30 de noviembre de 2009
30.11.2009
MÚSICA

El jazz canario, en sus mejores momentos

A propósito de la Muestra de Jazz Canarias 2009, una iniciativa de Archipiélago Musiconesio

23.11.2009 | 15:54
El jazz canario, en sus mejores momentos

El renovado teatro Leal de La Laguna acogió entre los días 4 y 7 de noviembre pasados la Muestra de Jazz Canarias 2009, una iniciativa de la asociación de músicos canarios AM (Archipiélago Musiconesio) dirigida por su presidente, Kike Perdomo, con el respaldo institucional del Gobierno de Canarias, el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento lagunero. La muestra, que tuve la suerte y el honor de presentar, sirvió de escaparate excepcional por el que pudimos asomarnos al quehacer profesional de 37 músicos repartidos en ocho bandas que ocuparon el escenario a lo largo de cuatro conciertos y veladas de un altísimo nivel artístico.

La primera noche (día 4) estuvo dedicada a dos proyectos dotados de marcados lenguajes personales: Tricústico e Iván Rojas Quartet. La primera formación, un trío básico configurado por el guitarrista Miguel Jaubert, el bajista Alberto Naranja Méndez y el percusionista José Pedro Pérez, sirvió para inaugurar un encuentro cargado de gratas sorpresas musicales. Y ellos mismos, poseedores de una audaz y arriesgada fórmula mestiza, con un sonido potente y arrollador pese al sello acústico que ya les caracteriza, constituyeron la primera buena noticia sobre el excelente estado de salud de nuestro jazz. La Ovation sintetizada de Jaubert rivalizó con las seis cuerdas del bajo del Naranjita, ambos sabiamente apoyados por una percusión híbrida perfectamente marcada por Josepedro. Estos tres viejos conocidos de la escena musical de las Islas dibujaron magníficos paisajes sonoros rozando el virtuosismo y electrificando una primera parte realmente poderosa, reproduciendo la diversidad propuesta en sus dos primeros discos, inmersos ya en su tercer trabajo (Indigo). Los dos primeros músicos demostraron en el directo, al igual que lo han hecho en sus grabaciones, que se conocen a la perfección desde hace nada menos que tres décadas. Celebramos su confluencia en este singular proyecto.

La primera noche de la Muestra quedó cerrada con otra magnífica sorpresa: la del cuarteto del guitarrista Iván Rojas, que puso en el aire sutilezas armónicas de gran belleza y una técnica que llena de orgullo a los aficionados isleños. Rojas, formado en Barcelona y Nueva York, se trajo de la ciudad condal, donde han coincidido, un plantel de músicos realmente internacional: el trompetista argentino Guillermo Caliero, de gran solvencia técnica; el contrabajista sueco Marko Lohikari y el baterista finlandés André Sumelius, que constituyeron un soberbio tándem rítmico cargado de matices. Los tres, de intensas trayectorias profesionales, constituyeron una compañía de lujo y contribuyeron a que el excelente repertorio del guitarrista alcanzara climas inolvidables, especialmente en una balada que al final sumió al público en un deleite silencioso y sobrecogedor. La primera noche no pudo ser más especial.

La segunda velada (día 5) se centró en el jazz contemporáneo y las vanguardias de este género, con pinceladas experimentales de sobrada calidad. Nos referimos a lo expuesto por Las Dos Caras de la Misma Moneda (proyecto en cuarteto de los ya veteranos Manolo Rodríguez y Carlos Costa) y Alquimia (quinteto de músicos grancanarios que se reúnen de cuando en vez desde su primera aparición hace 20 años, cuando el tiempo libre de sus ocupaciones docentes en la isla redonda y Barcelona se lo permiten). A su término, muchos de los músicos acudieron al Atlántico de Santa Cruz, donde actuaba Iván Rojas aprovechando la estancia de su cuarteto en Tenerife, para arroparle en la jam sesion final.

Continuando con la Muestra, el primer torbellino de sonidos influenciados por la onda neoyorquina conocida por downtown nos llegó de la mano de la pareja Rodríguez/Costa, inmersa con su guitarra y contrabajo respectivos en la libre improvisación, con pasajes de alto voltaje que dejan muy lejos aquellos balbuceos iniciales de Macrakantha o el purismo sobrio y técnico de Dr. Bacteria. Los diálogos explorados por ambos músicos, que han demostrado una evolución y una madurez sorprendentes, también conversaron con otros viejos conocidos del jazz canario: el pianista todoterreno Francis Hernández, siempre correcto y envolvente; y el batero José Miguel Méndez, Churchi, que ya lleva 20 años deleitándonos en incontables formatos.

La onda elegida por Manolo Rodríguez y Carlos Costa apunta muy alto. Si el jazz por sí mismo no es comercial, imaginemos lo difícil que resulta un lenguaje que viaja por la imaginación con tanta sinceridad como libertad, esgrimiendo recursos, identidad y valentía, en sintonía con la experiencia que han compartido con músicos como Steve Coleman, Tim Berne o Raví Coltrane, entre otros, en la ciudad de los rascacielos.

Tras los épicos sonidos de ambas caras de la moneda, que hasta admiten el canto si atendemos a las voces sugerentes que proyecta el guitarrista mientras ejecuta algunas frases de su discurso, nos enfrentamos a la excelente factura jazzística que nos extendió Alquimia, un quinteto conformado por cuatro profesores y un inquieto contrabajista que colaboró con el siempre recordado timplista José Antonio Ramos y Mestisay. Alquimia Jazz Project nació en 1988 con motivo de una maqueta que permitió a sus componentes desarrollar sus respectivas carreras. 20 años después, estos hoy profesores, repartidos entre Gran Canaria y Barcelona, se siguen viendo para hacer jazz contemporáneo con un colorido definido por la trompeta de Sebastián Gil y el saxo de Gilberto Rivero. En los cimientos, como un solo bloque, están Paco Perera al contrabajo y Javier Montero en la batería; y en el piano, el único músico que hizo doblete en la Muestra: José Alberto Medina, un teclista elegante que también nos supo deleitar en la cuarta y última velada de la muestra acompañando al guitarrista Enrique Fernández-Villamil y su Fermez Qartet. La intervención de Alquimia, muy aplaudida, nos llevó magistralmente por un jazz actual, fresco y dinámico, con grandes dosis de emoción.

La tercera noche (día 6) tuvo al público más numeroso por tratarse de un viernes (la oferta cultural del sábado mermó un tanto su aforo, aun sabiendo que el jazz continúa siendo minoritario) y sirvió para mostrarnos dos proyectos de fusión de gran calidad: Baifo (con el funky y el soul como ingredientes) y un soberbio, divertido y contagioso Atcheré que arrasó con su jazz latino.

Baifo sorprendió y fue metiéndose al público en el bolsillo merced a una original puesta en escena donde brillaron la voz de Isa Pérez y la personal guitarra de Dimas León, ambos arropados por los teclados de Jairo Ortega, el saxo de Sergio García y la base rítmica configurada por el bajo de Teyo Garrido y la batería de Sergio Díaz. El sexteto consiguió calentar al público y dejó patente una sólida compenetración sobre el escenario.

Por su parte, Atcheré (proyecto del trompetista tinerfeño Manuel Lorenzo, Mangui) nació con el milenio y va alcanzando su madurez tras su tercer trabajo discográfico, Materia prima, a cuyo material pudimos acceder en parte y primicia, mezclado con temas de sus anteriores discos. El septeto que lidera Mangui demostró su oficio levantando la noche definitivamente y arrancando aplausos, sonrisas y bravos a lo largo de un portentoso repertorio por el que se lucieron su trompeta y el saxo de otro viejo conocido, Fernando Barrios, con precisos arreglos de metal o viento cuando intervenían en simultáneo. Con un tándem rítmico-armónico realmente sabroso (Quique Pérez en el piano y Carlos Cano en el bajo), Atcheré impresionó sobre todo por su contundente sección de percusión, capitaneada por la batería de Jonathan Hernández (poderosa e implacable) y secundada de forma impresionante por las congas y el cajón de Jordi Arocha y los bongós y la güira de Luis Ramírez, que además nos sedujo con su voz coreada por el propio Mangui. El recital de Atcheré, banda de la que podemos presumir como una de las mejores de España en su género, fue sin duda una auténtica gozada. Cabe señalar que en su tercer y más reciente disco participa la saga Ortí como colaboradores de lujo en algunos arreglos y solos.

Y llegamos a la última noche de la Muestra, la sabatina del día 7, cuyo broche de oro fue responsabilidad de los grancanarios Fermez Qartet y el quinteto de la cantante tinerfeña Esther Ovejero. El cuarteto del guitarrista Enrique Fernández-Villamil fue verdaderamente exquisito. Su Parker se paseó radiante y medida por un repertorio original perfectamente acompañado por su hermano Eduardo en la batería, Marco Valero en el contrabajo y la elegancia de José Alberto Medina en el piano, quien presentará su tercer disco en el Festival de Jazz Barcelona, donde ejerce -como ya apuntamos- como profesor. El guitarrista, que obtuvo la máxima calificación en Bercklee, nos asombró por su evidente buen gusto.

Y el buen gusto continuó en el concierto cerrando la Muestra una de las mejores voces de Canarias: Esther Ovejero. La cantante, que trabaja en Barcelona desde 2005, año en que nos sorprendió con un disco en el que colaboró nada menos que Richard Bona, ofreció un recital impactante arropada por un cuarteto de lujo: Kike Perdomo en los saxos; David Quevedo en el piano; Martín Leiton en el contrabajo y Dimas Machado en la batería. Los siete temas que despachó Ovejero sobre las tablas del Leal fueron todo un derroche de oficio, poderío y sensibilidad. Su sensualidad se alternó con magistrales líneas de saxo y magníficos cortinajes de piano, estos a cargo de su ya teclista habitual, que ha dejado la aventura catalana para regresar a su Las Palmas natal. Mientras, la pareja formada por Leiton y Machado discurrió serena marcando los registros de una insuperable Ovejero que arrancó las mayores ovaciones del encuentro de jazz, especialmente cuando acometió una acertada versión de un tango. Esther Ovejero Quintet fue absolutamente delicioso y puso finalmente el listón muy alto.

Seríamos injustos si no mencionamos el excelente trabajo de los técnicos del teatro Leal. El sonido de la Muestra, impecable, estuvo en manos de dos músicos: el teclista venezolano Juan Carlos Hernández (P.A.) y el bajista Manolín Lorente (monitores), ambos al frente de los estudios Arena Digital, aunque en la cuarta jornada y, ante la ausencia del primero, Lorente se hizo cargo de la P.A. y el también bajista Fran López colaboró en monitores. Por su parte, Ubaldo Izquierdo puso una luz discreta en la escena.

El jazz canario, que ya cumple 30 años de sana evolución, se encuentra en un estado inmejorable. Atrás, muy atrás, han quedado aquellos años en los que teníamos que ir al Puerto a escuchar al prodigioso Otto Artzman, que tan gratas noches nos dedicó en vida contra corriente. Este encuentro de jazzistas canarios nos hizo recordar no sólo a Otto, sino también a Luis Vecchio, Bebe Martin, Luky Mampasi, Greg Lyons, Daniel Johansen, Marcelo Gueblón y otros tantos y tantos músicos canarios y foráneos que dieron la piel en su dura siembra para que hoy recojamos lo que nos inundó el alma en La Laguna. Por nuestros recuerdos se pasearon también Marcos Castilla y su AMP, Jazzborondón, Midi Doméstico, Gato Gótico, José Carlos Machado?

Salimos del Leal convencidos de que tenemos jazz del bueno para rato. Y mientras todo esto ocurría, Polo Ortí preparaba sus conciertos con Gary Burton y una compañía verdaderamente estelar, y Kike Perdomo se nos iba también a Madrid a compartir escenario con Marcus Miller, teniendo nada menos que a Eric Marienthal por compañero en el saxo. Nuestro jazz ya está preparado para salir fuera sin complejo alguno.

(*) Rubén Díaz es músico y periodista

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