07 de febrero de 2009
07.02.2009
Cincuentenario de la construcción de la basílica de la patrona

Medio siglo de fervor en Candelaria

La Basílica de la Virgen de Candelaria cumple hoy medio siglo de existencia, con todos los honores y con el recuerdo de los millones de fieles y peregrinos que la han visitado. El actual santuario es el que ha albergado durante más tiempo, de manera continuada, a la Morenita, tras más de 500 años de culto a esta imagen. Los anteriores sufrieron incendios, inundaciones, terremotos y una amenaza constante de ataques de piratas, de ahí que estuviera a punto, en varias ocasiones, de ser trasladada a Santa Cruz, La Laguna, Puerto de la Cruz o Arafo, aunque la oposición de la ciudadanía fue tal que incluso llegaron a amotinarse, exigiendo la devolución de la Virgen a Candelaria en 1668.

02.02.2009 | 16:14
La celebración de la festividad religiosa de la Candelaria el día 2 de febrero se celebra desde el año 1497, fecha en la que el Adelantado de la Isla, Alonso Fernández de Lugo, asistió a la primera misa de Las Candelas o de la Purificación ante la Virgen y en la cueva de Achibinico, hoy dedicada a San Blas. El Adelantado celebraba así el fin de la conquista junto a soldados y guanches, que fueron bautizados en esa ocasión.

La Virgen de Candelaria ha tenido numerosos templos en la Isla, además de los casi 1.100 lugares del mundo en los que se tiene constancia que se celebra su festividad. Desde las cuevas de Chinguaro en Güímar, donde los guanches ya adoraban a la Morenita, hasta la cueva de San Blas y las iglesias que desaparecieron o jamás llegaron a construirse. Desde hace medio siglo, la imagen se venera en el templo que construyó el arquitecto tinerfeño Enrique Marrero Regalado, pero que aún carece del título canónico de Basílica menor, que establece algunos privilegios litúrgicos y que se espera obtener del Vaticano este año.
Esta Basílica se consagró el 1 de febrero de 1959, casi 180 años después de que un incendio destruyera la anterior iglesia. De hecho, la historia del santuario de Candelaria acumula tragedias y reconstrucciones por incendios, lluvias torrenciales o terremotos debidos a erupciones volcánicas. Pero también, múltiples anécdotas de los más de cinco siglos de culto a la Virgen de Candelaria en Tenerife.
En la obra Historia de la Devoción del Pueblo Canario a Nuestra Señora de Candelaria, del presbítero José Rodríguez Maure -uno de los trabajos de investigación más importantes sobre la Virgen-, se narra cómo, en 1526, se construyó el primer templo de la Candelaria, cerca de la actual cueva de San Blas -donde se celebró la primera misa en 1497- y por encargo del segundo Adelantado, Pedro Fernández de Lugo. "Este primer templo de fábrica parece que no fuese del total agrado de la Virgen, pues de él, según cuenta la leyenda, se restituía la Santa Imagen a su primitiva cueva, por las noches y de un modo sigiloso e inexplicable" durante algún tiempo, según se recoge en la obra de Rodríguez Maure.

Incertidumbre
El cronista oficial de Candelaria, Octavio Rodríguez Delgado, ha recopilado todos los datos históricos del santuario de la Virgen en una extensa y muy completa labor. Rodríguez destaca que, durante todo el siglo XVI y hasta el año 1668 -fecha en la que el monarca tuvo que pronunciarse-, duró la incertidumbre de la estabilidad del Santuario y de la Virgen, pues se intentó el traslado a otros lugares en repetidas ocasiones, entre ellos a Santa Cruz, La Laguna, Güímar, Arafo, El Rosario o Puerto de la Cruz. "Las razones alegadas eran, además de la aridez de la comarca, su aislamiento y soledad, que lo exponía a un golpe de mano de los piratas, y a las malas comunicaciones con la ciudad de La Laguna, por entonces capital de la Isla y que fue la más empeñada en llevarse a la Virgen", explica Rodríguez Delgado.

A Santa Cruz
Y la lucha por quedarse con esta imagen, símbolo de la Villa y, en gran medida, su futuro motor de desarrollo, fue muy intensa. Según el trabajo de Rodríguez Maure, que se recopila en la Historia de la Religión en Canarias (1957), a finales del siglo XVI "se solicitó al Rey, como patrón del Santuario, permiso para trasladarlo al puerto de Santa Cruz o a otro sitio, más al abrigo de los piratas, lo que concedió" mediante una Real Cédula que, como "había sido obtenida sin la audiencia del Cabildo de la Isla ni de la opinión pública, tuvo contradictores, pues los devotos y pueblos de la Isla veían que la Virgen había escogido aquella inhóspita costa".
Pero el santuario también podría estar hoy en Arafo, ya que "en 1620, el rumor de una invasión árabe puso en alarma al Cabildo y, por su acuerdo, fueron obligados los frailes dominicos a dejar su convento de Candelaria -donde residían desde 1530- y a refugiarse con la imagen en el de la orden de La Laguna". Pero en los libros capitulares consta "la oferta del Cabildo de fabricar el nuevo convento y el sitio designado fue en el Valle de Arafo", donde se compraron "ciertas tierras a Tomás Pacheco Solís" con esta finalidad.

Amotinados
El hecho que casi puso fin al conflicto ocurrió en 1668, fecha en la que, por una sequía persistente, se acordó llevar la imagen a La Laguna. El Cabildo se reunió ese 20 de marzo para discutir qué hacer y, entre las múltiples propuestas, "los más opinaron que se hiciera en el Valle de La Orotava, en el sitio denominado La Paz, sobre el Puerto de la Cruz", recoge Rodríguez Maure, quien relata en su obra como se produjo un tumulto que, incluso, trató de llevarse a la Virgen a la fuerza. "Serenado el motín y tras un debate, se acordó devolverla y que nunca jamás se pudiera volver a tratar la traslación del santuario", tras lo que se procedió a construir la primera Basílica, a la que la imagen se trasladó el 2 de febrero de 1672.
Sin embargo, este acuerdo no supuso el cese de las intentonas, ya que en el siglo XVIII a punto estuvo de trasladarse la Virgen al convento de Güímar y a La Laguna, en este caso tras el incendio de la primera basílica.

Patrimonio Cultural
Pese a esta multitud de intentos, los tinerfeños y la orden de los dominicos consiguieron que la Morenita se quedara en Candelaria y, hoy, se celebra el medio siglo del actual Santuario, que constituye un inmueble de dimensiones considerables, con capacidad para 5.000 personas. Una muestra de la devoción mariana en la Isla y que concluye, además de en los fastos conmemorativos del aniversario, en que hoy se considere a la Basílica de estilo neocanario -junto al convento y la cueva de San Blas- una notable parte del patrimonio canario, por lo que el conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de monumento, en abril de 2005.
Pero la historia del santuario de la Virgen de Candelaria merece conocerse, como símbolo de la mezcla de culturas -la guanche y la de los conquistadores-, de la identidad canaria y como parte notable de la idiosincracia de los tinerfeños, con una devoción que supera el propio hecho religioso.
Así, el cronista oficial de Candelaria, Octavio Rodríguez Delgado, recuerda que, una vez acabada la Conquista, el 2 de febrero de 1497 el adelantado Alonso Fernández de Lugo celebró la primera fiesta de la Purificación o de las Candelas en la cueva de Achbinico -hoy de San Blas-, con todo su ejército y los guanches sometidos, donde fueron bautizados y sacaron a la imagen en procesión. Desde entonces, salvo algunos conflictos en los que llegó a intervenir la Corona, los descendientes del guanche converso Antón y de otros aborígenes tinerfeños portaban a la Virgen.

La cueva de Achbinico
Detalla Rodríguez que, desde esa fecha, se abrió al culto católico la cueva de Achbinico como primer templo del Valle y que sirvió, por su lejanía, de iglesia auxiliar de la parroquia de La Concepción de La Laguna, venerándose en él a la Virgen de Candelaria.
A principios del siglo XVI se edificó la primeraiglesia, reducida pero de mayor capacidad que esta cueva -que pasó a dedicarse a San Blas-, casi en el mismo terreno en el que hoy se alza la Basílica diseñada por el arquitecto tinerfeño Marrero Regalado.
En la década de 1530, se hicieron cargo del santuario los religiosos dominicos, que fundaron su primer convento. A ello se suma que una bula del Papa les concedía, poco después y a perpetuidad, la imagen y el santuario de la Virgen de Candelaria, honor que continúa en la actualidad.

Cargo de realeza
El cronista de la Villa destaca que, el 26 de marzo de 1599, la Virgen fue declarada Patrona Universal del Obispado de Canarias por bula del papa Clemente VIII, gracias a lo que, a lo largo del siglo XVII la devoción a la Candelaria "fue muy grande, siendo la Virgen muy venerada por los navegantes y vecinos de todas las Islas e, incluso, muy conocida en la Península". En esto influyó también que, en 1596, el futuro rey Felipe III se hubiese declarado protector y patrono de la Santa Imagen, cargo que mantuvieron sus sucesores. El monarca, tras subir al trono, se declaró patrono del Convento Real de Nuestra Señora de la Candelaria, de ahí el rango que lleva desde entonces.
Además de los marqueses de Adeje, otras familias principales de la Isla también fabricaron sus casas en la calle de San Blas, algunas de hasta dos pisos, como los Baulén, Montemayor, Guerra o Calzadilla. Frente a estas mansiones, a la orilla del mar, se levantaron pequeños albergues u hospederías para los peregrinos, propiedad del convento, que hacia 1882 ya se encontraban en estado ruinoso, señala Rodríguez Delgado
El 2 de febrero de 1672 se consagró la primera basílica de Candelaria, dada la pequeña capacidad y estadio ruinoso del santuario anterior, un templo nuevo de tres naves y que fue destruido por un incendio -al igual que el convento- el 15 de febrero de 1789, reduciéndose a cenizas el archivo, así como la importante biblioteca de la Basílica contigua. Religiosos y vecinos lograron salvar la imagen de la Virgen y otras tallas, que albergaron en la cueva de San Blas, donde permanecieron 14 años.

Desaparece la imagen
En 1803 se puso la primera piedra de la segunda basílica para la Patrona, que se comenzó a construir sobre la anterior destruida, con planos del arquitecto Manuel Martín Rodríguez. Pero las obras de este templo de tres naves quedaron paralizadas en 1817, cuando ya estaban levantadas las paredes y las columnas. La Virgen se trasladó a la capilla del convento, donde no se pudo proteger, porque el terrible temporal de 1826 derribó parte de la iglesia y convento, una docena de casas en la calle de La Arena, pero, sobre todo, provocó la desaparición de la primitiva imagen gótica, que fue arrastrada por las aguas.
Pese a los intentos de recuperarla o de sustituirla por la copia existente en Adeje, hubo de encargarse una nueva talla, la actual, al escultor de La Orotava, Fernando Estévez. Mientras tanto, presidió la capilla santuario el cuadro de la Virgen de Candelaria que tenían los dominicos en el oratorio de La Granja, en Arafo.
Pero, tras la desaparición de la primitiva imagen y la supresión del convento por la desamortización de los bienes eclesiásticos, "decayó muchísimo la devoción por la Virgen, lo que motivó que, el 12 de diciembre de 1867, el Papa Pío IX confirmó como Patrona Principal de las ya dos diócesis de Canarias a la Virgen y, el 13 de octubre de 1889, se procedió a su coronación canónica", como explica el cronista oficial de Candelaria.
Tras 86 años de ausencia, los dominicos regresaron a su convento de Candelaria, con todos los derechos, el 9 de julio de 1922. Cuatro años después se decidió reiniciar las obras de la Basílica en el cerro de la Magdalena, con planos del arquitecto Aliot , para lo que se construyó un puente con raíles desde la plaza actual y para subir los materiales. Se efectuaron los trabajos de explanación y cimentación, pero los problemas que presentó el terreno obligaron a desechar dicho lugar y la ambiciosa idea.
Se pensó entonces en un proyecto más modesto, que se encargó al arquitecto Laredo, dirigido a terminar la Basílica iniciada en 1803 e interrumpida catorce años más tarde, en el lugar que ocupa el actual santuario. Un proyecto que comenzó en 1934 y se abandonó dos años después.

Los dos arquitectos del templo

Tras casi cinco siglos de intentos para dotar a la Virgen de Candelaria de un santuario, el obispo güimarero Domingo Pérez Cáceres y el arquitecto isorano Enrique Marrero Regalado -que no cobró por su trabajo y que no lo llegó a ver acabado antes de su muerte- consiguieron dotar a la Morenita de la Basílica que tanto tiempo se deseó. Todo con el apoyo inestimable de los frailes de la Villa y de los múltiples fieles que colaboraron para su construcción. El cronista de la Villa, Octavio Rodríguez Delgado, relata que "los dominicos no cesaron en su empeño de ver construida una Basílica digna para la Virgen. La obra se retomó y concluyó gracias al apoyo del obispo güimarero Domingo Pérez Cáceres, primer tinerfeño puesto al frente de la Diócesis Nivariense quien, tras su toma de posesión, en 1947, decidió terminar el santuario y, para ello, comenzó la recaudación para financiarla", donde hubo una importante colaboración de los canarios emigrados a Hispanoamérica. Así, tras diez años de trabajos y superar los más de 7 millones de pesetas presupuestados para la obra inicialmente, el 1 de febrero de 1959, hace hoy 50 años, se llevó a cabo la solemne consagración de la actual Basílica por el nuncio del Papa en España. El actual nuncio, Manuel Monteiro de Castro, rememorará aquella importante fecha para los candelarieros y presidirá hoy la eucaristía, en la que se estrenará la Misa para la Conmemoración, del compositor de la Villa Emilio Coello. Una de las sorpresas de la jornada será la asistencia del prior de la Basílica, Pedro Mendoza, pese a su enfermedad. La celebración del medio siglo de existencia de la Basílica continuará mañana, con la solemne procesión de autoridades y que este año contará incluso con la presencia del Ejército del Aire. De hecho, cuatro cazas F-18 sobrevolarán el cielo de Candelaria como homenaje a la Virgen. Entre los actos, además, el Ayuntamiento viejo alberga una exposición sobre los 50 años de historia de la Basílica, que permanecerá abierta hasta el día 8 de febrero, a lo que se suman las jornadas que se han celebrado sobre la identidad y el patrimonio cultural canario.

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