17 de febrero de 2017
Malos hábitos

¿Es peligroso aguantar el pis?

¿Sueles esperar a ir al baño hasta que no puedes más? Cuidado, podría ser muy perjudicial...

21.02.2017 | 16:02
¿Es peligroso aguantar el pis?

Seguro que la falta de previsión o las circunstancias te han obligado en más de una ocasión a hacer una cosa que a nadie gusta. Es incómodo, es estresante y en ocasiones nos hace temer con la posibilidad de que suceda algo altamente vergonzante. Por ejemplo, te bebiste un litro de refresco antes de que empezara la película, y ahora, sentado en una butaca en mitad de la fila once del cine, y en pleno clímax del film, no quieres ni perderte el final ni sacar a otros del trance de la ficción. O llevas tres horas metido en un autobús sin servicio, te quedan otras tantas por delante y no hay prevista ninguna parada para ir al baño. Es lo que hay: no te queda otra que aguantarte las ganas de hacer pis. 

La pura lógica ya entrevé que no puede ser bueno forzar al cuerpo a no evacuar unos líquidos que ya han cumplido sus funciones en el cuerpo y ahora no son más que de desecho. Pero, ¿no te has preguntado nunca hasta qué punto puede ser malo, perjudicial o peligroso para tu organismo retenerlos ahí dentro? A continuación trataremos de arrojar un poco de luz sobre esta cuestión.

En principio, no habría nada de malo en reservarse por un período razonable de tiempo las ganas de hacer pis. La vejiga humana media puede llegar a acumular una cantidad cercana a los 250 o 350 mililitros antes de acuciar con esa agobiante necesidad de mear ipso facto. Aunque con 200 ml, un adulto ya podría obligarse a orinar aun sin sentir ganas. Eso, en estado consciente. Porque cuando se duerme, la vejiga puede expandirse para albergar casi hasta el doble de líquido, y permitir así que tengamos un sueño largo y placentero antes de despertarnos con la exigencia de ir al baño.

De acuerdo, con lapsos de tiempo congruentes, la vejiga responde por nosotros, está todo bajo control. Pero, ¿qué pasa cuando no queda otra que aguantar más de la cuenta?

Pues bien, ahí es donde confrontarán dos fuerzas: la naturaleza del cuerpo contra la capacidad humana de controlar sus impulsos, dentro de unos límites, a su voluntad. A la primera, la tendencia natural, la representa un músculo llamado detrusor, que se encarga de contraerse cuando la vejiga envía la petición de vaciado al cerebro. A este detrusor se puede oponer, si así se lo solicitamos, el aliado de nuestro lado consciente: el esfínter distal. A la larga, cuando el cuerpo no aguante más, el esfínter distal cederá y acabará permitiendo al detrusor que libere la orina. Pero la batalla habrá sido larga, y el pis habrá estado en el cuerpo más de lo recomendable.

Aguantar tanto una sola vez no tiene por qué ser un problema. Pero hacerlo habitualmente sí que puede acarrear consecuencias negativas. Desde infecciones -la dolorosa cistitis-, hasta las disfunciones del sistema urinario, pasando por el reflujo vesicoureteral


Infecciones


La orina contiene sustancias ácidas y partículas de amoníaco. La concentración de estos elementos en principio no es alta, pero al retener el fluído, pueden atacar tanto las paredes de la vejiga, como el tracto urinario. A esto se suman las bacterias presentes en los conductos de evacuación como la uretra. La confluencia de la inflamación de las paredes de la vejiga con la acumulación de los microbios llevan a la cistitis.

La cistitis es una inflamación de la vejiga que puede venir acompañada o no de infección. Se da más habitualmente en mujeres, porque su tracto urinario está más cerca del ano, y por ende acumula más gérmenes. Sus síntomas son, sobre todo, que las micciones se vuelven más frecuentes, y cuando se producen, duelen. La orina, además, puede salir rojiza, sucia de sangre. También se suele sentir un punzante malestar en la zona del bajo vientre, y la inflamación puede acarrear fiebre.

Reflujo


Segundamente, el reflujo vesicoureteral o VUR se produce cuando la orina retrocede desde la vejiga a los riñones, algo totalmente anómalo y antinatural. Es una enfermedad que suele ser congénita y se pasa de padres a hijos por cuestiones genéticas. Pero hay un segundo motivo para adquirirla: las trabas al orinar con normalidad. Es decir, si presionamos al cuerpo a mantener las esclusas cerradas por mucho tiempo, esta orden antinatural podría afectar al ciclo urinario normal. 

Existen distintas gradaciones de reflujo vesicoureteral, en función de cuánto camino deshaga el pis a contracorriente. En la primera fase no pasará de retornar a la uretra, pero en la más severa volverá hasta los riñones. Además del fastidioso dolor que esto conlleva, el peligro está en que la orina, una vez más, puede infectar los órganos en los que se quede estancada. Incluso podría acarrear daños al hígado.

Ensachamiento de la vejiga


Aguantarse las ganas de ir al servicio de forma frecuente puede ocasionar otras disfuncionalidades, como el ensanchamiento crónico de la vejiga. A fuerza de retener la meada, esta se irá acumulando y la vejiga deberá dar cabida a toda ella, aumentando su tamaño. Cuando finalmente atendamos la llamada, pueden presentarse asincronías a la hora de hacer pis. La vejiga dejará de funcionar con normalidad, confundida. Habrá perdido sensibilidad, y ello llevará a una incapacidad para controlarla como solíamos. Podría ser que dejara de ser capaz de vaciarse por completo, y que después, sin querer, se nos escapen unas gotas. Puede que comencemos a sentir ganas de ir a mear y al hacerlo, la vejiga no expulse el líquido; o que empecemos a sentir el imperativo de pasar por el baño cada cinco minutos.

Cólicos nefríticos


Por último, y no menos importante, está el cólico nefrítico. Ocurre porque el estancamiento de la orina, que puede producir que las sales y minerales que porta se acumulen y sedimenten en los riñones, formando pequeños cristalitos conocidos como cálculos renales. Expulsarlos de forma natural, por el tracto urinario, es una experiencia de lo más dolorosa.

Aparte de este intensísimo dolor, el cólico nefrítico puede hacer que sintamos un lacerante dolor en la zona lumbar, e incluso que padezcamos fiebre -acompañada en ocasiones por náuseas y vómitos- e, incluso, que la orina no pueda pasar por los conductos, lo que se conoce como uropatía obstructiva.

En definitiva, lo más saludable y recomendable es ir al servicio cuando el cuerpo nos lo pida, y beber agua en abundancia, tal y como recomiendan los doctores, para que estemos convenientemente hidratados y el organismo limpie todas las toxinas. Aguantarse las ganas de hacer pis puede ser fatal. Y si no, que se lo pregunten al abuelo Simpson.

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