09 de septiembre de 2016
09.09.2016
Educación

Ganas y mucho sueño en la vuelta al cole

Los centros abren sus puertas para comenzar un nuevo curso tras más de dos meses de vacaciones - En Chimisay, con unos 150 alumnos, los nervios se unen a las ganas por encontrarse con los amigos

09.09.2016 | 08:24
Ganas y mucho sueño en la vuelta al cole
Ganas y mucho sueño en la vuelta al cole

Un reto emocional

  • Expertos en pediatría alertaron ayer de que las enfermedades crónicas suponen un reto emocional y psicológico para los alumnos a la vuelta al colegio, ya que no quieren sentirse diferentes a sus compañeros. Dichas dificultades pueden derivar en una incapacidad para controlar los síntomas o medicación, mientras que en los adolescentes, pueden llegar a prescindir del tratamiento por su cuenta para seguir haciendo una vida lo más parecida a su grupo de amigos. Por ello, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha proporcionado a los padres y colegios material educativo sobre el cuidado de niños con diabetes o asma para obtener las habilidades necesarias. Si un alumno padece una enfermedad crónica como alergia crónica, asma, diabetes, celiaquía, intolerancia a determinados alimentos o algún problema en su desarrollo es importante que lo sepan en su centro escolar. Los educadores son claves en la detección de algunos problemas de salud que pueden interferir en el proceso de aprendizaje del niño, como los problemas de visión o trastornos del lenguaje. "La comunicación entre padres y profesores es un pilar clave en la buena salud física y emocional de nuestros hijos", ha señalado la pediatra y presidenta de la AEPap, Concepción Sánchez. Los expertos recomiendan preparar a los niños unos días antes para que vayan adquiriendo los hábitos perdidos durante el verano. Efe

Han pasado más de dos meses de vacaciones y cuesta levantarse temprano. Algunos abandonan a sus padres por primera vez -tan solo por unas horas- y otros acuden a clase para reencontrarse con sus amigos. Toca jugar pero también aprender. Los colegios abrieron ayer sus puertas para comenzar un nuevo curso y lo hicieron con energías renovadas, como ocurre cada septiembre.

Durante los próximos nueve meses toca aplicarse para aprobar todo y seguir avanzando. Ilusión, ganas y una enorme sonrisa que se mezcló con algún llanto en el momento de la despedida. El colegio de Chimisay, en Ofra, recibió ayer a sus aproximadamente 150 alumnos con los brazos abiertos. Llevan semanas preparándolo todo para el gran día, ese en el que regresan muy morenos por haber ido mucho a la playa, y con la mochila cargada del material que tienen que dejar en las aulas.

Había ansías por empezar y eso se notó en la puntualidad. Todo estaba perfectamente organizado para abrir las puertas: los de infantil entraron por la zona de secretaría y los mayores, los de Primaria, directos por otra puerta a sus clases. Acompañados de sus padres, que no quisieron perderse el momento, volaron besos y cortas despedidas entre adultos y niños.

Algunos padres, después de que los profesores los llevaran hasta sus clases, comprobaban si están admitidos o no en el comedor. Alguno regresaba incluso, después de abandonar el hall, para preguntar por segunda vez a qué hora era la salida. El despiste tras el periodo estival no solo lo tienen los más pequeños y para algunos padres, muchos más de los que lo reconocen, la vuelta al cole supone un alivio para poder ir a trabajar sin preocuparse por qué abuelo ejercerá de canguro. Otros, también muchos, echarán de menos los gritos para ver los dibujos, el tenerlos revoloteando por la casa y sentirse obligados a hacer planes para que salgan de casa.

Aunque Maikel Molina tiene tan solo cinco años, el de ayer fue su primer día en el colegio de Chimisay. Este curso que comienza ha tenido que cambiar de centro y, aunque es algo tímido, su madre sabe que no tendrá problemas para hacer nuevos amigos de forma rápida como ya le ocurrió en su anterior colegio.

Hadja y Djubairu Li, dos hermanos de cinco y seis años, respectivamente, no aguantaban ayer las ganas de saber qué clase les tocaría para pasar todo este curso. La noche anterior les costó dormirse temprano y aunque fue duro levantarse de la cama a primera hora tenían mucha ilusión por comenzar lo que para ellos es una auténtica aventura, a pesar del desembolso económico que para su madre, Yurena Marín, supone empezar otro año más las clases. Ellos sí que repiten en el colegio, así que se mueven como si estuvieran en casa. Los profesores los conocen, como ocurre con la mayoría de los alumnos que cursan estudios en la zona, algo que suele ser habitual en un centro pequeño pero sobre todo muy familiar para todos.

Aunque hay muchas plazas de aparcamiento en la calle y la puntualidad fue la tónica predominante se escuchaban algunas pitas de conductores que deseaban salir pero que eran bloqueados por vehículos aparcados en doble fila por haber llegado unos minutos más tarde de la hora. Con la vuelta al colegio también regresan los atascos a la carretera.

A jugar

Israel, Ancor, Adriana, Sarah, Nicole, Alexis... Son muchos los nombres que hay que aprender en la clase de infantil de tres años. La mejor manera de hacerlo es jugando y construir una torre, apilándola entre todos, es una buena forma de estrechar lazos. Lucía Delgado, la profesora responsable de este curso, se mostró ayer entusiasmada con el nuevo curso. "Siempre es una ilusión nueva, empezar de cero", reconoció.

A esta edad la diferencia entre un niño y otro puede ser abismal. Hay quien entró llorando y no acabó hasta pasado un buen rato y quien entre risas animaba a los demás a divertirse.

Durante los años que estén en este colegio tienen tiempo de entretenerse aprendiendo. Para contar los proyectos que tienen puestos en marcha -y las ideas que van surgiendo- faltan dedos en las manos. Este año apuestan más que nunca por las nuevas tecnologías y la incorporación de tabletas en las aulas. También el inglés se ha convertido en una prioridad.

El reciclaje, los huertos ecológicos o el ahorro de energía también forman parte de las propuestas que desarrollan y que involucra no solo a los alumnos sino a toda la comunidad educativa. Además, el de Chimisay es un colegio preferente para discapacitados auditivos, lo que supone un añadido a su propuesta educativa.

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