24 de enero de 2018
24.01.2018
Concurso de Murgas Adultas

Zeta Zetas da lustre a la tercera fase

Los vigentes ganadores se apoyan en dos finales con gancho para marcar diferencias

31.01.2018 | 02:15
Tercera fase del concurso de murgas adultas del Carnaval capitalino
Varios componentes de Zeta Zetas durante su actuación de fase.

Zeta Zetas y poco más. Las dos primeras fases del concurso habían dejado la puerta abierta para que al menos dos o tres murgas hicieran méritos para poder colarse en la final. Pero la tercera fase tampoco cumplió las expectativas de los más optimistas y sólo Zeta Zetas, sin alcanzar la brillantez, puso sobre las tablas argumentos suficientes para confirmarse entre los ocho mejores del viernes. Los de Javi Lemus firmaron dos notables finales, especialmente su segundo, que les llevó a marcar diferencia. De resto, tal vez Ni Pico Ni Corto, que prolonga esa habilidad para saber conectar con el público pese a no ir sobrado de contundencia. Los Trabas, sobre los que se habían creado grandes expectativas, defraudaron con un segundo tema que les condenó; mientras que Marchilongas echaron en falta un paso más para competir por pasar el corte.

Marchilongas
Con la tradicional descripción de su disfraz para las personas ciegas por parte de Marchilongas arrancó la tercera fase. Parecieron titubear las de Keila Jerez de entrada, pero enseguida aparcaron las dudas con un pasacalles enérgico y contundente. Aún así, y pese a no desentonar, las de Taco no lograron alcanzar la brillantez deseada, y hasta necesaria, para volver a considerarlas claras candidatas a final. Todavía con el recuerdo fresco del tema de Mamelucos del martes, las laguneras también se metieron de lleno en una canción que tuvo las banderas como hilo conductor. Sacaron la rosada como homenaje a las "las heroínas que luchan por su vida" combatiendo el cáncer de mama; la de piratas para denunciar los saqueos de políticos (Zerolo y Soria) y empresarios (Ignacio González); o las distintas enseñas de una carrera de Fórmula 1 para narrar sus peripecias para llegar a fin de mes. "Voy a llegar a la meta, no me voy a rendir porque yo en esta vida aprendí a ser luchadora", cantaron antes de rescatar la casi obligada emigración a Alemania, lo que le sirvió para hacer comparativas entre el país germano y España en situaciones como la formación y la Sanidad. Giro más local para acabar con mucha fuerza pidiendo la unidad y la identidad de Canarias mientras todo el recinto agitaba sendas pequeñas banderas regionales.
Se transformaron luego en barrenderas para relatar su día a día "desde Taco hasta La Noria". Una percha que les sirvió para añorar en la capital "un pasado más colorido". "Nos venden Plenilunio como una bomba, pero es otra manera para seguir mamando", dijeron. Tras sortear algún desajuste musical, recurrieron a un giro extremadamente forzado para hacer referencia a la riña entre el Gobierno de España y el Catalán por la independencia mientras que "Canarias no sabe qué opinar". Mucha más cercana fue su referencia a ese monigote en forma de excremento de perro que se reparte por Santa Cruz, que les sirvió para denunciar los desmanes políticos. Le estaba costando a Marchilongas levantar el vuelo y quizá ya resignadas siguieron barriendo a ras de suelo, pero en el propio Recinto como alegato a la defensa del murguero. "La comisión solo quiere sillas llenas en la final" dijeron al respecto mientras le dieron potencia y emotividad al tema, tanto con varios componentes entre el público como sacando, a modo de mosaico, los escudos de todas las murgas. "Somos historia viva que no tiene un final", cantaron como epílogo en un final con mucha fuerza y que obtuvo una positiva respuesta de la grada.

Zeta Zetas
Y en segundo lugar llegaron los ganadores de 2017. Va camino Zeta Zetas de consolidar un estilo que les define en sus entradas: la exhibición coral de Besay Pérez con la voz de la murga como fondo; un derroche cuya dicción se pierde casi por completo en el Recinto, pero que sí sirve para subir muchos grados la temperatura en las gradas. Aprovechando su fantasía de los elementos de la naturaleza fueron de entrada ´Los guardianes de Canarias´, "dispuestos a luchar por su tierra" para que "tu suelo no sea n negocio más". Prometía, pero casi se quedó en una mera relación muy bien adornada mientras cantaban en primera persona. Como fuego, inicialmente, hablaron de los incendios y falta de actuación del gobierno; como agua, del "basurero" en el que se han convertido nuestras costas. Si ya de por sí su potencia musical les hacía ganar muchos enteros, subieron todavía algo más con "sus hijos entre mierda nadarán". Ya luego se propusieron "ponerle voz a los lugares de mi región" para que muestren "la cruel realidad" por las que pasan. Pero su aviso se quedó en otra correlación de los enclaves más pintorescos del Archipiélago. Como una lista de los barrios de Santa Cruz, pero a lo grande: los volcanes, las sabinas de El Hierro, el lagarto de Salmor, el Roque Nublo, las playas de Jandía€ Luego, otra lista más local: Bajamar, el Teide, Acantilados, la brisa de los montes de Anaga, el Barranco de Masca€ Todo aderezado en sendas pantallas extras. Necesitaban los de Javi Lemus un giro que llegó arremetiendo contra Fernando Clavijo. "Por Canarias, por tu tierra, por tu hogar€ debes luchar", pidieron para, ahora sí, tocar la fibra de la grada.
Un ´Amigo imaginario´ fue su segunda apuesta. Fue el relato, en diferentes registros, de una especie de gemelo al que primero disfrazan de mujer en una estructura a medio camino entre una muñeca hinchable y una marioneta. Bailan con ella para usar melodías frescas y pegadizas y recordar luego viejas sintonías carnavaleras. De pronto su particular alma invisible, y por extensión el tema, perdieron el rumbo por completo y, supuestamente, empezaron a saltar a lo largo y ancho del Recinto. Zeta Zetas había perdido a su amigo y también el Norte, pero como agarrado a clavo ardiendo, los de Javi Lemus tiraron de otro sello propio y a la vez apuesta ganadora, el tocar lo más sensible del auditorio. Lo hacen para rendir homenaje a los niños que sufren maltrato en los colegios, pero sobre todo a aquellos ancianos olvidados por sus hijos en un asilo, y a los que precisamente solo les queda ese amigo imaginario. Epílogo cargado de sentimiento que permitió a Zeta Zetas recuperar de golpe todo el deambular anterior para acabar muy arriba y bajar plenamente satisfechos. Una interpretación musicalmente muy potente y dos finales que llegan le debían valer a ZZ para acceder sin problemas a la final.

Diabólicas
El orden del sorteo le deparó a las nóveles Diabólicas salir justo detrás de los vigentes campeones. Con Lali Carvajal (hermana de Masi, director de Diablos) al frente, llegaron con fuerza y seguridad, ayudadas en parte por su gran número de componentes, casi 80. Pero esa fuerza del arranque no tuvo continuidad en sus dos temas. Primero trataron de recrear una lavandería en la que su protagonista era una supuesta vidente, una percha que ya de por sí resultaba un tanto extraña. Y en medio de esa rareza, Diabólicas destiñó por completo yendo de más a menos. Se salvó su estrofa sobre la Sanidad: "una bata desgarrada de un enfermero que no para de luchar". Pero luego empezaron a arremeter contra todo a diestro y siniestro, a lo que añadieron varios pasajes de ininteligibilidad. Trataron de conectar con la grada a base de populares cánticos del CD Tenerife, pero ya habían entrado en barrena. Sin rastro ya de la lavandería y mucho menos de la supuesta vidente, Diabólicas acabó en el que parece común denominador de la mayoría de murgas este año: un alegato por luchar y salir a la calle a protestar.
Su segundo tema fue todavía más confuso. Vestidas de ladronas en el más riguroso negro, pero actuando como su fueran un escuadrón del ejército. Provistas de una linterna empezaron a disparar, pero como una escopeta de feria. Desde el Alcalde, el jurado, el acoso escolar, los atentados, el canario que se tiene que "marchar para progresar". En el más difícil todavía llegaron a enlazar los desahucios con la reventa de entradas. Diabólicas se queda al menos con la satisfacción de haber abierto el camino a un nuevo proyecto.

Ni Pico Ni Corto
Con la incógnita de saber si era capaz de prolongar una línea que la mantuviera caminando encima de la fina línea que separa a las finalistas del resto, llegaba en cuarto lugar de la fase Ni Pico-Ni Corto. Los de Carlos Estávanez no terminan de reclutar a mucha gente, pero sí enganchan gracias a su pasacalles "paseando por las calles de El Toscal". ´Desmontando teorías´ les sirvió para descubrir lo que realmente se esconde detrás de ciertas hipótesis como la de la relatividad y la gravedad; desde algunas con un tono más ligero (detrás de un mono está un canarión y el posible descenso de la UD), a otras más serias (la subida de la luz). Ni Pico no terminaba de llegar mientras además sorteaba algún problema con el sonido. También hubo contraposición entre las baterías y microalgas, o el Santa Cruz moderno que quiere Bermúdez y los barrios olvidados, y aunque parecieron remontar ("la realidad es la que vive buena parte de esta sociedad, amargada para llegar a fin de mes"), dejaron que desear en un final sin gancho.
A Ni Pico no se le puede reprochar que siempre trate de ofrecer algo diferente, y esta vez lo hizo con su ´Experiencia para los cinco sentidos´. En ella, y gracias a los elementos que contenían las bolsas repartidas por la grada, la murga interactuó constantemente con la afición. Con unas gafas el público ve a los murgueros como forzudos (con el peaje de restarles presencia en el micro), el chupete que no dan "a los políticos porque ya están chupando todo el año", el plástico de burbujas para desestresarse "porque no hay dinero para un spa", o una mascarilla para no tener que soportar "el tufo de la refinería" ni el del Carnaval. La propuesta parecía ingeniosa, pero su desarrollo no lograba explotar. Hasta que llegó último de los sentidos, una manopla que consigue "un aplauso que es para mí agua bendita", dijeron. Ahí Ni Pico sí sintió el calor y pudo acabar, junto con el clásico ´Chicharrero de corazón´, de forma más que decente sus 30 minutos de actuación.

Los Trabas
La unión entre José Mari Tejera, Félix Padilla y Francis Trujillo creaba, por sí sola, expectación por escuchar a Los Trabas, más aún después de que pincharan en el primer año de su reinvención. Siendo apenas medio centenar suenan para hacerle frene casi a cualquiera. Para arrancar su fase se convirtieron en San Pancracio, "aquel que has olvidado en tu mesa de noche" para "hacerte favores". Notable fue una escenificación en la que se nota la mano de La Juana con reminiscencias de los mejores Triquis. Alternaron algunos golpes en su letra con otros de movimientos ("un dance con San Blas"). El santo recuerda una lista de favores que le suelen pedir (algunos de ellos muy forzados y poco reconocibles) antes de cambiar de registro para abordar la intolerancia de la Iglesia ante el humor sobre ella en Carnavales. Musicalmente casi siempre arriba, parecían tener argumentos y estar en disposición de firmar un buen final, pero€
Si no llegaron en el epílogo de su primera canción, más desconcertante aún fue el inicio de su ´Eduardo Manostijeras´. Faltos de ritmo como si su personaje les encorsetara, cayeron en picado con un montaje por el que fue imposible entenderles, con lo que su mensaje se perdió en la nada. Los Trabas habían tirado a la basura varios minutos de lo que debía ser su desquite. En un más difícil todavía quisieron buscarle comparación a sus cicatrices, pero las mismas se quedaron en simples rimas: "la del centro del careto me recuerda al mamotreto". Rescataron a la posesa en un intento por hacer humor, pero€ Y cuando quisieron remontar ya era demasiado tarde. Ni su homenaje a las trompetas murgueras, ni la denuncia por un insuficiente museo del Carnaval, ni un SOS en el que cupo de todo. Ni la cercanía en su temática, ni la potencia musical les salvaba.

Jocikudos
Sextos de la eliminatoria, y de la mano de Graci Martín, Jocikudos firmó una cuidada puesta en escena para explotar su disfraz de caballero de la Corte del Suculum. También relacionado con la alegoría que exhiben este año fue su primera canción, ´Dragón y caballero´. Una lucha sin cuartel, pero también sin saber hacia dónde disparaban. El mero hecho de comenzar hablando de la "montaña sagrada de Tindaya" y de "César Manrique" ya generó cierta indiferencia por mucho que luego trataran sobre "los piratas del ayuntamiento que han robado el mar al pueblo de San Andrés". Tampoco le sirvió demasiado advertir sobre "un futuro negro que dejo a nuestros hijos, comiendo ladrillos", ni su exaltación a las "siete estrellas verdes" que llevan en el corazón.
Jocikudos trató de hacer humor, como en ellos es costumbre, con ´Los milagros del bisturí´, una parodia sobre un personaje obsesionado por su belleza y que se autodenomina "ser superior": "Tengo los labios inyectados de silicona barata, y me depilo el culo con cera de China". Musicalmente mucho mejor que en su primer tema, se declararon "fan de la Lomana" y sacaron a escena a Efraín Medina para hacer un juego de palabras entre el botox y los votos. Le dieron un giro de seriedad al tema en su parte final para dale relevancia a "la verdadera belleza", como "la solidaridad" y el "Carnaval".

Ni Muchas Ni Pocas
Cerraron las fases Ni Muchas Ni Pocas, con la ventaja relativa de la presencia en grada de muchos murgueros expectantes por el veredicto posterior. En su mayoría de edad, y como casi siempre de payaso, las de Laura Sierra montaron primero su particular Bricomanía con el que "reparar" diversos asuntos. Usaron un metro para afrontar el fracaso escolar, las colas de la sanidad y los maltratos; las trató de contratar el canarión "para arreglar su Carnaval"; le desean un cortocircuito a Donald Trump y Kim Jong-un; y le pintan la cara a algunos políticos por olvidar los barrios. Se agarraban a su argumento, pero Ni Muchas, como bastantes otros grupos anteriores, creó una batidora de temas: agricultura, cultura, Ley del Menor, Ley de Dependencia... Conscientes de sus limitaciones, no se complicaron, lo que les llevó a un final un tanto carente de garra.
Se atrevieron a convertirse en pizarras para su segunda interpretación. Fueron pintándose letras, como la ´eme´ de "mangantes" o de "mala gestión"; a continuación empezaron a hacer cuentas (para llegar a fin de mes); y juegan con los colores ("azul es como te quedas con el pestazo de la Refinería"). Todo con el hándicap de una deficiencia en la dicción. Los números les sirven para recordar la violencia de género, el paro o el abandono escolar. Cogieron un poco de ritmo y solidez para su broche a 18 años en concurso.

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