28 de octubre de 2009
28.10.2009

Ópera prima literaria con la esencia de lo cotidiano

Ramallo publica su primer libro, un volumen de relatos titulado ´Ensalada de canónigos´

27.10.2009 | 22:24

"(...) no sé dónde estaría ahora si no hubiera dado con ella. En mis planes nunca estuvo tener hijos, eso es cierto, pero una cosa siempre lleva a la otra: o tienes perro o tienes hijo; y Julia es alérgica a los perros". Así de desasidos de cualquier ilusión se muestran los personajes contenidos en el libro de 16 relatos titulado como uno de ellos, Ensalada de canónigos, de José Ramallo, que acaba de publicar Ediciones Idea.

La vida cotidiana late de tal forma en estos cuentos que ni tan siquiera necesitan finales propiamente dichos. Porque, como en la vida cotidiana, en los relatos de este volumen parece que no pasa nada extraordinario, pero sí pasa. De esa manera sorda y sin alaracas como pasan los momentos, la convivencia... tan retorcida como consoladora. Las páginas nadan en la insastifacción propia de toda juventud frustrada por la obligación de tener piso, trabajo y alguna ropa de marca. Hasta el punto de convertirse en recogedora de cadáveres, en muerte.

La mirada irónica de su autor sobre todas las situaciones que plantea logra superar la tristeza innata de sus personajes, que a pesar de todo siguen adelante obligados por la inercia. Nacido en Santa Cruz de Tenerife en la cosecha del 76, Ramallo publicó su primer relato bajo el título de El Blefaroplástico y colabora en diversas publicaciones.

De esta ópera prima, su autor espera "que la gente pueda leerla y le guste". El libro está lleno "de mensajes íntimos, es autoficción -aduce Ramallo-, historias que rondaban en mi cabeza hace tiempo y que fui sacando". Al joven escritor no le interesa demasiado la luz. "La luz lo muestra todo sin matices, todo el mundo la ve; prefiero indagar en lo que esconden las sombras, en lo que hay detrás de las máscaras", señala.

Ramallo encuentra "aburrido y falto de autocrítica" el panorama literario canario y entre sus querencias literarias figuran Kafka, Cortázar y Chesterton. De este último, como de Bukowski, admira su alquimia a la hora de convertir lo triste en irónico, en humor.

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