Senderismo

Los exploradores de la cima de Tejina

Un grupo de menores de los talleres de verano del Museo de la Naturaleza y el Hombre realiza una ruta por la meseta para descubrir las curiosidades de este paraje tinerfeño. Aprenden sobre la flora y la fauna endémica

19.08.2016 | 01:52
Los exploradores de la cima de Tejina
Los exploradores de la cima de Tejina

"Ha sido la mejor excursión que he hecho en mi vida". Con estas palabras definía Adriana Faura la caminata que acaba de realizar hasta la Meseta de Tejina, en la que pudo aprender junto a 16 de sus compañeros de los talleres Menudos Exploradores cómo había sido la formación geológica de este paraje tinerfeño y las especies de plantas y animales que pueden encontrarse por el camino. Alcornoques, zarzas o cornicales fueron los compañeros de viaje de estos pequeños excursionistas que lograron coronar la cima de esta montaña.

La aventura comenzó a media mañana cuando los menores se prepararon para atravesar a el primer tramo del camino, que se adentraba en las calles del pueblo teguestero. Poco después empezaba lo más divertido, ascender por un camino de piedra y tierra que les llevó serpenteando hasta la meseta por el llamado sendero de las Peñuelas.

Aunque algunos mostraron cierta reticencia a emprender el camino, todos se mostraron encantados en cuanto subieron unos metros y pudieron admirar la vista del Valle de Tegueste. "¡Qué bonito!", fue el sonido unísono que pudo escucharse cuando divisaron observaron este paraje en el que el pueblo aparece enmarcado por un hermoso y verde paraje. Desde allí intentaban buscar a los más pequeños del grupo, que se habían quedado descubriendo otra zona del municipio.

Una de las menores que no estaba muy convencida de que le fuera a gustar la experiencia fue Julia Florida, quien manifestó que no le gustaba nada caminar. Sin embargo, su hermano Juan de nueve años aseguró que estaba bastante acostumbrado a hacer senderismo, porque "en todos los viajes vamos uno o dos días a caminar".

El Cola Cao que había desayunado Adriana Faura le dio fuerzas para subir un primer tramo, pero a medio camino tanto ella como el resto de los exploradores necesitaron realizar una parada para coger fuerzas antes del tramo final. Bocadillos, cereales o galletas hicieron que los excursionistas recobraran la energía necesaria para continuar el camino.

Sin embargo, algún que otro despistado se había dejado la comida en casa, pero los más olvidadizos pudieron también reponer fuerzas gracias a a la solidaridad de sus compañeros, que no dudaron en compartir sus desayunos con los más despistados. Hubo incluso quien se atrevió a repartir con algunos compañeros de camino muy especiales, los lagartos, que también hicieron buena cuenta de los trozos de sándwich que alguno de los jóvenes les acercaban.

Los menores también pudieron aprender que en el campo existen plantas que pueden sacarlos de un apuro si les entra un hambre repentina. Este es el caso de las zarzas, una planta que aunque les causó algún que otro rasguño con sus espinas, también produce un fruto muy sabroso, las moras.

Los jóvenes exploradores desayunaron a la sombra de un alcornoque, un árbol introducido en la Isla para satisfacer la demanda de la industria vitivinícola, que lo necesitaba para extraer el corcho para fabricar los tapones de las botellas de vino.

Tras un último esfuerzo, los excursionistas llegaron a la cima de la montaña desde donde pudieron divisar todo el Valle de Tegueste, pero también el núcleo de Bajamar al otro lado. Fue allí donde la técnico del Museo de la Naturaleza y el Hombre, Esther Martín, les explicó que el sitio donde estaban asentados había sido formado por una gran colada de lava, cuando la Isla era mucho más alta de lo que es hoy en día y que la erosión de los barrancos había provocado que la montaña adquiriera la forma que tiene hoy en día.

El monitor de Anaga Experience que dirigía la ruta, Cao Sánchez-Serrano, llamó la atención de los menores para que observaran las antiguas terrazas que se utilizaban para cultivar y que en la actualidad están abandonadas. Los pequeños excursionistas también pudieron localizar una era, un lugar que se utilizaba para trillar el trigo. "Antes aquí se cultivaban papas, viñas y otros productos, pero ahora ya no se hace", manifestó el guía de Anaga Experience.

Después de admirar el paisaje, el grupo emprendió la vuelta a la Villa teguestera, un regreso en el que no faltaron las risas y algún que otro resbalón.

La de ayer fue una de las excursiones realizadas por los talleres Menudos Exploradores que organiza durante el verano el Museo de la Naturaleza y el Hombre. La monitora de Suma Gestión Cultura, Marcela Lacroix, explicó que este tipo de rutas son muy beneficiosas para los más pequeños ya que para muchos "suponen su primer contacto con la naturaleza". Los talleres han incorporado este año al senderismo como una de sus actividades y los menores ya han realizado varias rutas por algunas zonas costeras de la Isla. Lacroix argumenta que a los menores "les encanta salir y sentirse independientes", por lo que este tipo de actividades hacen las delicias de los más pequeños.

Por su parte, Esther Martín, argumenta que para muchos la de ayer fue su primera ruta interpretativa. "Salen a ver y conocer cosas y eso es algo que no hacen todos los días, porque la mayoría de ellos viven en la ciudad", opinó.

"Nuestro objetivo es crear vocaciones científicas", apunta Lacroix, introduciendo a los menores en experiencias y experimentos que les hagan pensar que ellos pueden dedicarse a la ciencia en un futuro.

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