Vamos a la playa

Piscinas de agua cristalina

La Jaquita, en Guía de Isora, reúne charcos de color turquesa paradisíacos y playas de arena negra entre rocas volcánicas

31.07.2016 | 04:10
Piscinas de agua cristalina
Piscinas de agua cristalina

"¡Mira!, ahí hay un laguito. Venga, vamos a ver si está bueno para darnos un baño". Con estas palabras, Jony de la Fuente, un vallisoletano afincado en Tenerife, intenta convencer a su amigo de aventurarse a bajar por un camino de rocas y llegar hasta un charco azul turquesa completamente cristalino en el que se dejan entrever las piedras, las estrellas de mar y hasta los pequeños peces que hay bajo el fondo marino. "Es impresionante y estás prácticamente solo", se le escucha añadir mientras terminan de descender por el abrupto sendero. Abajo, se les pierde la pista. Solo se oye el sonido de las olas batiendo sobre las caprichosas formaciones de lava. Un poco después confirman lo que desde arriba ya se presagiaba: "Es increíble".

De la Fuente está en la zona costera conocida como La Jaquita, en el pueblo de Alcalá (Guía de Isora), justo debajo de uno de los hoteles más lujosos de la Isla, el Gran Meliá Palacio de Isora. Allí, el camino de tierra por donde los vecinos cruzaban desde sus casas hasta los charcos donde aprendieron a nadar se ha transformado en un moderno paseo donde no falta de nada, desde un parque infantil hasta un polideportivo y un chiringuito. Los turistas de piel blanca -o roja si ya se han tostado al sol- se mezclan con los locales cargados de neveras de playa, sombrillas, flotadores y colchonetas; y las latas de Dorada en la arena con los cocteles más caros en la mesas de los bares. Pero hay algo que sigue siendo igual: las piscinas infinitas donde disfrutar del horizonte azul y las playas de arena negra entre formaciones volcánicas donde lanzarse al Atlántico.

Entre las que han visto cómo ha pasado el tiempo por su zona de baño de siempre es la isoriana Pilar Curbelo. "Yo me he criado aquí. Recuerdo que abuelos, jóvenes y niños veníamos desde Alcalá a darnos un baño o a pasar el día entero", rememora mientras señala un conjunto de charcos a la izquierda de las piscina naturales. "Era allí, en la zona conocida como La Caleta", añade. Curbelo explica que en La Jaquita hay opciones para todos los gustos. "Están esos charcos de los que hablo, las dos piscinas naturales, las dos playas de arena, una pequeña cala más desconocida y Punta Blanca, donde aún hay más charcos", aclara para apuntar que "hoy hemos elegido las piscinas porque venimos con los niños".

Curbelo y su familia comienzan a montar el chiringuito. Primero poner bien firme la sombrilla, luego, colocar las toallas y, finalmente, hacer los huecos en la sombra para las mochilas, las neveras, los bártulos de los niños y las botellas de agua. "El plan es darnos un chapuzón, comer unas tapas en un bar cercano y volver a la tarde", detalla una de sus hermanas. "Las piscinas nos gustan a toda la familia porque el agua está limpísima, no hay nada de suciedad y entre semana no hay mucha gente", sostiene la joven.

El calor aprieta y Curbelo se pone bajo la sombrilla para seguir hablando. "Normalmente hay más gente de aquí que de fuera, aunque desde que abrieron el hotel muchos turistas se dan un salto", reconoce mientras se va desprendiendo de los bolsos que carga. Para la isoriana, no es un problema compartir espacio con los visitantes, para nada. "Nosotros los cuidamos mucho. Somos amables porque sabemos que vivimos de ellos", señala convencida.

Saliendo del agua, con las gafas de buceo en la mano, aparecen Ada Ruiz y su familia. El grupo es de Santa Úrsula pero tienen un apartamento en la zona y cada vez que pueden se dan una escapada a La Jaquita, ya sea en las vacaciones de Semana Santa, Carnavales o verano. "Los niños se lo pasan genial porque dentro de las piscinas se pueden ver lisas, salemas, sargos, estrellas de mar, fulas... Vienen con cámaras acuáticas y hasta los fotografían", afirma. A su lado, los pequeños, aún con el pelo mojado del salitre, esbozan una gran sonrisa. "¡Sí, me encanta venir a aquí!", exclama la mayor.

Pero en los charcos de Alcalá no solo disfrutan los más pequeños. Sus tranquilas aguas, donde se hace pie, son ideales también para los mayores. "Allí están nadando los abuelos", señala Ruiz y saluda a la pareja. "Hoy hemos venido todos", añade entre risas. La familia explica que "como está la mar es mejor bañarse en la piscina de la derecha, porque es más profunda que la otra".

La profundidad

La profundidad no parece importarles a muchos de los usuarios de La Jaquita. Y es que en cualquier charco algún novelero disfruta de la tranquilidad de estar prácticamente solo en su propia piscina. Algunos lo utilizan a modo de spa y se les ve relajarse bajo el agua, y otros, como diversión. "Yo voy brincando de charco en charco, probando todos", asegura el aronero Sergio Tejera. El joven, que está acompañado de su familia, apunta que "llevo dos años viniendo aquí, se está de lujo".

La primera parada ha sido en una de las piscina naturales, "un baño y hora de comer". "Tengo cervezas y tortilla con perejil, ¿quieres probarla? Me quedan muy buenas", afirma al tiempo que empieza a sacar el tupper de la maleta. Para Tejera, lo mejor de esta zona de baño son sus aguas totalmente cristalinas. "No tiene nada que ver con la mayoría de las playas del Sur", reconoce.

El socorrista Vicenzo

Todas la zona de La Jaquita cuentan con el servicio del socorrista Vicenzo, que lleva dos años velando por la seguridad de los bañistas. "Entre semana no hay tanta gente pero los sábados y los domingos no hay donde poner la toalla", revela el trabajador. Vicenzo está situado en el centro del paseo, con visibilidad a las piscinas naturales a la izquierda y las playas a la derecha. "No suelen producirse muchos incidentes ya que el mar está bastante tranquilo", añade. Detrás de él se encuentran las casetas de salvamento y los baños donde un operario de limpieza termina de poner a punto las instalaciones. "Hay muy buenos servicios por aquí", destaca el socorrista sin perder de vista a los bañistas.

A pesar de que es mediodía y los termómetros marcan cerca de 30 grados centígrados, un hombre corre sin camisa por el paseo. En el brazo lleva uno de esos aparatos para medir las pulsaciones y los pasos. "Ya sabes: para la próxima hacemos ejercicio aquí", se escucha a lo lejos en una conversación entre dos jóvenes. En el muro que rodea esta avenida, el palmero Víctor Brito y su pareja se sacuden los restos de arena de los pies. "Hemos ido a una pequeña cala que está detrás del chiringuito", apunta Brito. "Se está muy bien porque no hay casi nadie", añade el joven.

La pareja de palmeros ha venido a Tenerife a pasar las vacaciones y se aloja en el hotel que está justo detrás de La Jaquita, el Gran Meliá Palacio de Isora. "Fueron los propios trabajadores del establecimiento los que nos recomendaron darnos un baño aquí. Hay un acceso privado desde el hotel", explica Brito. Los jóvenes se disponen a volver a su alojamiento después de disfrutar de "un agua super transparente". "Está impecable. Seguro que volveremos", concluyen antes de reanudar el paso. Tras ellos, las familias y grupos de turistas siguen llegando unos tras otros a los charcos, las piscinas y las playas. Queda mucho día por delante para disfrutar de este rincón paradisíaco.

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