21 de enero de 2018
21.01.2018

Pasión multiplicada por diez

Fidelidad a su murga, respeto y pasión por el concurso resumen las trayectorias de los ya 'decanos' Bruno Montesdeoca y Aarón Delgado

21.01.2018 | 09:34
Pasión multiplicada por diez

En el argot murguero lo llaman decanato. Es cumplir diez años de compromiso, fidelidad, entusiasmo... y Carnaval. Y en la calle de La Noria se da la circunstancia de que dos amigos -ya lo eran antes de entrar en murgas- llegan a tan simbólica cifra en grupos rivales, pero vecinos. Aarón Delgado (La Laguna, 1985) y Bruno Montesdeoca (Barranco Hondo, 1987) viven un año especialísimo a tan solo unos metros de distancia. El primero, en el local de Diablos; el segundo, en la Casa del Miedo, en Mamelucos. De sus palabras se desprende, sobre todo, orgullo de pertenencia.

"Entré en septiembre de 2008 y lo hice porque siempre me había gustado el concurso. Era murguero de grada y tenía claro que quería salir alguna vez. Tuve la oportunidad gracias a mi amigo Carlos y a mi primo Samuel, que habían estado en la infantil Mamelones. Decidimos entrar juntos y la experiencia no ha podido ser más gratificante", asegura Bruno, que vive "con emoción" este año especial donde se hace decano.

Aarón, mientras, subraya que Diablos supone para él mucho más de lo que podía imaginarse al entrar, hace ahora diez años, cuando fue a hablar con Masi y le pidió que le abriese las puertas del local. "Ser de esta murga es familia, es amistad, son risas, es buen rollo... y sí, es también un orgullo", apunta.

El relato de Bruno revela picos y valles, alegrías y decepciones. Pero siempre desde la convicción de que Mamelucos es y será su murga. "Estar aquí es una suerte que agradezco de por vida. Entré en el sitio idóneo. Por mi forma de ser y por lo que se respira en esa casa desde el minuto uno, me siento identificado con todo: el señorío, el saber estar, la humildad... Son valores que inspira Manolo Peña, al que todo el mundo conoce y sabe cómo es".

Aarón opina lo mismo de los trónicos Diablos. "Pertenecer a este grupo es una experiencia diferente y que me aporta muchísimo. Venir a ensayar es desconectar. Y claro que supone un sacrificio, pero muchas veces me planteo un año sabático... y enseguida lo descarto. Es que me gusta estar aquí", afirma desde su local de ensayo.

A unos metros, en la Casa del Miedo, su amigo Bruno destila admiración por los cuatro costados hacia todos y cada uno de sus compañeros mamelucos. "Me siento orgulloso del comportamiento que tiene la murga en cada actuación y en cada ensayo. Me identifiqué con ellos ya el primer año; ahí supe que éste sería mi sitio y que me quedaría el resto de mi vida, o al menos mientras esté en murgas". Estos Carnavales hasta se ha ocupado del diseño del suéter y su implicación con el grupo es todavía mayor.

"En una década pasas momentos muy buenos... y muy malos. Los mejores, el año de la barriada -el primero- que quedará siempre en mi recuerdo, sobre todo por el cariño del público y la sensación brutal con la que nos bajamos del escenario. Pero el más feliz, sin duda el doblete, porque ya no se puede aspirar a más. Siempre había soñado con ganar el concurso de murgas, sobre todo por la trayectoria que llevaba el grupo y especialmente nuestra quinta, la sub 21", aduce.

Para Aarón, nada ha sido igual a cantar La Fasnia. Y haber actuado en el Heliodoro. Lo más ingrato, la sensación de no conectar con el público cuando una interpretación se tuerce, como ocurrió hace un año. Pero más allá de los premios, es la de estos dos murgueros una historia de pasión. La que escriben a diario en cada uno de los ensayos y la que tiene por resultado el cariño y afecto unánime de todos sus compañeros. Murgueros de corazón, pasión multiplicada por diez.

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