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Ascot en Chantilly

La hípica en esta localidad francesa es el lugar ideal para lucir un tocado o sombrero de lo más original

04.08.2013 | 17:39
Ascot en Chantilly

Los tocados, casi siempre artesanales, discretos o exagerados, elegantes o vulgares, casi siempre remiten a Ascot, a sus concurridas carreras de caballos y a sus pomposas damas con la cabeza orgullosamente cubierta. Pero no todo es Ascot. También Chantilly, la comuna francesa situada en el departamento de Oise (en la región que recibe el sugerente nombre de Picardía) tiene su cita particular con la hípica y su inagotable desfile de sombreros y tocados. Se trata del Prix de Diane, un concurso patrocinado por la firma de relojería Longines y que supone uno de los almuerzos campestres más chic al que se pueda asistir en Francia.

Se celebra desde 1843 junto al castillo de Chantilly, construido por los Montmorency, que pasó a ser residencia de los Condé y por último de Enrique de Orleans, quinto hijo de Luis Felipe I de Francia.

Con Longines como cronometrador oficial de la International Federation of Horseracing Authorities (IFHA), las carreras y las apuestas se animan con la variedad de colores e ideas. Muchas de las asistentes siguen modas y tendencias, mientras otras recurren a su propia inspiración, para crear un bosque de sombreros, tocados y encajes que tiemblan con el galope de los mejores caballos de Francia y del mundo y la emoción de los euros en juego.

Los adornos de plumas y el tocado de Chantilly (no hay como hacer país) triunfaron este año, lo mismo que las piezas con detalles ácidos en contraste con la sobriedad del negro: así lucía el tocado ganador del premio a la elegancia que otorga año tras año la firma relojera. Guiños rústicos (en forma de cactus incorporados a las pamelas) o excesos en rosa palo (como el sombrero que una de las asistentes lucía hasta media espalda) compartieron escenario con bombines, panamás y chisteras de hombres que también saben cómo lucir en el hipódromo más espectacular de Francia.

Porque la idea es sacar la mantita, la nevera y esperar tumbados en el césped el transcurrir de las horas y la llegada de las mejores carreras que, en Chantilly, desde hace un par de años se animan con el color de los tocados, pero también con la presencia del actor Simon Baker (El mentalista), embajador de Longines, que concentró el interés de mujeres y hombres. Y sin llevar sombrero. Ni siquiera en la mano.

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