Quién es quién en el callejero

El investigador del cuerpo humano

El científico español y Premio Nobel Severo Ochoa cuenta con una vía en la capital

01.07.2016 | 15:13
Un detalle de la calle severo Ochoa que se encuentra en el centro de Santa Cruz.

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a la calle Severo Ochoa, cerca del parque La Granja de la capital chicharrera. Una forma más de mantener en la memoria a este científico español que obtuvo un Premio Nobel.

"El amor es la fundición de física y química". El científico español Severo Ochoa fue una inspiración para muchas personas y no solo para otros compañeros de su mismo gremio. El compositor Joaquín Sabina llegó a reconocer que esta frase del médico le sirvió para poner nombre, en 1992, a su álbum Física y Química. Santa Cruz de Tenerife también ha honrado su memoria otorgando su nombre a una calle.

El Premio Nobel Severo Ochoa nació en septiembre de 1905 y murió en noviembre de 1993. Vino al mundo en Asturias pero, tras la muerte de su padre cuando tenía 7 años, su madre y él se trasladaron a Málaga. El joven pronto desarrolló interés por la biología y se centró en el estudio del metabolismo energético. Cuando aún era muy joven, el médico canario y presidente de la II República Juan Negrín propuso a Ochoa y otro estudiante trabajar en un método para aislar la creatinina presente en la orina.

Los estudiantes lograron su objetivo, lo que permitió a Ochoa pasar el verano de 1927 en Glasgow, en Inglaterra, trabajando con el doctor Noel Paton en el metabolismo de la creatinina y mejorando su nivel de inglés. Cuando regresó a España escribió, junto a su compañero, un artículo científico describiendo su trabajo. Este documento fue rápidamente aceptado y permitió que el joven investigador iniciara su carrera de investigación en bioquímica.

Tras terminar su licenciatura en Medicina en 1928 y decidir dedicarse a la investigación, fue invitado a unirse al laboratorio de Otto Meyerhof en su instituto de Berlín. En aquel tiempo Ochoa tuvo la oportunidad de conocer y trabajar con científicos como Otto Heinrich Warburg, Carl Neuberg, Einar Lundsgaard y Fritz Lipmann, además del propio Meyerhof, que había recibido el premio Nobel de Medicina en 1922.

Dos años después, Severo Ochoa regresó a Madrid para terminar su tesis doctoral. En 1931 se casó con Carmen García Cobián y fue nombrado profesor ayudante de Juan Negrín. En esos años también viajó al London National Institute for Medical Research, donde inició una importante investigación sobre las enzimas que duró toda su vida y que supuso una revolución en el estudio del metabolismo intermediario.

En septiembre de 1936 viajó, junto a su familia, a Alemania, luego visitó Reino Unido y finalmente, en 1940, se afincó definitivamente en Estados Unidos. Un año después consiguió trabajo en la Universidad de Washington y en 1945, en la de Nueva York. Ochoa llevó a cabo investigaciones sobre farmacología y bioquímica que le valieron, en 1951, la medalla Bewberg. En el año 1959 compartió, junto al norteamericano Arthur Kornberg, quien era discípulo de Ochoa, el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos en paralelo sobre el desciframiento de la clave genética de una enzima.

El español Severo Ochoa también desempeñó un importante papel en la creación de la Sociedad Española de Bioquímica en 1963, y que hoy se conoce como Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, y participó en los Congresos de la Sociedad. España quiso recuperar a su científico y, para ello, creó en 1971 el Centro de Biología Molecular en Madrid. Así, desde 1977 compaginó sus actividades en el Instituto Roche de Biología Molecular de Nueva Jersey con sus estancias en la capital española en diferentes centros de estudio.

En el año 1985 se trasladó a España, de manera definitiva, para trabajar en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, del que era director honorario. En 1987 ingresó en la Real Academia Nacional de Medicina de España, y fue nombrado presidente de la Fundación Jiménez Díaz. Publicó su último trabajo científico en 1986, con 81 años. Tras su muerte fue enterrado en el cementerio de Luarca, en su pueblo natal, junto a su esposa Carmen.

En su testamento dejó plasmado su deseo de que se creara la Fundación Carmen y Severo Ochoa, de cuyo patronato forman parte algunos de sus discípulos españoles. Este centro tiene como objetivo perpetuar la memoria de su nombre y el de su mujer y su vocación científica.

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