13 de febrero de 2019
13.02.2019

Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 2019 | La Sinfónica de la Casa del Miedo

13.02.2019 | 14:03
Mamelucos durnate la segunda fase del Concurso de Murgas Adultas del Carnaval de Santa Cruz 2019.

Los Mamelucos de hoy suenan a sinfónica, fueron el martes los mejores de su fase, su actuación sublime pareció un ciclón de 30 minutos y su evolución les confirma como la gran murga de este tiempo. No es casualidad. Nada lo es en el éxito superlativo que prolongan (ojalá que sin fecha de caducidad) los de Xerach Casanova, esencial e indispensable para entender una progresión sin límites, que apunta otra vez a premio gordo.

En realidad, el éxito de Mamelucos no es solo una actuación casi perfecta. Ni los galardones que confirman su hegemonía ni tampoco que estén en 'modo celestial' (suenan como los ángeles). El éxito real –y así han de valorarlo quienes en la murga llevan más tiempo- es haberse levantado del fracaso y haberse puesto de pie. Porque hubo día que estuvieron perdidos. Del todo. Hace no mucho tiempo que se decía de ellos lo contrario que ahora. En la prensa, sí, y en la grada también: "Murga mediocre, sin gancho, sin pegada, sin letra, sin nada". Eran los años de su travesía en el desierto.

Así que no me extrañaría que Xerach se acuerde estos días del bajón de 2003 y el de 2010, en ambos casos con Mamelucos fuera de la final, en casa un viernes. O de cuando pasaron por los pelos en 2006. Eran siete los finalistas y el último puesto -por los pelos y discutidísimo- fue para ellos. Hubo también muchos años de concurso que parecieron mal preparados, Carnavales sin pena ni gloria, finales en las que Mamelucos era del montón y no había ni un ápice de la grandeza de hoy en su repertorio. Ahora, en cambio, se llena el Recinto para oírles y ahí reside su éxito de verdad. Suenan a cañón y enamoran siempre.

Fue el concurso de hace nueve años el que les hizo recapacitar. Ya no es solo que no pasaran; es que cantaron un tema tan discreto (La embarazada) que no parecía propio de una murga de Santa Cruz. Ahora, todo aquello es pasado. Y es así porque en 2012 vino la esperada resurrección, posiblemente una de las mejores noticias del decenio para el concurso de adultas. Fue capital el papel de Xerach, que imprimió a la murga una impronta prodigiosa. Sonaban distinto; sonaban a nuevo.

El éxito de Mamelucos es la confianza que depositaron en su director, que se zafó de todas las dudas que había en torno a él y que ya no existen. El éxito de Mamelucos es también el empuje de la sub 21 (la generación joven), la sabiduría de los veteranos, el dejar hacer de un señor del Carnaval como Manolo Peña, el trabajo incansable y el sello inconfundible de un genio de nombre Airam Bazzocchi, el Messi de las letras.

Tanto ha cambiado el cuento que ahora lo raro es que Mamelucos se quede algún año sin sitio en el podio de los premios. Ya lo decepcionante (para ellos, que aspiran a la excelencia) es conformarse con un Segundo como hace dos Carnavales. Son arrolladores. Un lujo para los oídos y un privilegio para el espectador. La gran murga de este tiempo ha vuelto a las tablas del Recinto y lo ha hecho para confirmar su hegemonía. Así lo demostró el martes, así lo quiere validar el viernes. Nada es casualidad. Es todo trabajo. Y talento.

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