30 de enero de 2017
30.01.2017
Fiestas Romería en honor a San Antonio Abad

Bendito ganado en Buenavista del Norte

El municipio tinerfeño celebra un encuentro de animales que recorre las calles del casco

30.01.2017 | 02:31
Bendito ganado en Buenavista del Norte
Bendito ganado en Buenavista del Norte

Vacas, bueyes, ovejas, cabras, perros, caballos, burros y hasta canarios. Estaban llamados a ser los protagonistas de la jornada de ayer en Buenavista del Norte, municipio que celebra las fiestas en honor a San Antonio Abad. La tradicional bendición al ganado se completa desde hace casi 40 años con una romería, con lo que la tradición se convierte también en toda una fiesta. Cuando aún queda turrón en la despensa y mientras se empieza a pensar en los disfraces, los trajes de mago y el gofio visten a la localidad norteña con el ambiente añejo, con el homenaje a viejas costumbres de la población isleña.

Entre las curiosidades de la fiesta, al margen de ser tan tempranera en el calendario, se encuentra que el protagonismo de la fauna, con más presencia que en la mayor parte de las romerías de la Isla. Tal es así que Julián Segovia, uno de los ganaderos del pueblo, explica que de ahí parte la tradición: "Tengo 59 años y vengo desde los nueve con mi padre, porque todos los años se bendice al ganado", afirma entre orgulloso y nostálgico.

Acto del que se encarga el sacerdote de la Iglesia de Los Remedios, Juan Fernando González. Buenavistero de nacimiento, lleva apenas dos años al frente de la iglesia, a dónde llegó después de 21 años en La Perdoma. "Ser del pueblo tiene sus pros y sus contras", resume el cura mientras no cesa de repartir agua bendita a cada vecino que se acerca hasta él, en presencia de la imagen de San Antonio Abad.

Explica que la talla original fue pasto de las llamas durante el incendio que asoló Los Remedios a finales de los 90. "Esta es una copia", señala González, quien bromea con que "debajo tenemos la garrafa del agua bendita porque hay que reponer".

Y es que no solo los rebaños de cabras y ovejas o los bueyes y vacas son bendecidos. También los caballos, los perros de caza e incluso pájaros en su jaula. Es más, varias familias acercaron a sus canes, mascotas que en muchas ocasiones estaban vestidos con trajes o abrigos, para el párroco les bendiga. Si a los de fuera les puede sorprender tal cantidad de animales, especialmente a los turistas que se encontraron con la fiesta en medio de su paseo por el Norte de Tenerife, para los lugareños la tradición de bendecir el ganado se ha ido perdiendo.

Así lo señala Segovia, quien lamenta que "antes había más ganado, éramos más, pero los de siempre se van haciendo mayores y a los jóvenes aún no se les ha metido el gusanillo". Si fuera por la cantidad de pequeños que había recorriendo la feria de ganado, no sería de extrañar que en unos años la tradicional fiesta de Buenavista del Norte recupere ese esplendor que reclama el ganadero. Y eso a pesar que la romería en realidad sí que fue muy numerosa.

Miles de personas se dieron cita en la localidad, bien dentro del recorrido o bien para disfrutar de su paso o simplemente en la plaza principal a la espera de que carretas y romeros dieran por concluido el acto y comenzar a bailar al son de la orquesta. Ambiente, como suele decirse, sí que había incluso antes de que la romería se iniciara. A las 14:00 horas en punto, y una vez que el jurado hubo seleccionado a los animales merecedores de los premios, el sonido inconfundible de las chácaras y tambores anunció el baile de cintas que precedió a la imagen del santo.

Una suelta de palomas hizo a los presentes elevar la vista para contemplar como decenas de aves cruzaban el cielo. Dio así comienzo una romería en la que los animales, otra vez los animales, marcaron el paso. Rebaños y caballos desfilaron pacientemente ante la mirada curiosa de los noveleros, la mayoría vecinos del propio municipio, algunas asombradas por la majestuosidad de los animales y otras llenas de ternura, especialmente cuando se trató de pequeños terneros.

Las delicias de los más pequeños las hicieron los burros, que soportaron estoicamente como uno tras otro se iban subiendo a su lomo sin otra intención que posar para una foto de recuerdo. Al sonido de los cascos sobre el asfalto y los rebuznos o balidos les siguió el de las parrandas. Isas y folías acompañaron el paso de la docena de carros y carretas que, como es habitual, repartieron algo de condumio a los espectadores.

Huevos, gofio, pan con chorizo, algún pinchito y, por supuesto, un vaso de vino, fueron las viandas distribuidas a lo largo de las calles céntricas de Buenavista del Norte, con paso lento pero seguro y, sobre todo, ameno y divertido. Y cargado de tradición. Al menos así lo entienden los buenavisteros, con su párroco al frente, que confían en seguir homenajeando a San Antonio Abad en medio del jolgorio durante unos cuantos años más.

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