Vamos a la playa

Riscos para tirarse en 'bomba' y aguas cristalinas

El Caletón, en Garachico, es un conjunto de piscinas naturales donde los jóvenes sueltan adrenalina y los mayores disfrutan de la limpieza

21.07.2016 | 16:27
Riscos para tirarse en 'bomba' y aguas cristalinas
Riscos para tirarse en 'bomba' y aguas cristalinas

Están ahí desde 1706, cuando el volcán Trevejo (también conocido como Arenas Negras) arrasó Garachico. Las coladas de lava sepultaron el puerto del municipio norteño y formaron, en su lugar, un conjunto de piscinas naturales. Pronto los garachiquenses lo empezaron a denominar como El Caletón, el lugar perfecto para disfrutar de un baño entre aguas cristalinas, lanzar el anzuelo a las viejas y refrescarse en la cantina de Seven Up. Hoy, el cemento por donde llegaban los grupos de familias y amigos del pueblo, se ha convertido en un moderno y accesible paseo. Los charcos siguen conservando sus nombres de antaño pero ahora, en sus riscos, los de siempre comparten espacio con jóvenes que sueltan adrenalina lanzándose al agua desde los picachos y con turistas llegados desde todos partes del mundo que fotografían sus caprichosas formaciones.

Hoy es aún temprano y el bar El Caletón está terminando de colocar sus sillas y mesas con vistas al horizonte. Allí, uno de sus empleados, Juan Pedro Lorenzo, asegura que "el día está perfecto para disfrutar de los charcos". El sol brilla y aunque el mar no está de todo en calma, las piscinas tienen agua suficiente para darse un buen remojón. "Últimamente vienen muchos extranjeros pero siempre te encuentras a alguien de aquí", señala mientras lleva un cortado a uno de sus primeros clientes. "El que más sabe es Javi, lo conoce todo el mundo y viene dos o tres veces al día", apunta el camarero para añadir que "que raro que aún no esté aquí".

Lorenzo aún no ha terminado de hablar cuando por la Avenida Marítima de Garachico se ve a un señor en silla de ruedas. "¡Es él, es él! ¡Ven para aquí Javi!", le grita el empleado. Su color de piel morena, su atuendo de verano y sus collares de conchas le delatan. "Vivo aquí mismo y a cada rato me acerco a dar una vuelta", afirma a modo de saludo. Francisco Javier Soler, más conocido como Javi, no tienen ningún tipo de problema en enumerar todos los charcos de El Caletón, se los sabe mejor que nadie. "El más largo y profundo tiene el mismo nombre: El Caletón. El agua entra por una boca y muere en la playa", explica señalando la piscina.

Pero hay bastantes más. "El charco de Las Viejas es el que está por fuera. Allí, antiguamente, habían muchas viejas y los pocos pescadores que lo sabían se ponían las botas", reconoce. Y entre ese y El Caletón, está la piscina de Los Niños donde los más pequeños pueden disfrutar del baño sin preocuparse por la marejada. "El mar entra desde el charco de Las Viejas por lo que no llega con tanta fuerza y, encima, se hace pie", detalla el garachiquense. Y aún quedan unos cuantos. "También está el de Los Frailes y el de Las Lisas, que es el que se encuentra justo detrás de la piscina municipal de la avenida", añade.

Javi se mueve hasta la sombra para seguir hablando. "Cuando el calor aprieta, es mortal", comenta colocándose una gorra. Una vez debajo del parasol, el vecino rememora aquellos años en los que la zona no era más que rocas y mar. "El restaurante era un cantina de Seven Up y cuando había oleaje se iba todo abajo, mercancía y kiosco incluido", relata con una carcajada. "¡Qué tiempos!", apunta algo nostálgico. Según el garachiquense, El Caletón es algo peligroso "si el mar aprieta". "He visto muchos destrozos y algún que otro accidente de la gente que tira al agua", revela.

A su lado, en una de las mesas del bar, dos parejas charlan animadamente. En el mantel, hay varias tazas de café, una jarra de cerveza y una tapa de manises. "Es difícil conseguir un día tan bueno en el Norte. Hay que aprovecharlo", comenta Carmen Bethencourt. Estos portuenses se han acercado a la costa garachiquense "para tomar algo y darse un baño". "Nos encantan estas piscinas. Están muy limpias y el acceso está genial", apunta Bethencourt. "Aquí pueden disfrutar tantos los abuelos como nosotros como los niños", añade otro de los amigos. El plan para ellos continuará hasta la noche. "El broche lo pondrá la cena en el guachinche", añaden entre risas.

Aunque el restaurante ya se empieza a llenar, la mayoría de usuarios prefieren estar tumbados bajo el sol o marcándose unas nadadas en las piscina. Allí se encuentran Juan Manuel Acosta y su mujer, quienes terminan de darse una ducha de agua dulce para volver a casa. "Esto es una terapia, mucho mejor que ir a saunas y jacuzzis", afirma este icodense mientras se seca con la toalla. "Y con agua salada, como recomiendan los médicos", apunta su mujer. La pareja de jubilados vive en Puerto de La Cruz pero prefiere acercarse día sí día también hasta Garachico para "tomar su medicina". "Vienes aquí malo y sales como nuevo", revela Acosta.

Para ellos, el Caletón es como de la familia. "Hemos venido a aquí toda la vida. Según tengamos el cuerpo, nos acercamos por la mañana o por la tarde, pero el baño no falta", sostienen. Los icodenses, que residen en Puerto de la Cruz, elogian la limpieza y el buen mantenimiento de las piscinas garachiquenses. "En Puerto de la Cruz no tienen cuidado con nada. Parece que a los políticos solo les interesa el Sur", critica Acosta antes de retomar la marcha.

En estos charcos norteños hay de todo. Un kiosco para matar el hambre con unas papas o un bocadillo, un parque infantil para los pequeños que prefieran la tierra al mar, varios vestuarios y baños, un puesto de socorrista y un moderno solarium. Cerca de allí, tumbada bajo los rayos y ataviada con gafas de sol y bikini, la garachiquense Carmen Rosa García lamenta que con el buen día que hace "se haya perdido la tranquilidad". "La gente de aquí preferimos venir entre semana porque los sábados y domingos esto es una locura", asegura mientras observa a los grupos de jóvenes que corretean de aquí para allá. "Aquí aprendí a nadar, en la zona que llamábamos La Playita, y este es mi lugar de baño. No lo cambio por nada del mundo", añade.

García llama la atención a algunos de los chicos que se lanzan de cabeza desde los picachos cercanos. "¡Cuidado!", se le escucha decir. Y es que la vecina sostiene que si no conoces bien la zona, "puede ser un peligro". "He visto ha gente que ha tenido problemas, pero eso sí, siempre son personas de fuera. Los vecinos nos conocemos todos los entresijos de las piscinas", destaca García antes de levantarse para ir a remojarse.

Los chicos no parecen darle mucha importancia a las advertencia de la garachiquense. En cola y de uno en uno, trepan por las rocas para alcanzar la cima y lanzarse al mar. "Nos podemos tirar de bomba, de carpa, de botijo, de llorona... Hay muchos saltos", revela Cristian Martín. Este joven de 17 años si es el pueblo así que es el encargado de marcar el paso al resto. "Te puedes botar de varios sitios. A mi el que más me gusta es el más alto. Ese de ahí, de unos cinco metros", asegura mostrando el trozo de roca desde donde va a marcarse su propio salto. "Pero me sacan una foto, ¿vale?", comenta antes de entrar en el charco y llegar al otro lado.

Este grupo de amigos tiene pensado pasar el día entero en El Caletón. "Tenemos bocadillos de pollo para comer", apunta otro de los jóvenes. De todos ellos, solo hay uno que ha sufrido algún tipo de golpe en sus saltos al mar. "Me di en la nariz. Ese día no había desayuno y me comí las rocas", bromea con Martín. Para el grupo, "no hay nada como estas piscinas". "Nos lo pasamos genial", concluyen casi al unísono.

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