Las Fuerzas Armadas se lucen en el Sur

El compromiso de los besos patrios

Adeje acoge por primera vez una jura de bandera para la población civil, que hicieron cientos de personas. Tres paracaidistas de Alcalá de Henares surcaron el cielo tinerfeño para aterrizar en el campo de fútbol

10.10.2016 | 04:00
El compromiso de los besos patrios
El compromiso de los besos patrios

Cientos de personas besaron ayer la bandera de España para sellar su compromiso personal con el país en un emotivo acto que convirtió a Adeje por un día en el epicentro de las Fuerzas Armadas en Canarias. El momento más emocionante comenzó con un sol deslumbrante que desplegó su manto sobre la villa, desde cuyo cielo cayeron tres paracaidistas para aterrizar sobre el césped del Campo Municipal de Fútbol con aplausos y vítores como bienvenida.

Tras un silencio sepulcral Adeje retumbó: "¡Viva España!", "¡Viva!". Y empezó a sonar el himno nacional. Sí, definitivamente había comenzado el acto de Jura de Bandera para personal civil con motivo del Día de la Fiesta Nacional, organizado por el Mando de Canarias y el Ayuntamiento de la Villa. El municipio se había preparado bien: calles cortadas con vallas, zonas reservadas y mucho, mucho orden , es decir, lo esperado en un acto del Ejército.

A pesar de ser domingo, cientos de personas se hicieron con las calles adejeras para llegar hasta el Campo y vivir este día especial en el que por primera vez un municipio del Sur de Tenerife acoge una Jura de Bandera, enmarcada además en las Fiestas Patronales de Adeje. Las 385 personas que se habían inscrito para realizar la Jura -para lo cual solo es necesario ser español y mayor de edad-, se sentaron en una zona a ras de suelo, mientras que el público llenó las gradas del espacio deportivo y las habilitadas para la ocasión justo enfrente, en las que se contó más de un paraguas para apaciguar el fuerte calor. En medio, 400 militares de diferentes unidades del Mando de Canarias.

Los militares, de punta en blanco, los civiles, de todo un poco: hay quien acudió con una vestimenta informal y hay quien se puso sus mejores galas, abanico de toro de Osborne incluido.

El teniente general jefe del Mando de Canarias, Pedro Galán García, y el alcalde de la villa, José Miguel Rodríguez Fraga, dieron comienzo a la Jura de Bandera, que es además un derecho civil. A continuación, el máximo responsable militar en las Islas pasó revista a las tropas reunidas, de las que cada vez es más frecuente distinguir mujeres. Entre las filas de hombres del Ejército se pudo distinguir a Guillermo de Jorge, el poeta soldado, conocido por los versos en los que cuenta su experiencia en los destinos de su carrera militar. Unos toques de trompeta confirmaron el visto bueno del teniente general y dieron paso al siguiente punto: mirar al cielo.

La expectación se hizo con los presentes. Las nubes cegaron la visión por unos momentos pero se oía cómo se acercaba el helicóptero Chinook. Entonces se vieron: tres hombres de la Brigada del Ejército de Tierra llegados desde Alcalá de Henares, Madrid, se precipitaron al vacío desde 1.200 metros de altura con alas de color rojo y amarillo. Más de uno confesará que dudó de la puntería de los madrileños porque parecía que no iban a llegar al artificial césped adejero. Pronto los soldados silenciaron la desconfianza demostrando un gran virtuosismo en la precisión de sus saltos, llegando justo al punto deseado, uno tras otro. Y eso que el tercero portaba, además, una gran bandera de España desplegada. Pocas veces se puede ver en las Islas semejante demostración. Una bandada de aplausos y vítores finalizaron la caída.

El coronel jefe del Régimen de Infantería Tenerife 49, Juan Luis Castells, leyó entonces a voz en grito el texto oficial de la Jura de Bandera, en el que se les preguntas a los que están a punto de sellar este pacto patrio si "ustedes, españoles", juran o prometen guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, con lealtad al Rey y dar la vida por defender el país si fuera preciso. "Sí, lo hacemos", contestaron al unísono militares y civiles. Entonces, las casi 400 personas que se inscribieron para sellar este compromiso se fueron levantando, muy ordenadamente, como el personal militar les indicaba, y caminaron hacia una de las tres banderas llevadas hasta Adeje para ser besadas. Una de estas telas con tanto significado para muchos vino expresamente de Las Palmas de Gran Canaria. Entre los juramentados se distinguía a una mayoría de personas mayores -ayudó que la asociación de mayores del municipio se hiciera eco del evento-, sobre todo mujeres , pero también hubo adultos y algún joven. Los tacones y zapatos fueron desfilando por el césped para dejar en la bandera este acto de amor. A muchos se les notaban los nervios y otros fueron incapaces de aguantar las lágrimas. Las personas con movilidad reducida fueron las últimas en dejar su ternura en la tela.

Un ejemplo del respeto de las Fuerzas Armadas por este solemne acto es que un general que tuvo que trasladarse durante la Jura tuvo el detalle de aguantar las medallas de su pecho con una de sus enguantadas manos mientras caminaba para no hacer ruido. De nuevo tomó la palabra el coronel Juan Luis Castells para dar un discurso en el que se dirigía a los ciudadanos recién juramentados para confesarles que "no sé si les desilusionará o aliviará saber que las Fuerzas Armadas nos seguiremos encargando de la seguridad de España". Castells explicó que "a España se la defiende desde las aulas o generando desarrollo económico, se la hace grande dando servicios de calidad a sus ciudadanos". "El trabajo de todos engrandece a España", añadió el coronel, quien dejó claro que "estamos configurando la nación que disfrutarán nuestros hijos". A pesar de que el juramento incluye esa posibilidad de dar la vida por la patria, Castells dijo que "para defender España no es necesario empuñar un arma, basta con que se sientan orgullosos de ser españoles, y a cambio les ofrezco la satisfacción de que allá donde se desplieguen nuestros soldados estará España y estarán ustedes". Para terminar, el coronel pidió en alta voz: "¡Ciudadanos, soldados, gritad conmigo: Viva España, el Rey y el Ejército!".

Tras este momento de euforia colectiva y patriotismo, llegó un ambiente más triste con el homenaje a los que han dado su vida por España. Una corona de laurel fue colocada en un monolito para recordar a los caídos a la vez que sonaba La muerte no es el final, una marcha lenta de origen religioso que interpretó la banda militar con las voces desgarradas de sus compañeros, que la cantaron. El estadio se puso en pie. Al terminar y tras un toque de oración, una salva de fusilería terminó el homenaje.

Comenzaba entonces el momento de desalojar el espacio deportivo para llenar las calles y disfrutar del desfile de estos 400 militares del Mando de Canarias.

La adejera María de los Ángeles Díaz, de 72 años, no se quiso perder esta "experiencia nueva que me ha emocionado mucho". "Me puse nerviosa porque no sabía si tenía que hacerles un gesto con la mano a los soldados que sostenían la bandera y yo se los hice por si acaso", explicó entre risas esta tinerfeña nacida en Vilaflor. "Me sentí muy bien besando la bandera", asegura.

El granadino convertido en adejero Ricardo López, de 56 años, se quedó encantado con el acto. "Se me saltaron las lágrimas", dijo el policía nacional, que vino con su amigo Stuardt Smith y su hija, Rosi.

Las también peninsulares afincadas en la Isla Josefa Amil y María del Carmen Baena, unas noveleras de 68 y 70 años, respectivamente, se pusieron sus mejores vestidos, en tonos lila, para vivir la Jura, de la que salieron privadas. "¡Fuimos las primeras en salir a besar la bandera, me dio hasta un telele!", cuenta Baena, quien confiesa que "¡me gustan los uniformes como a nadie!".

Fuera, ya no se distinguía a los que prestaron juramento del público: todos vieron de la misma manera el solemne desfile con el que el Mando de Canarias agradeció el recibimiento y los besos patrios.

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