06 de enero de 2017
06.01.2017

La ilusión de los Reyes Magos de Oriente

La amenaza de lluvia dejó asientos vacíos en las gradas del Heliodoro Rodríguez López durante la recepción de Sus Majestades, que llegaron a lomos de sus camellos. El tiempo acompañó y los pequeños disfrutaron de lo lindo

06.01.2017 | 08:30
La ilusión de los Reyes Magos de Oriente
La ilusión de los Reyes Magos de Oriente

La inocencia que atesoran los niños cuando ven aparecer en el Estadio Heliodoro Rodríguez López a sus Majestades los Reyes Magos solo es comparable con el mejor truco de magia que se haya realizado jamás. Con sus ojitos abiertos de par en par para no perderse nada del espectáculo, con sus rostros irradiando la más pura de las ilusiones, los más pequeños de la casa muestran la felicidad más absoluta y de una forma tan especial que parece que el tiempo se detiene y sus padres, encandilados con la felicidad de sus hijos, se quedan absortos mirándolos mientras los recuerdos de su niñez comienzan a agolparse en la cabeza.

Los niños gritan lo más fuerte que pueden, hasta rasparse la garganta, los nombres de cada uno de los tres regios embajadores de Oriente. Es el ritual de cada año: "¡Melchor, Baltasar, Gaspar!", repite al unísono el publico entusiasmado; una y otra vez para los llaman hasta que comienzan a aparecer sus pajes por una puerta de la Avenida de San Sebastián -la señal inequívoca de que los tres reyes les siguen a pocos metros-. Ese momento de mágica tensión parece hacer del mundo un lugar mejor en el que todo es posible.

Tras bajarse de los deportivos descapotables, los ayudantes de los Reyes Magos flaquean la entrada por la que pronto aparecerán, montados en sus camellos, Sus Majestades saludando a todos los niños que ya no pueden aguantar ni un minuto más sentados. Sus padres les agarran del brazo para evitar que puedan caerse de la emoción con la que, obnubilados, siguen pronunciando los nombres de quienes entrarán en sus casas esa noche para dejarles los regalos que les pidieron en una carta, aunque a veces los Reyes Magos pueden confundirse u olvidarse de algún presente, pues la tarea que tienen encomendada para la madrugada del 6 de enero desde hace unos 2017 años es inmensa y son muchos millones de niños que esperan su regalo en todo el mundo.

Pero unos 45 minutos antes de que los Reyes Magos llegaran al estadio que es la casa del Club Deportivo Tenerife el resto del año, comenzaba una ceremonia interactiva que, bajo la dirección de Javier Caraballero y titulada La gran fiesta real, sirvió para entretener a los miles de menudos que fueron para ver a Sus Majestades de cerca, para comprobar de forma irrefutable que no son una ilusión o un invento de los mayores, sino que como cada año, llegan a todo el mundo desde sus lejanos países en Oriente.

La gran fiesta real, un cuento que se representó sobre el césped del recinto deportivo y que estuvo protagonizado por los habitantes de un castillo real en el que conviven una reina, una princesa, el famoso mago Merlín y el guardia del castillo.

Al principio de la representación, el pregonero del castillo puso en situación al público advirtiéndole de que la malvada bruja Cornelia intentaría, por todos sus medios, boicotear la llegada de los Reyes Magos a Santa Cruz de Tenerife e impedirles que por la noche pudieran entrar en las casas de los niños mientras duermen para dejarles regalos a los que se portaron bien a lo largo de todo el año y carbón, para aquellos que han hecho más de una trastada.

La Reina Lina es la encargada de custodiar la llave mágica que abre todas las casas de la ciudad y a ella fue la bruja para quitarle esa llave y esconderla. La monarca entonces llamó al famoso mago Merlín para que conjurara un hechizo con el que poder encontrar la llave que retenía la malvada Cornelia. Pero vaya mala pata que tenía ayer el viejo mago artúrico. Nada más entrar en escena se dirigió a la Reina Lina para hacerle una terrible confesión: Merlín había perdido su varita mágica y no podía ni hechizar ni realizar encantamiento alguno.

Así, ambos se retiraron del césped para ver si se les ocurría otro plan con el que convencer a la bruja Cornelia para que devolviera la llave maestra que abre todos los hogares. Antes, no obstante, llamaron a la princesa para que pensara también en un plan. Sin embargo, la joven hija de la reina solo quería bailar con el séquito de palacio. Dicho y hecho, la música comenzó a sonar en el estadio para diversión de todos mientras la princesa cantaba y bailaba acompañada de unos 600 bailarines y figurantes que intervinieron en las coreografías de las canciones. Esos habitantes del castillo son en realidad jóvenes que pertenecen a grupos coreográficos como Echeyde, Virgen del Mar, Bohemios, Crew of Dreams, Danza Tenerife, Are The Pump, Tenerife Dance Project, Yu Funk, Ballet Dance y Star Dance.

Al finalizar la canción, entraron de nuevo la Reina Lina y el mago Merlín quien, por haber perdido su varita y no poder hacer magia para encontrar la llave, decidió anunciar que se iba de "vacaciones". Esa decisión causó cierta desesperación entre las gentes del castillo y los niños del público que intentaron impedir su marcha. Y si la cosa no podía empeorar más, sí que lo hizo. La voz de la bruja Cornelia retumbó en todo el estadio jactándose de que nadie iba a poder encontrar la llave mágica.

A la reina se le ocurrió un plan y los niños tendrían que ayudarla a buscar la llave. Mientras tanto, la princesa volvió a entrar en el cesped para bailar de nuevo y, esta vez, lo hizo acompañada de personajes de dibujos animados como los Pitufos, Bob Esponja, Pluto, Mickey Mouse o los Minions, entre otros. Tras bailar la canción, la reina y el pregonero entraron de nuevo ya con su plan perfectamente estudiado y que comunicaron de inmediato a los niños: "A la bruja Cornelia hay que enamorarla para hacerla buena y que devuelva la llave", argumentó. El pregonero entonces cantó Cornelia, mi amor. La bruja no tardó en aparecer con la llave para entregarla y fugarse con el pregonero.

Con la llave ya en poder de la Reina Lina solo quedaba hacer lo que todos estaban esperando: llamar con todas las fuerzas a los Reyes Magos. Tras un larguísimo viaje, Melchor, Baltasar y Gaspar iban a realizar el último tramo de su expedición en helicóptero para llegar rápido al estadio. Pronto apareció en el cielo la aeronave con su ensordecedor ruido de rotor pasando sobre las cabezas de los niños. Tras dejarlos en tierra se marchó el helicóptero y al poco aparecieron los Reyes Magos a lomos de sus camellos. Los niños no podían más de la emoción y los nervios así que solo podían volver a gritar con todas sus fuerzas: "¡Los Reyes ya están aquí!".

Sus Excelencias se dirigieron al centro del campo para encontrarse con el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, y la edil de Fiestas, Gladis de León, quienes entregaron la llave mágica, esta vez no era la del cuento sino la de verdad, con la que los Reyes Magos pudieron abrir anoche las puertas de todas las casas de la capital tinerfeña mientras todos los niños dormían soñando con abrir regalos.

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