02 de noviembre de 2009
02.11.2009

"La derecha es rígida con la moral sexual y laxa con la corrupción"

Mª josé guerra palmero Profesora de Filosofía Moral de la ULL y codirectora del curso Medios de Comunicación, Ética y Democracia

02.11.2009 | 13:21
MªJosé Guerra Palmero

_Gürtel, Teresitas, Arona...La lista de casos parece interminable. ¿A qué atribuiría usted esta pandemia de corrupción?

_Dada la magnitud del problema podríamos decir que la corrupción es un fenómeno que forma parte del sistema. En gran parte, se podría atajar con un buen diseño de las instituciones y mejores mecanismos de control, pero la corrupción también tiene que ver con nuestra falta de cultura política y una baja exigencia por parte de la ciudadanía, que no castiga electoralmente a los corruptos.

_Quizá lo que más sorprende de la corrupción es lo usted apunta sobre la falta de castigo social. ¿Es que acaso la sociedad la consiente?

_Yo creo que los electorados de derechas y de izquierdas tienen percepciones muy distintas respecto a la corrupción. Hemos visto como durante la época de Felipe González se castigó duramente la corrupción.Y se hizo sin que el electorado de izquierdas se refugiara en la abstención. En cambio, la derecha es muy inflexible, rígida, con los temas relacionados con la moral sexual y más laxa con la corrupción. De alguna manera entienden que la política y los negocios estén aliados. De todos modos, creo que tenemos que valorar las investigaciones judiciales que se están produciendo. Claro que también el efecto de estas causas judiciales puede ser perverso y puede generar un descrédito general de la clase política, como sucedió en Italia. Aquí podrían aparecer personajes como Berlusconi, con un discurso casi apologético de la corrupción y de su derecho de estar al margen de los controles.

_Algo así como un derecho de pernada sobre la vida pública.

_Sí, yo creo que el caso de Italia hay que seguirlo muy de cerca porque está llegando a extremos casi insoportables de inmoralidad en la vida pública en muchos aspectos.

_¿Cree usted que los medios de comunicación de esta región tienen un actitud combativa ante la corrupción o que más bien intentan vivir al socaire de lo que reciben del poder?

_Creo que hay una carencia de pluralidad en los medios de comunicación. Los medios digitales han provocado una apertura hacia otros puntos de vista, pero, en general, creo que hay una falta de denuncia y de compromiso cívico por parte de los medios y sobre todo en los más mayoritarios.

_En medio de todo esto también desde los medios notamos una voluntad de silenciar que se plasma, por ejemplo, en este nuevo engendro de las ruedas de prensa sin preguntas. ¿Cree que aceptando estas reglas de juego, los medios están siendo cómplices?

_Yo creo que no se deberían aceptar estas reglas. Debería haber un plantón frente a limitaciones como la de no poder hacer preguntas. Lo que también es cierto es que en los medios ha habido un empobrecimiento de los contenidos. Hoy se hace un periodismo de declaraciones. A esto se reduce lo que leemos todos los días y, desde mi punto de vista, esto no es información, no es dar cuenta de lo que está pasando. En ese sentido, yo entiendo que el nivel de precariedad laboral que arrastran las empresas periodísticas es un factor que no incentiva a que los periodistas puedan plantearse un compromiso deontológico y ético más importante. En este ámbito, las condiciones económicas y laborales están relacionadas con lo que cada uno podría hacer por la propia dignidad de la profesión.

_Entonces, ¿están los medios canarios totalmente perdidos?

_No lo sé, para responderlo tal vez deberíamos hacer un análisis más sociológico e histórico. Lo cierto es que aquí la sociedad se ha mostrado activa y comprometida sólo en temas relacionados con conflictos territoriales o medioambientales. Por tanto, parece claro que queda muchísimo por hacer en ese nervio social para que exija a los medios y al poder unos mínimos éticos. Lo que si sería interesante es que hubiera vasos comunicantes entre la gente dedicada al pensamiento crítico y al análisis sociológico, y los medios de comunicación. Pero esto en Canarias no se da .

_Otro aspecto relacionado con la corrupción es el de la culpa. Ya nadie da un paso al costado. ¿Cree usted que se ha democratizado la culpa en busca de la impunidad?

_Me parece que es fundamental no presuponer que la gente vaya a tener una buena disposición ética, sino que debe haber controles que, de alguna manera, obliguen a que las cosas se hagan de una forma correcta. Esto es lo que está fracasando.

_¿No tiene que ver esto con un derrumbe de los valores tradicionales que defendíamos hasta ahora?

_No lo creo. Hay que tener un poco de perspectiva histórica y no debemos olvidar que vivimos en un país que viene de una dictadura que gozó de una impunidad absoluta. Por eso, no creo que lo actual sea una hecatombe. Hemos tenido tiempos mucho peores. No obstante, tenemos que empezar a debatir sobre la calidad de la democracia que tenemos, porque el ejercicio de la función pública tiene que tener unos estándares éticos mínimos. Y para esto es imprescindible tener una ciudadanía participativa.

_Sin embargo, todo apunta en sentido contrario. Cada vez hay más pasotismo y desprecio hacia lo público.

_Es cierto que el neoliberalismo ha construido durante las últimas tres décadas un discurso que celebra las virtudes del mercado falto de regulación, que desprecia lo público. Esto ha calado tanto que los sectores de izquierda también fueron colonizados por ese discurso. Pero también es verdad que la crisis financiera actual es la demostración del fracaso de ese modelo. Por tanto, habría que empezar a debatir qué tipo de Estado queremos y no seguir hablando de si queremos menos o más estado. Este debate ya se está dando en EE UU, donde Obama está planteando algo tan importante como una reforma sanitaria. Pero yo me pregunto qué está haciendo la socialdemocracia europea. Y es curioso porque la derechización que se está viviendo en Europa no tiene que ver con los datos que tenemos sobre la mesa sobre el fracaso de determinados modelos económicos y políticos.

_Usted antes insistió sobre el hecho de que las únicas movilizaciones que habían tenido algún impacto eran las vinculadas al medioambiente.

_No las únicas, pero si las más significativas. En Tenerife se ha puesto de manifiesto una extrema sensibilidad opuesta a la destrucción del paisaje y de ecosistemas. Ahora hay muchos planes de ordenación urbana que están siendo discutidos, como el de Tacoronte. Claro, vivimos en un territorio frágil y lo que se ha planteado han sido megaproyectos, que no han considerado la cuestión de la escala. Todo el mundo, por ejemplo, veía con gran escepticismo la contestación al Puerto de Granadilla y, sin embargo, los hechos y las irregularidades han demostrado que había mucho que decir. Es curioso como teniendo una legislación medioambiental tan garantista y progresista, que se hace en los años 80, luego se hayan dado situaciones como las actuales. Esa si es una característica de una ciudadanía crítica en Tenerife, que plantea que haya debate público acerca de estos megaproyectos para garantizar que tengan una utilidad social.

_Sin embargo, esta participación no fue bien recibida. Recuerdo a algunos cargos públicos que reaccionaron de forma bastante agresiva y a muchos llegaron a llamarlos terroristas de la ecología.

_Incluso a los profesores de la universidad que nos hemos manifestado en este tema nos han dicho absolutamente de todo. La falta de respeto con las opiniones de los otros por parte de representantes políticos y de los medios de comunicación ha sido flagrante.

_En relación a los medios, hay un tema muy llamativo como es la reciente defensa del independentismo por parte de El ¨Día. Muchos creen que es una estrategia para crear tensión y distraer la atención de los casos de corrupción en torno a Zerolo ¿Qué opina usted?

_A mí me parece que hay una enorme contradicción en que esas personas que mantienen esas tesis soberanistas tan radicales luego hagan negocios o pacten con el Partido Popular, que es la fuerza con un modelo de Estado Nación más opuesto. Eso me parece verdaderamente impresentable.

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