La alegría de tener un siglo de vida

María Purificación Padrón, una vecina del municipio de Fasnia, cumple 100 años rodeada de toda su familia. A pesar de la edad, solo toma media pastilla para regularse el azúcar

31.07.2016 | 04:10
La alegría de tener un siglo de vida
La alegría de tener un siglo de vida

A sus 100 años recién cumplidos, sigue comenzando el día con un buen tazón de leche y gofio. Una vez desayunada y duchada, María Purificación Padrón sale a dar un paseo de la mano de su sobrina María Inés, quien la cuida desde hace algunos años debido a la avanzada de edad de su hija. "Es una mujer muy alegre y activa, pese a la edad", aseguraba ayer su cuidadora.

Lejos quedaron ya los años en los que María Purificación cosía, "era muy buena cosiendo, hacía camisas y muchas otras prendas, por este motivo, su familia la tenía como la niña bonita de la casa", relataba su también sobrina María Inés, mientras comienzan los preparativos para celebrar el cumpleaños de esta centenaria vecina de Fasnia.

Rodeada por sus hijos, nietos, biznietos y hasta tataranietos, María Purificación sopló las cien velas que adornaban su tarta de cumpleaños, pues nació un 17 de julio de 1916 en el también municipio sureño de Arico.

"Fue una mujer adelantada a su época, pues nunca se llegó a casar pese a tener cuatro hijos, dos de ellos ya han fallecido", relataba María Inés, quien acude todos los días sobre las 08:30 horas de la mañana para despertar a María Purificación. "Es cierto que a veces no me reconoce y que tiene algunas lagunas, se desorienta pero, en estos momentos, solo se toma media pastillita para regularle el azúcar", añadía la sobrina.

Pese a haber nacido en el sur de la Isla, María Purificación también vivió unos años en el municipio de Santa Úrsula, donde vendía carbón. "Ella siempre cuenta que tenía que bajar hasta el Puerto de la Cruz para venderlo por las casas y que un día tocó en la casa de un guardia civil", explicaba su sobrina para añadir: "En aquella época, la venta de carbón estaba prohibida y así se lo hizo saber el guardia civil pero ella le explicó que vendía carbón para poder sacar adelante a sus hijos y el hombre, el guardia civil, le compró el saco de carbón que ella llevaba".

Hasta Holanda viajó y en ese país se estableció durante algunos años María Purificación para poder ayudar a uno de sus hijos con el cuidado de los nietos. "En Holanda estuvo unos años y después volvió a Tenerife", añade María Inés.

Aparte de la leche con gofio, los cuidados, el cariño de sus familiares y las visitas que recibe de su médico, la enfermera y el cura, María Purificación guarda un secreto y es que no le gustan que su ciudadora le ponga trajes oscuros. "Solo quiere que le ponga vestidos de trajes vivos, verdes o azules, pero no le gustan nada los colores oscuros y cuando se los pongo, me dice que se los quite", comenta entre risas María Inés, mientras le peina el pelo a su tía para que salga guapa en las fotos de su cumpleaños.

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