09 de diciembre de 2016

Un valle con encanto

La Orotava, Puerto de la Cruz, Los Realejos o Icod de los Vinos son destino perfecto para desconectar

22.12.2016 | 23:45
Un valle con encanto

Uno de los fenómenos más llamativos del clima de Tenerife es que durante el invierno se mantienen unas temperaturas agradables y cálidas en cualquier punto de su litoral, mientras la vista se deleita en el paisaje completamente nevado del Teide y en las olas rompiendo en la orilla. Llama la atención también la variedad de microclimas que se encuentran en Tenerife, y que favorecen a una gran variedad de especies vegetales.

En el norte de la isla, expuesto a la acción de los vientos alisios, se puede diferenciar entre la zona de costa, con una temperatura media que oscila entre los 19ºC y los 23ºC gracias a la influencia del mar. En este norte, hay una Tenerife menos frecuentada por el turismo de masas en la que todo sucede alrededor de una mesa y en la que la playa casi es lo de menos..

La Orotava


"Me voy casi con lágrimas en los ojos. Quisiera venir a vivir aquí". Éstas fueron las palabras que el famoso naturalista alemán Alexander Von Humboldt escribió, a finales del siglo XVIII, a su hermano tras recorrer Tenerife. Especialmente maravillado le dejó el Valle de la Orotava, a cuyo famoso mirador da hoy nombre, el mirador de Hum-boldt. La cara norte de la Isla es verde, frondosa y húmeda. Alberga pueblos muy distintos que el turista no puede dejar de visitar. Un museo al aire libre. Eso es La Orotava. Según los expertos, está en la lista de los pueblos más bonitos de España, y su casco antiguo fue declarado monumento de interés histórico artístico nacional. Todo un placer para los sentidos.

Sus calles son empinadas y combinan la estrechez y el empedrado con vías anchas y modernas. Caminar con calma por ellas es una acción obligada: cada rincón esconde una estampa digna de ser fotografiada. No pueden dejarse atrás las iglesias de San Agustín y de la Concepción, esta última, declarada monumento histórico nacional, el Ayuntamiento o la Casa de los Balcones, una espléndida mansión del siglo XVII. Toda la cara norte de la Isla está llena de restaurantes y tascas en los que se ofrece lo mejor de la cocina canaria.

Puerto de la Cruz

Si La Orotava es tradición, Puerto de la Cruz es ocio. Este pequeño pueblo de pescadores recibió a finales del siglo XIX a los primeros viajeros, que venían atraídos por un clima primaveral. Con los años se ha convertido en la ciudad más turística del norte de Tenerife. A cualquier hora, sus calles están siempre llenas de gente. Turistas que se quedan enganchados a ella y residentes enamorados de esta zona de la Isla.

Puerto de la Cruz está lleno de hoteles de todas las categorías, de tiendas, de terrazas, de vida y también de relax. Lo comprobarán el visitante al sentarse en uno de los bancos de la Plaza del Charco. Pero lo mejor es pasearlo. Da gusto caminar por la avenida que la recorre bordeando el mar desde Playa Jardín hasta Punta Brava.

De arena negra. Así son las playas del Puerto, de arena volcánica, como se las encontraron los guanches y como permanecen hoy, casi intactas. Su exotismo cautiva a todo aquél que transita por ellas. Tienen algo mágico, que deja atrapado al visitante y al residente. Playa Jardín es una de las playas de las que más presumen los portuenses.

¿Imaginas ver un pingüino a tan sólo unos metros? En el Puerto es posible si se visita el Loro Parque, uno de los parques temáticos más espectaculares del mundo y en el que conviven especies de todo el planeta en plena armonía. El show de las orcas y delfines es divertidísimo, y su colección de loros y papagayos es la mayor del mundo.

Los Realejos


La brisa se ha hecho amiga de Los Realejos. Es el Olimpo del parapente y la cuna del surf en el norte de la Isla. Y lo mejor: se pueden practicar todo el año. A medida que el visitante se adentra en el municipio el verde se intensifica, y un ejemplo de ello es el paraje natural de la Rambla de Castro, que conserva uno de los palmerales más extensos de la Isla. Más de la mitad de este municipio es espacio protegido, un decorado perfecto que rebosa salud por los cuatro costados. El Senderos del Agua recorre toda la Rambla de Castro, y los paisajes que se ven durante el camino son únicos.

Este mágico entorno está situado en el municipio de Los Realejos. Cuenta con cinco espacios naturales protegidos, cada uno más espectacular que el anterior por sus paisajes y vegetación. En la costa, la Playa del Socorro ofrece momentos de relax marino, es meca para quienes disfrutan con el surf, y practicar buceo en sus fondos es una maravilla. Los amantes del parapente cuentan también con uno de los mejores lugares en este municipio para practicar su deporte favorito. 

En la zona del Realejo Alto está la iglesia de Santiago Apóstol, que fue el primer templo cristiano erigido en Tenerife, y en el Realejo Bajo, la Hacienda de los Príncipes (S.XV) que contó con el primer ingenio azucarero de Tenerife. Un tríptico perteneciente a la escuela flamenca de principios del siglo XVI enriquece su patrimonio desde poco después de su construcción.

Icod de los Vinos


El norte de Tenerife es rico en paisajes y contrastes. Una vez que la moderna autopista que lo recorre abandona el Valle de la Orotava, los municipios de San Juan de la Rambla, La Guancha e Icod de los Vinos ofrecen sugerentes parajes forjados por su tradición agrícola y pesquera y la propia y agradecida naturaleza.

Y también núcleos poblaciones de valioso carácter histórico. Para visitarlos es necesario tomar la carretera TF-351, que llega hasta la Villa de San Juan de la Rambla y después hasta La Guancha, donde el barrio de Santa Catalina conserva muestras de la arquitectura popular de las Islas.

El Drago Milenario

Con el permiso del resto, Icod de los Vinos define, casi al cien por cien, la arquitectura canaria con casas bajas, con balcones y techos de madera y callejuelas empedradas.

Justo en el centro duerme el Drago Milenario, unos de los ejemplares más antiguos del mundo que se conocen de este llamativo árbol. Te faltarán brazos para rodearlo: se sostiene sobre una base de 20 metros de perímetro y alcanza los 16 metros de altura. Dicen quienes lo visitan que despierta ternura.

La Cueva del Viento

La Cueva del Viento, en Icod de los Vinos, es el mayor tubo volcánico de Europa. Mide 17 kilómetros de longitud en sus varias alturas, y una visita a su interior te permite entender mejor cómo la naturaleza puede crear cosas alucinantes. La excursión es todo un descubrimiento, especialmente por el silencio y oscuridad que reina en sus intrigantes profundidades.

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