19 de enero de 2010
19.01.2010
Arráyate un bit

Despertar al oso panda dormido

19.01.2010 | 11:35
Ilustración de Óscar González, Nino.

Google amenaza con abandonar China tras sufrir un presunto ataque de espionaje industrial. ¿Quién necesita más a quién?

Como sabrá el lector, hace algunos años, un buen número de compañías de todo tipo de sectores y nacionalidades comenzaron a operar en China. Las negociaciones no fueron fáciles y la presión para hacer negocios con el país comunista muy grande, lo que llevó a modificar el refranero español y adaptarlo a los tiempos, del Poner una pica en Flandes al Fundar sede en Pekín.

El gigante asiático celebra olimpiadas y manufactura para todo el planeta, pero sigue entendiendo que los derechos humanos son como la lista de la compra que cuelga en mi nevera, ya la hará algún día. Realmente eso es lo de menos si desde nuestro púlpito occidental podemos tener acceso a sus esclavistas costes de mano de obra y a su mercado de cientos de millones de consumidores. La gran coartada es que el sistema de mercado les empujará tarde o temprano a la apertura mundial y a la democracia. De momento el único empujón conocido es el que le dan al Tíbet cada vez que les viene en gana.

Entre las empresas de tecnología pioneras en instalarse en Pekín, se encuentran algunas de las más conocidas de Internet (Google, Yahoo, Microsoft?) a las que el gobierno chino, celoso de lo que cuchicheen sus gobernados, puso serias cortapisas en sus buscadores. La llamada Great Firewall censura los resultados perniciosos para los ciudadanos, y sobre todo fomenta la autocensura como método idóneo de control. Como decía en una reciente entrevista el gran sociólogo Manuel Castells, "Internet es una plataforma libre y muy difícil de controlar. Pero los usos de la libertad no dependen de Internet".

La semana pasada Google amenazó con marcharse de China. La razón es un presunto incidente de espionaje industrial, supuestamente perpetrado por el propio gobierno chino para conocer las estratagemas de los activistas locales, empeñados en defender los derechos humanos. ¡Qué manía! Convendrán conmigo en que, desde luego, el espionaje ya no es lo que era. Los gusanos, troyanos y backdoors no pueden competir con los personajes de las novelas de Graham Greene. Se ha perdido el estilo hasta para espiar. ¿Puede un gusano vestirse de gabardina o alabear su sombrero de fieltro?

Es difícil tener una opinión propia sobre si el ultimátum de Google representa una maniobra de marketing perfecta, enmascarada de defensa de los derechos humanos, o una cruzada valiente en pos de la transparencia. Ejemplos de empresas que han desarrollado maniobras de distracción para alcanzar metas ocultas para la opinión pública tenemos a miles. Pero Google no es precisamente una empresa cualquiera, aunque tenga accionistas como todas y tenga que rendir cuentas ante ellos. No es habitual que una empresa que cotiza en bolsa trate de incomodar a un Gobierno. El tiempo nos dirá si se trata de otra patraña mercantilista o de un gesto de valentía y responsabilidad.

Como dijo el propio Greene "La humanidad avanza gracias no solo a los potentes empujones de sus grandes hombres, sino también a los modestos impulsos de cada hombre responsable." Que los activistas chinos son hombres responsables está muy claro, que Google termine por ser un gran hombre tendrá todavía que demostrarlo.

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