Vamos a la playa

El surf y los perritos de Doña Carmen

El Socorro (Los Realejos) es perfecta para disfrutar de las olas, la tranquilidad y la limpieza de sus aguas

10.07.2016 | 01:53
El surf y los perritos de Doña Carmen
El surf y los perritos de Doña Carmen

Se pueden surcar las olas los 365 días del año, echarse un perrito de Doña Carmen con la vista puesta en el horizonte azul o disfrutar bajo la espuma de una de las aguas más limpias de toda la Isla. No importa si el sol se esconde tras la panza de burro. En la playa de El Socorro, en Los Realejos, siempre hay, como se suele decir por allí, "un buen grupo de afincados". Algunos aprovechan su paseo y su arena negra como avenida del colesterol, otros la visitan con las primeras luces del alba para hacerse con una vieja para el almuerzo y hay quienes bajan al anochecer para deleitares con una buena conversación junto al mar. Pero todos tienen un pensamiento común: "Como la playa realejera no hay ninguna".

Así lo piensa el realejero José Antonio Ramírez, quien, como todos los días, se echa un cortado junto a su mujer en el kiosco de Doña Carmen. Esta vez no vienen ataviados para disfrutar del mar y la arena. Solo es un pequeño parón en la jornada en busca de tranquilidad. "Esto es vida", suspira Ramírez mientras se toma los últimos sorbos del café. "Vengo desde los nueve años a bañarme, a tomarme algo o simplemente a ver cómo está la playa", añade el isleño. Y es que para Ramírez, precisamente lo mejor de El Socorro es "su paz y su limpieza". Por eso, el realejero prefiere la playa cuando las nubes se asientan en La Corona. "Si hay sol, viene demasiada gente", reconoce en la barra del quiosco. "Es todo un emblema", añade haciendo referencia al puesto de Doña Carmen.

La tendera prefiere no hablar. "La fama me la da la gente que viene siempre", responde. Pero lo cierto es que sería muy difícil imaginar la playa de El Socorro sin Doña Carmen. "Lleva toda la vida aquí. Es una gran persona", asegura Ramírez, quien apunta que " hasta los surfistas le dejan las llaves de sus furgonetas". El realejero sostiene que todo lo que vende la mujer "esta muy bueno". Hay hamburguesa, perritos calientes, bocadillos y una de las especialidades, la papas locas con ketchup y mayonesa. "Para chuparse los dedos", se le escucha decir a otro de sus clientes.

Pero si hay alguien que conoce El Socorro como la palma de su mano ese es Siverio. Este realejero por saber, sabe hasta cómo se llaman la piedras de la playa. "Esta que está allí la llamamos La Tembladera. Algunas veces está tapada de arena y otras, como hoy, aún sigue rodeada de rocas", detalla Siverio. El isleño, que hoy ha venido hasta la costa "para caminar un poquito", explica que son los pecadores los que ponen nombres a las rocas. "La zona de Las Cañas, a la izquierda de la playa (junto al bar) es donde pescamos. Allí podemos coger viejas, sargos o salemas", apunta Siverio. También está El Callao del Hoyo, justo debajo del saliente de risco que el Consistorio tiró abajo hace unos años. "Así sabemos los sitios donde hemos ido a pescar, por ejemplo", sostiene.

A medida que avanza el verano, la playa se pone sus mejores galas. En agosto, el cine al aire libre llena El Socorro de realejeros y turistas que disfrutan de una película bajo las estrellas, mientras que en septiembre, en vez de una, hay dos playas. Siverio aclara que, cuando el mar bota arena, "se puede ir caminando desde El Socorro hasta la playa de La Grimona como si fueran solo una". "La playa se llama así por una máquina de elevar agua que antes había en la zona con el nombre de La Grimona, de la que hoy solo queda el habitáculo", puntualiza el realejero. Es también la mejor época para adentrarse en el mar caminando y llegar hasta las olas con el agua apenas a la altura de las rodillas. "Aunque depende de las mareas, aquí no hay fuertes bajones como en otras playas", sostiene Siverio.

El isleño y sus amigos recuerdan cómo era esta costa antaño, cuando para bajar no había carretera, solo una ladera que tenían que atravesar. "Bajábamos por donde está la ermita y llegábamos a la playa. Antes había un árbol muy grande en la arena", rememora Siverio. A la conversación se une Ramírez, quien cuenta que, cuando aún era un niño, " venía con calderos cargados de piñas y costillas o paella". "Montábamos una casetas con sábanas y pasábamos el día en la playa", señala el también realejero. También evocan cuando hacían la procesión de El Socorro y "el cura daba la ceremonia en una de las piedras que había en la arena". O cuando se dejaban llevar por la corriente para llegar hasta la playa de El Guindaste, a la derecha de El Socorro.

Para los más jóvenes, El Socorro también es su pequeño paraíso. Sobre todo para los surfistas. Aquí llegan expertos deportistas de todo el mundo para competir en los certámenes de renombre que cada año se celebran en Los Realejos, pero también los más pequeños aprenden a montar su primera olas. Buena parte de culpa de ello lo tiene la empresa AR2Surfproject, a cargo del surfista Adrián García. Desde su puesto de alquiler de tablas, otro de los socios, Fran Hernández, reconoce que al Socorro "se viene a disfrutar y experimentar sensaciones en el mar". "Prometemos diversión al máximo", añade el joven.

Hernández explica que lo que hace especial a esta costa norteña "es que hay olas los 365 días del año". "Aunque depende de las condiciones climáticas y de la marea, la diferencia de esta playa con otras del Sur, por ejemplo, es que aquí, en verano, hay espuma para aprender a coger la tabla", detalla el surfista. Su equipo, formado por un grupo de amigos que ha hecho de su pasión por las olas "una forma de buscarse la vida", ofrece clases y alquiler de material. "Además, hay aparcamiento, duchas, bar... ¿Qué más se puede pedir?", concluye.

Sin embargo, la playa es algo peligrosa, sobre todo por sus fuertes corrientes. Así lo sostiene uno de los socorristas, Eduardo De León . "Siempre hay corrientes y hay que tener bastante cuidado", señala. El profesional asegura que a El Socorro vienen surfistas todo el año. "En invierno hay más turistas y en verano se reparten los turistas con la gente de aquí", apunta De León.

Por el lado contrario, una de sus fuertes bazas es la limpieza. Contenedores a cada pocos metros y papeleras especiales para las colillas de cigarros hacen posible que su arena sea una de las más limpias de la Isla. Y lo mismo ocurre con el mar. "Aquí es una gozada bañarse", reconoce el joven Efrén León. Este realejero solo pone un pero: los aparcamientos. "Deberían habilitar más zonas", señala. No obstante, a la mayoría de usuarios esto no parece importarles. "Mejor que no hablen muy bien de la playa que si no viene más gente y no cabemos", concluye con humor otro joven.

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