Borrachera de fe por San Roquito

Vecinos y turistas disfrutan de la romería en honor al santo que salvó al municipio norteño de la peste en el siglo XVII

17.08.2016 | 11:32
Borrachera de fe por San Roquito

El calor da una tregua a la festividad que se alarga hasta la noche

"Vas a ver a San Roquito, el tío más guapo de Garachico", se le escucha decir a una vecina a un grupo de turistas que le pregunta por la salida de la romería. No es la única que siente devoción por el santo del pueblo. En Garachico, desde los más pequeños hasta los veteranos, viven una auténtica borrachera de fe por su protector. Hace cuatro siglos, San Roque los salvó de la peste y aún hoy, cada 16 de agosto, sus vecinos se lo agradecen. Para él, hay cánticos, pétalos de flores que llueven desde los balcones y bailes al ritmo de los tambores y las chácaras. Pero también por él, se disfrutan de litros y litros de sangría, pinchos a la brasa y pellas de gofio.

El día de San Roquito empieza bien temprano, con la misa de los peregrinos. Allí, en la ermita del santo, los devotos le dan el primer baño de flores. "Desde que tenía un año vengo a esta fiesta y desde entonces no me la he perdido ni una sola vez", asegura Onelia Rodríguez. La garachinquese, que descansa en un banco hasta que la imagen vuelva a salir a las calles de la localidad, afirma que San Roque "es lo más grande". "Le pido de todo y se me cumple. Solo de contarlo se me ponen los pelos de punta", destaca con emoción.

A su lado, su amiga explica que "se le invoca sobre todo en caso de epidemias". "Yo le pedí mucho durante el ébola. Es un protector contra la enfermedad", detalla. Ambas vecinas relatan que antes solían acudir en carretas pero ahora acompañan al santo "allá por donde vaya". "Lo pasamos pipa bailando y cantando coplas como la que dice 'El que va a Candelaria no va a San Roque porque viene molido de tanto trote'", señala Rodríguez mientras su amiga continua cantando otra estrofa.

A pesar de que una y otra festividad casi se solapan, ayer Garachico se llenó de noveleros. Los más tempraneros acompañaron a la imagen desde su ermita hasta la parroquia en la denominada como procesión de los peregrinos. "Tengo la ropa tradicional puesta desde las nueve de la mañana", sostiene Berta Pérez en la puerta de la iglesia. "Para mí, esta procesión es lo más bonito del día. Es algo distinto y muy emotivo para los que sentimos devoción por San Roquito", añade. Sus hijos se suman a la conversación. "Es una gran fiesta porque aquí participa todo el mundo, estén vestidos con la ropa típica o no. Lo importante es honrar a San Roque", apunta una de sus hijas.

La familia comenta que en el municipio solo hay traje tradicional de hombre. "Está el de los pescadores, que es blanco con el fajín azul, y el de los mayordomos, en colores marrones", detalla Pérez. Ellas, las mujeres, llevan una ropa de campesina. "Antes se solía ver más la vestimenta característica de La Orotava, pero ahora hay de todo", añade la vecina quien destaca que la celebración "cada año es más multitudinaria". "Al principio solo venía gente del pueblo, pero ahora hay muchos tinerfeños de otros municipios y turistas".

Tras la celebración de la segunda eucaristía en honor a San Roquito, el protector sale del templo entre devotos que no para de vitorearle. Son las 14:00 horas y el santo inicia su camino al encuentro con la carretas y carruajes. Mientras la imagen recorre las estrechas calles del casco, algunos, como Josué Delgado y sus amigos, aprovechan para llenarse el estómago. "Ahora toca ir casa por casa. Suelen tener preparada la sangría, el gofio, el queso, las tortillas...", explica el garachiquense. Según destaca Delgado, esta es un tradición que se mantiene año tras año. "Las casas de los conocidos están abiertas y puedes pasar sin problema", puntualiza.

El vecino está acompañado de dos amigas que vienen desde La Laguna para disfrutar de romería. "Me parece que es una de las fiestas más bonitas de la Isla", opina Rosario Alarcón. "También vienes porque sales conmigo", añade Delgado sacando una carcajada al resto. "Hablando en serio", continua la lagunera. "El pueblo está precioso. La casas están decoradas y la procesión es muy emotiva", recalca antes de continuar el paso. "El día es largo, un año acabamos dándonos un baño en El Caletón", añade a modo de despedida.

En cada esquina, acera o bar, visitantes y locales esperan el paso de San Roquito con la cámara de fotos o el móvil en la mano. Y es que nadie quiere perder la oportunidad de inmortalizar al santo a su lado. "Es la primera vez que vengo pero a partir de ahora volveré hasta que mis piernas me lo permitan", asegura José Manuel Mortero ataviado de romero de arriba a abajo. "He traído vino, galletas, bizcocho, queso, aceitunas... y medallas artesanales hechas por mi mismo que voy repartiendo", detalla.

Mortero para de hablar. San Roque acaba de llegar y los portadores lo acercan hasta el muelle para ofrecerlo a los pescadores. "Ves, todo se hace como antaño. Eso me gusta", apunta el visitante. La multitud despeja la calle y la imagen regresa hasta el lugar de salida. Entonces sí. La romería da el pistoletazo de inicio. De las carretas llueven huevos duros, bolsas de cotufas y algún que otro rosquete. Mientras, abajo, las agrupaciones ponen la nota de color cargados de cintas que mueven al vaivén de la música canaria.

En el carro de La peña Los Vinagres la estrella es la sangría. Su presidente, Juan Manuel de León, más conocido como Nelly, exalcalde de la localidad, explica que en Garachico existe la mejor receta de esta refrescante bebida. "El secreto está en usar un vino fuerte, muchas especias como la canela en rama, la nuez moscada y el clavillo, limones y azúcar", enumera mientras ofrece a sus compañeros un vaso de la mezcla. "Llevamos más de 1.000 litros de sangría. Hay que gastarla", añade con humor.

Nelly relata que su peña nació hace ya 53 años. "Todo éramos muy jóvenes y bebíamos de todo. Nos llamamos unos a los otros vinagres", recuerda el presidente. Fue así como nació su nombre. "Poco a poco se fue apuntando mas gente y al final acabamos formando una peña", aclara. Ahora, tienen hasta su propio cántico: "El Cristo en La Laguna, San Isidro en La Orotava y La peña de Los Vinagres todo lo baila".

El calor da una tregua y el toldo natural que forman las nubes permite disfrutar de la festividad sin sufrir sofocones. Las más de 30 carretas siguen a San Roquito por las calles adoquinadas de Garachico mostrando el trabajo de meses. En la carreta Los Intravinos, Renato Ronty explica que él ha sido el autor del carro. "Llevo cuatro meses haciéndolo. He usado hierro, madera, y hasta un eje de un coche", señala el italiano.

Ronty revela que hace cuatros visitó por primera vez la romería de Garachico. "Vine sin carreta, pero el año siguiente ya alquilamos una para salir nosotros", recuerda. Hoy, la traen hasta los topes. "Tenemos pinchitos clásicos, filetes de secreto ibérico con berenjenas, tortillas caseras, gofio amasado y fruta mixta", destaca mientras enseña una muestra del banquete. "Ahora está lleno, pero cuando acabemos el recorrido no quedará nada", apunta entre risas.

La romería continua su paso firme hasta su destino final: la ermita de San Roquito. Allí, los cargadores devuelven al santo a su hogar en uno de los momentos más emocionantes del día. Las carretas pasan por delante del pequeño templo saludando al protector y, unos metros después, detienen el paso. El paseo romero ha llegado a su fin, no así la fiesta, que se alargará hasta bien entrada la noche.

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