29 de diciembre de 2016
Fin de año Tradición y modas

A dos días para la cuenta atrás

Julio César estableció el 1 de enero como primer día de Año Nuevo y el papa Gregorio XIII lo extendió a todos los países católicos en 1582, tras la modificación de aquel calendario juliano

29.12.2016 | 01:56
Fuegos artificiales en el lago de la Plaza de Estaña, en Santa Cruz de Tenerife, en un Fin de Año anterior.

Las pruebas arqueológicas que registran la celebración más antigua del Año Nuevo llegan desde Mesopotamia, con el Akitu, un festival babilónico de hace más de cuatro mil años. Se festejaba en la primera luna nueva después del equinoccio vernal (o de primavera, en marzo); el día con la misma cantidad de luz solar y de oscuridad anunciaba el inicio de un nuevo año, que simbólicamente se representaba con una ceremonia en la que se coronaba al rey o éste renovaba su gobierno. En Roma, Julio César en el año 46 antes de Cristo, modificó el calendario para que tuviera sincronía con el sol y estableció como fecha de Año Nuevo el 1 de enero, en honor a Jano, dios romano de los comienzos. Algunos líderes cristianos consideraron, siglos después, que esa fecha era pagana e instauraron el inicio del año entre el 21 y el 25 de marzo.

No sería hasta 1582 cuando el papa Gregorio XIII dispuso, de nuevo, que el 1 de enero fuera el primer día de Año Nuevo para todos los países católicos, sustituyendo el calendario juliano. El cambio no tenía nada que ver con el paganismo, sino por el gran desfase que, con el transcurso de milenio y medio, se había producido hasta el punto de que aquel año el equinoccio vernal o de primavera se había adelantado al 11 de marzo (diez días antes). El Pontífice quiso adaptar aquella realidad cronológica al calendario litúrgico y ese año hizo desaparecer, en el mes de octubre, diez días. Poco a poco, las restantes naciones lo incorporaron también, siendo los rusos los últimos en hacerlo, en 1917.

No obstante, el calendario gregoriano tampoco es exacto, el próximo 1 de enero comenzará el año 2017, pero como se estructuró sobre un error de cálculo cometido por el monje Dionisio, el Exiguo al fijar entre cuatro y cinco años antes el comienzo de la era cristiana, la fecha sería otra bien distinta. El monje estableció que Jesús había nacido el 25 de diciembre del año 753 ab urbe condita -desde la fundación de Roma-, pero erró en cuatro años, ya que Herodes llevaba muerto ese tiempo y era imposible que hubiera podido entonces mandar la matanza de los inocentes. Ese error no se ha subsanado a pesar de que en el mismo siglo del papa Gregorio XIII, el astrónomo Johann Kepler, tomó la aparición de la estrella de Belén, que en realidad se identifica como una triple conjunción de Marte, Júpiter y Saturno, para datar el nacimiento de Jesús, dando una fecha estimada a mediados de septiembre del año 7 y no en diciembre del año 1. Esto significa que el próximo 31 de diciembre no habría que brindar por el año nuevo de 2017, que ya habría pasado, sino por el año 2024.

Hay países que manejan un calendario civil basado en el gregoriano, pero celebran su año nuevo en función de otras tradiciones históricas o religiosas. Así, el Año Nuevo chino comienza entre enero y febrero con la primera luna nueva de Acuario; Los judíos celebran el Rosh Hashaná (cabeza de año) en el mes de Tisri del calendario hebreo, que equivale a septiembre u octubre del gregoriano; y entre los musulmanes, el Año Nuevo se celebra en el mes de Muharram que, como obedece a un calendario lunar, cae en cualquier mes del año.

En cuanto a la fecha también hay disparidad entre diferentes culturas: los chinos viven en el año 4714 del Mono y el próximo 18 de febrero recibirán al 4715, año del Gallo.

Los judíos viven en el 5777, que establecieron a partir de la supuesta fecha expresada en el Antiguo Testamento como nacimiento de Adán. Los musulmanes, cuyo almanaque comienza con la huida de Mahoma a Medina en el año 622, restan esa cifra al año gregoriano, por lo que viven en el año 1394.

Una noche de fiesta

Caiga cuando caiga en el calendario, todas las culturas y países tienen al Año Nuevo como la fiesta más popular. El año 2016 acabará en dos días y unas pocas horas y cuando llegue ese final muchas son las tradiciones y los simbolismos que se repiten en Noche Vieja en los hogares de gran parte del mundo para recibir el año nuevo. Muchos de esos rituales tratan de atraer la salud, el dinero y el amor. La tradición se ha ido confundiendo con la superstición por lo que en muchos lugares se han extendido tradiciones para ahuyentar la mala suerte.

Las 12 uvas y las campanadas. En España, la tradición marca tomarse 12 uvas al son de las 12 campanadas de media noche, con el fin de traer suerte para los 12 meses del año nuevo. Esta tradición de Nochevieja tiene su origen hace 108 inviernos, cuando en 1909 hubo un excedente de cosecha de uvas y en las casas se aprovechó para tomarlas la última noche del año. En el siglo XIX, los burgueses habían instalado esa costumbre para dar la bienvenida a los 365 nuevos días, así que, aquel excedente de fruta vino a democratizar el ritual.

108 campanazos. En Japón también despiden el año con campanadas... pero no doce. La tradición -que recibe el nombre de joya no kane- obliga a que durante la transición de Nochevieja a Año Nuevo se toquen 108 veces las campanas de los templos budistas nipones. Con cada tañido del metal se esfuma uno de los 108 pecados que el ser humano tiene por defecto, evitando así caer en la tentación de llevarlos a cabo.

Cenar lentejas. Símbolo de riqueza y dinero, un buen plato de lentejas no puede faltar en la mesa de ningún italiano en la cena de Nochevieja. Cuantas más se coman, más abundancia, riqueza y dinero se podría esperar. Es una creencia que viene de lejos, ya que en época romana se regalaban en esta fecha esas legumbres con la intención de que se convirtieran en monedas de oro. Aunque nada hay probado sobre un aumento del preciado metal, sí es sabido que aportan hierro a nuestro organismo, un metal que no es precioso, pero sí fundamental para la salud.

Ropa interior de color rojo. La costumbre más extendida es la de vestir ropa interior de color rojo para atraer el amor en el nuevo año, pero también se puede elegir el amarillo para atraer dinero, o el verde para la salud. Como casi todas las tradiciones tiene un origen confuso, pero hoy está plenamente arraigada en España.

Lunares filipinos. Un estampado tan andaluz como los lunares es el que usan en Filipinas, donde se asocian los topos con las monedas debido a su forma circular, un concepto similar al de las lentejas en Italia. También se vincula a la buena suerte, por lo que las calles filipinas se visten de lunares el 31 de diciembre. Da igual el tipo de prenda que sea, pero es importante que la ropa lleve al menos un bolsillo para meter monedas que se deben hacer sonar cuando el reloj marque la media noche.

Besar a alguien. En Estados Unidos y también en algunos países latinos, lo primero que se tiene que hacer después de celebrar la entrada del año es elegir a una persona y besarla con el fin de atraer el amor para el nuevo año. Puede que sea la entrada al nuevo año más romántica si la persona que se tiene al lado permite el beso, si no, es probable que se empiece el año con mal pie, un rapapolvo y un buen guantazo. Aunque no se conoce el origen de este rito, la más extendida señala a la época romana, al festival de Saturnalia, donde todos los asistentes se besaban.

Quemar lo malo del Año Viejo. En algunas regiones de México, Perú o Venezuela suelen elaborar un muñeco hecho con trapos viejos y rellenarlo con cohetes, en algunos casos, para prenderle fuego y simbolizar la quema de lo malo que ha habido el año que se deja atrás. En algunos países de Europa, el fuego o los fuegos artificiales se lanzan también para simbolizar la misma idea.

Tirar agua. En Uruguay es costumbre la noche del 31 de diciembre tirar un cubo de agua por la ventana para lanzar con él las posibles malas vibraciones de la casa y dejarla limpia de estas energías para el Año Nuevo.

Fundir plomo. En Alemania y también Austria es costumbre llevar a cabo la llamada Bleigieben que consiste en quemar una figura de plomo sobre una cuchara con una vela hasta que se funda y verter el líquido en un vaso de agua. La figura que resulte pronosticará lo que el Año Nuevo traerá. El proceso de adivinación sigue, según cuentan, los mismos pasos que la lectura de los posos del café.

Dinero en los zapatos. La fortuna y la permanencia del patrimonio están asegurados, según la tradición popular en muchos países cuando se tiene siempre los bolsillos y los zapatos llenos de dinero. También beber de una copa de champagne con oro dentro es un ritual muy extendido para atraer la fortuna el año próximo.

Saltar y romper platos. En Dinamarca es tradición subirse a una silla con la primera campanada de Nochevieja y terminar saltando de ella con la última para atraer la fortuna. Así que esa noche no es raro ver a chicos y grandes, a jóvenes y ancianos, subidos al mobiliario del salón para luego saltar con gran estruendo. Lo de romper platos, una práctica que puede ser peligrosa, pero también desestresante, se hace justo después de la entrada en Año Nuevo. En tiempos más recientes, quizás más civilizados, se coloca la vajilla rota en la puerta de las casas de los familiares, allegados y amigos, de aquellos seres queridos que se sentirán encantados de encontrarlos al salir de casa pues representa el cariño que les tienen y simboliza un buen presagio. En la antigüedad, y aún hoy en algunas zonas de Escandinavia, la loza se estampaba contra las puertas de las viviendas, en lugar de colocarla ya rota como se ha extendido hoy en día.

Llegar el primero a casa. No es una carrera en sí, pero algunos tintes comparte. Se trata del First Footing que se celebra en Londres y consiste en llegar el primero a casa de amigos y familiares después de las campanadas para ser el portador de la buena suerte para el año que entra. Si además, se va con algún regalo como dinero, pan o carbón, se asegura que no falte ninguno de esos productos.

Monstruos. Edimburgo no se conforma con una única fiesta. Esta ciudad escocesa ofrece una despedida única cada al año en la que las calles se llenan de gente asombrada por el espectáculo al que asisten sus ojos. Hogmanay es el nombre de esta celebración plagada de costumbres ancestrales de la que no se conoce la procedencia exacta. La palabra con la que se bautiza a esta fiesta también trae de cabeza a los expertos, que no determinan con precisión si es de origen francés, celta o normando. La fiesta engloba una cabalgata de luz, fuego y actores vestidos de vikingos -Torchlight Proccession- que enciende la hermosa Royal Mile, calle por excelencia de Edimburgo. La exhibición de danzas Off Kilter tampoco defrauda, que engloba desde baile contemporáneo a los antiguos con la tradicional kilt -falda escocesa-. Gaiteros, teatro callejero, fuegos artificiales... Un derroche de diversión, vamos.

Carnaval. Un día después de Año Nuevo, las calles de Ciudad del Cabo se visten con los colores del arcoiris para pasear su Tweede Nuwe-Jaar. Literalmente, el nombre que recibe este carnaval tiene que ver con el momento en el que se celebra, puesto que significa "Segundo Año Nuevo". Miles de personas salen a disfrutar de la música, el colorido y las comparsas que transitan por las avenidas. Bailes, disfraces, comida típica. La diversión está asegurada en esta original celebración de fin de año que ya se ha convertido en toda una tradición en esa urbe del hemisferio sur, que se celebra el 2 de enero.

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