Una moda nociva

Las 'esculturas' de piedras modifican el paisaje y dañan el suelo y la microfauna

Las también llamadas torres zen inundan el litoral de la Isla y llegan hasta zonas protegidas como las rutas del Parque Nacional del Teide y el Barranco del Infierno

15.05.2017 | 18:03
Las 'esculturas' de piedras modifican el paisaje y dañan el suelo y la microfauna

Claves

  • ¿De dónde proceden? Asia: La práctica de hacer torres de piedras procede de Asia y está relacionada con la búsqueda de equilibrio emocional y la espiritualidad. Hay también quien las relaciona con el budismo y la mística oriental. Han aterrizado en la Isla de la mano de los turistas.
  • ¿Dónde están? Litoral y el Teide: Los amontonamientos de piedras se encuentran, sobre todo, en la costa rocosa de la Isla, aunque últimamente han aparecido, incluso, en el Parque Nacional del Teide y en otros espacios protegidos tinerfeños. Suelen provocar un efecto imitador por lo que es normal encontrar cientos de torres en un solo espacio.
  • ¿A qué afectan? Paisaje y biodiversidad: Aunque pueden parecer inofensivos, estas formaciones de montículos afectan al paisaje, por el impacto visual que generan, y al suelo y la microfauna y flora que habita en el lugar. Además, van en contra de la belleza natural de los espacios isleños.
  • ¿Qué se puede hacer? No imitar la práctica: Por el momento, poca cosa se pueda hacer para acabar con esta práctica. Los expertos aconsejan, en primer lugar, no imitar la moda y, si es posible, derribar las torres. Ante la cada vez mayor presencia de los apilamientos, es posible que las administraciones lo tengan en cuenta y comiencen a legislar para evitar su proliferación.
  • ¿Quién lo ha denunciado? Baleares: En el archipiélago balear la moda de los montones de piedras se ha convertido en un auténtico problema. En islas como Mallorca apenas quedan espacios a dónde no haya llegado está práctica. Los agentes de Medio Ambiente han denunciado públicamente la situación con el objetivo de poder parar la invasión de las torres de rocas.
  • ¿Son inofensivas? Secuelas: Por lo general, tanto los turistas como los residentes creen que estas pilas de piedras son inofensivas y suelen hacerse con una fotografía de la artística estampa. Sin embargo, las secuelas de los apilamientos son más serios de lo que podría parecer, por lo que, la concienciación sobre sus daños resulta fundamental para dejar de seguir una moda importada que no tiene nada que ver con las Islas.

Amontonar piedras para dejar una escultura en el camino se ha convertido en una moda. Algunos creen que dan buena suerte, otros que harán realidad algunos de sus deseos y hay quienes las construyen simplemente por dejar sus huellas y embellecer el lugar. Pero lo cierto es que los amontonamientos de rocas, una práctica importada de Asia, no son tan inofensivos ni artísticos como parece. Varios expertos consultados por la opinión de tenerife alertan de que estas obras dañan el suelo y hasta a la microfauna que habita en su entorno, y alteran un paisaje lo suficientemente atractivo como para dejarlo como es.

Para ellos, la solución pasa por dos aspectos: un mayor control por parte de las administraciones y la concienciación ciudadana. Se pueden encontrar en muchas de las zonas rocosas del litoral de la Isla, en especial en la cara Sur, donde hay mayor presencia de turistas que traen consigo esta costumbre desde su país.

En puntos del litoral de Arona, Adeje y Arico existen ya auténticos bosques de esculturas de piedras, donde se pueden contar por centenares. Mientras los visitantes fotografían el paisaje, los expertos se echan las manos a la cabeza. "El impacto visual puede ser mayor que el de la construcción de una casa", asegura el profesor titular de Geología del Departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna, Ramón Casillas.

En este sentido, el docente reconoce que estos amontonamientos artificiales "son un elemento perturbador del paisaje". "Hay espacios naturales protegidos en los que , por ejemplo, no se pueden levantar construcciones y, sin embargo, están llenas de estas torres", puntualiza. El efecto es demoledor. "Modifican la belleza natural del lugar", añade Casillas.

Así lo opina también el montañero Pedro Millán, quien se ha topado con decenas de estos montículos en sus pateos por la Isla. Millán detalla que "no podemos alterar el paisaje a tu antojo, eso crea un efecto negativo en su riqueza". Según él, este tipo de prácticas generan "una banalización del paisaje natural". "Tenemos que valorar la naturaleza tal y como es. Es más, tenemos la obligación de proteger nuestros espacios, ya que son parte de nuestro patrimonio", señala.

Al efecto nocivo de las torres zen-como también se les denomina- sobre el paisaje se suma la alteración que pueden ocasionar en el suelo. "Al moverse y caer, las piedras generan erosión, lo que altera el estado del suelo", puntualiza Millán, una consecuencia que es mucho más devastadora en las zonas protegidas. "Su presencia en las costas no es buena pero en estos espacios es aún más grave", recalca.

Y es que las torres zen han llegado muy lejos. En concreto, hasta el Parque Nacional del Teide. Allí las descubrió ya hace unos meses el montañero Millán, quien detalla que los apilamientos se encuentran, sobre todo, en el sendero de Los Roques de García, "ya que es una de las rutas más sencillas y en las que, por lo tanto, se meten turistas que no son montañeros".

Pero no es el único lugar. Los montones también han aterrizado en la parte alta del Barranco del Infierno, en concreto en el sendero entre Taucho e Ifonche.

En esos espacios uno de los principales problemas es el daño que las rocas colocadas en supuesto equilibrio generan a la microfauna y flora que habita en su entorno. El geólogo de la ULL Ramón Casillas detalla que "alteran el hábitat de cualquier organismo que viva en la zona".

Para ser más concreto, habla de los perjuicios a "las plantas que podrían crecer en el espacio de suelo ocupado por las piedras o a los animales que transitan por el lugar o construyen sus madrigueras bajo la superficie que ocupan las rocas". Por su parte, Millán añade que "al estarse moviendo de un lado para otro, las piedras modifican el entorno de los pequeños insectos". El montañero sostiene que, aunque después se destruyan las torres, "el daño ya está hecho".

El experto en Geología recuerda que la primera vez que vio este tipo de práctica fue en la isla de Fuerteventura, concretamente en Jandía. "Me pareció algo extraño, había visto amontonamientos parecidos para marcar los senderos pero aquellos suelen ser mucho más bajos y pequeños", relata.

Desde entonces, la moda de las piedras zen "se ha extendido desorbitadamente". "Empieza a ser un desmadre por lo que hay que comenzar a pensar cómo regular, o, si se considera oportuno, erradicar estas prácticas", añade Casillas.

De momento, la realización de los montículos no conlleva ningún tipo de infracción. En este sentido, el experto señala que "se está convirtiendo en una costumbre que, hace años, no existía y, que, dado que está pasando a ser algo tan habitual y frecuente, es necesario reflexionar sobre la prohibición o la regulación normativa de esta práctica."

Para el montañero Millán, "este tipo de montículos no son permisibles". "Hay que tomar medidas, como puede ser un mayor control por parte de las administraciones", añade. Por ahora, las única solución pasa por una mayor concienciación ciudadana. "Se trata de costumbres importadas del mundo europeo y relacionadas con el budismo y la mística oriental", afirma Millán, quien agrega que "aquí no tienen cabida".

Por eso, hace un llamamiento a los tinerfeños para que "no imiten esta moda". Precisamente, esta es una de las razones por las que Millán y los montañeros invitan a destrozar los apilamientos. "Es la única forma de evitar que se reproduzcan".

El problema comienza a abordarse ahora en las Islas aunque en otros lugares, como Estados Unidos y, aún más cerca, en las Islas Baleares, la polémica ha saltado antes. En el archipiélago balear, han sido los agentes de Medio Ambiente los que han utilizado las redes sociales para advertir del peligro de esta moda extendida por toda las islas en los últimos años: "Si vas a hacer montoncitos, mejor en tu casa", afirman en un tuit, en el que también recomiendan: "Contempla, pasea, disfruta ¡pero deja el litoral como está!".


Un ´souvenir´ del Teide


  • Muy a menudo, los turistas quieren llevarse souvenirs gratis de la Isla. Hacer hueco en la maleta, junto al bote de mojo y la artesanía típica canaria, para subir al avión un trocito del Parque Nacional del Teide sigue siendo una práctica diaria entre los visitantes que dejan atrás Tenerife. Son cientos de piedras pómez, cayaos, fragmentos de lava volcánica y botellas llenas de arena negra, cuya recolección, aunque a los turistas no les quede claro, está prohibida en el Archipiélago canario.

    El Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional del Teide recoge en su artículo 5.2.2 que está prohibido "el arranque, cogida, recolección o extracción de cualquier material geológico". Sin embargo, en los controles de seguridad de los dos aeropuertos tinerfeños, tanto en el Norte como en el Sur, siempre hay, junto a los contenedores de plástico, una caja llena de piedras volcánicas. Recuerdos arrancados de las playas y montes isleños que, aunque en su mayoría vuelven a su sitio, salen caros al patrimonio natural de la Isla.

  • Aeropuertos:

    En los aeródromos tinerfeños cuando acumulan una cantidad considerable de rocas -más de dos toneladas de piedras - los trabajadores de AENA se ponen en contacto con la fundación del Parque Nacional del Teide, los encargados de volver a poner las piedras de donde no tendrían que haberse ido. Con la arena y el resto de materiales hacen exactamente lo mismo, depositarlas en las playas y los senderos de la geografía tinerfeña.

  • Otras islas

    Se trata de una práctica que no solo ocurre en Tenerife. En otras islas, como Lanzarote, la extracción de piedras también está de moda. Allí, los visitantes intentan salir del aeropuerto con piedras volcánicas procedentes de paisajes conejeros que, con suerte, son detectadas en los controles de seguridad previos al embarque o que, por despiste, se han dejado los visitantes en los coches de alquiler.

    Para evitar que los turistas sigan esquilmando la tierra isleña, Aena ha lanzado algunas campaña de sensibilización ambiental. El objetivo es que los visitantes sean más respetuosos con el patrimonio canario que vienen a disfrutar.


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