06 de marzo de 2019
06.03.2019

Carnaval de Santa Cruz de Tenerife

Esas noches de Carnaval

Desde un sonoro "¿Me conoces mascarita?" al vacilón y los bailes hasta acabar sin fuerzas para dar un paso más o hasta que salga el sol

06.03.2019 | 01:50
Esas noches de Carnaval

"A gozar, a aturdirse, a entregarse al amable desorden, a la bella locura, a olvidar los recuerdos de ayer entre el bullicio de hoy. Alegre Carnaval, ¡Yo te bendigo! Tú, con tus dominós y tus caretas, difundes la alegría en nuestro corazón, haces hervir la sangre en nuestras venas y das a nuestras vidas un nuevo ser. ¿Hay acaso en estos días quien se acuerde por un solo momento de lo que fue ayer? ¿De lo que será mañana? ¿Hay quien piense en los medios de subsistir de que tendrá que valerse dentro de tres días?".

Este es el extracto de un poema publicado por el Eco del Comercio de Tenerife nada menos que en el año 1868, y que recordó hace poco el historiador Aarón Rodríguez en sus MicroHistorias De Tenerife. Han pasado más de 150 años pero el Carnaval sigue siendo así, sobre todo cuando llegan los bailes de estas noches de Carnaval que uno vive como si no quisiera que llegase el fin de la música o el alba.

la opinión de tenerife vivió el jolgorio de la madrugada del lunes al martes, una de las consideradas como "noches grandes" del Carnaval en la calle. Una multitud colorida abarrotó las principales zonas donde se concentran las mascaritas: El Orche, la calle San José, las plazas del Príncipe y San Francisco, la Avenida de Anaga, la plaza de la Candelaria y la Plaza Weyler. Y la velada no defraudó, con una mezcla de transgresión, vacilón, mucha adrenalina y bailes hasta las siete de la mañana, si los pies aún aguantaban.

Después del acuerdo alcanzado el lunes entre los empresarios y el Ayuntamiento, y corregidos los defectos técnicos, esta vez no hubo quejas por el sonido de la música, que sonó hasta la hora final en medio de una explosión de alegría. El buen tiempo acompañó y en algunos puntos críticos apenas se podía caminar. Era seguir el ritmo de quienes iban delante para seguir avanzando entre la muchedumbre. Es ese momento en el que acompañado de miles de personas uno se hace chiquitito y solo puede intentar no tirarse por encima el vaso que lleva a una mano, mientras intentas palpar con la otra el bolsillo más secreto del mundo en el que se guarda la cartera con el DNI, dinero y las llaves para entrar en casa luego, más tarde; mucho más tarde.

Este tsunami de alegría que invade las calles es siempre lo más esperado por los carnavaleros, muchos con trajes más o menos currados; algunos inspirados en la temática marina y otros, nada que ver. Pero eso daba igual. Lo importante es desparramar toda la imaginación que se oculta el resto del año.

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