la ambición de las candidatas a convertirse en estrellas de cine. Secretarias, camareras o amas de casa en poses destinadas a seducir a los directores de los casting para las películas de Hollywood. En Clowns (Payasos) explora las relaciones entre la apariencia exterior y la psicología interna de los personajes a través de un amplio abanico de emociones y estados en los rostros maquillados de los payasos.
En la última de sus series, Retratos de sociedad (2008), Cindy Sherman muestra con crueldad la huella del tiempo en las caras de mujeres "de una cierta edad" y de una clase social alta, ricas pero infelices, prisioneras de su estatus. Se trata de mujeres enjoyadas, vestidas con trajes caros en escenarios de lujo, rehenes de los patrones de belleza de una cultura obsesionada por la juventud y la tersura, una cultura que condena a las mujeres a desaparecer lentamente a medida que envejecen.
La dimensión de las imágenes, muy superior al tamaño natural de las modelos, permite apreciar sin piedad las huellas del paso de los años y de la cirugía en los rostros apergaminados (no lo olviden: siempre el rostro de Cindy Sherman) de las modelos. Estas divas acaudaladas, dice Eva Respini en uno de los textos del catálogo, presagiaban el fin de la época de la opulencia que propició el colapso financiero de 2008, son la glosa a una época de excesos y de sobrevaloración de la riqueza y el estatus.

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