Plantaciones exóticas en el Sur

El dragón milagroso que florece en Arico

Bernardo García es uno de los pocos agricultores de las Islas que cultiva de forma profesional la pitaya, un fruto tropical reconocido por sus beneficios para la salud que exporta a la Península y Europa

26.06.2016 | 18:11
El dragón milagroso que florece en Arico

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La llaman el dragón milagroso. Su curiosa floración, en oleadas de cuatro días que van desde el anochecer hasta el mediodía del día siguiente, parece de otro mundo. Su color intenso rojo o fucsia recuerda a las llamaradas del dragón. Y sus enormes beneficios para la salud, como su fuerte poder antioxidante, la convierten en mágica. El fruto de la pitaya, originario de las selvas subtropicales de Centroamérica, también se cultiva en Arico. El culpable es Bernardo García, un agricultor que, enamorado de las propiedades del cultivo, ha apostado por este producto pese a ser un gran desconocido. Tras cuatro años de esfuerzo y espera, los invernaderos de García comienzan a dar sus frutos y, ahora, los mercados de Finlandia, Holanda e Inglaterra se llenan de dragones cultivados en Canarias.

Durante esta semana se ha producido, además, otro milagro: el de la floración. La caprichosa flor de la pitaya se abre solo unas horas, desde las 21:00 hasta las 11:00 horas del día siguiente, y por apenas cuatro días. Es un arte efímero que se produce entre dos y cuatro veces al año, dependiendo de la variedad del cultivo y que llena de color el invernadero de García. El amarillo de las flores, el olor a polen y la enorme cantidad de plantas enredadas por aquí y por allá llaman la atención desde el primer momento. El calor se olvida cuando se observa a las flores despidiéndose hasta la oleada siguiente. "Ahora ya se cierran y el fruto tarda en salir entre dos meses y 35 días", explica el agricultor.

La aventura de García con las pitayas empezó hace diez años. El ariquense, ingeniero técnico que ya cultivaba papayas, tomates y plátanos, participó en el proyecto del Cabildo de Tenerife para ensayar con esta planta trepadora. Cinco años después, cuando la investigación en los invernaderos del ariquense terminó, García no quiso desprenderse de las pitayas a pesar de haber sido testigo de la complejidad que el fruto llevaba detrás. "Me interesaron sus propiedades y pensé que tendría hueco en el mercado", detalla.

Un clima perfecto

García se arriesgó. "El clima de las Islas y, en concreto, el de esta zona costera, es perfecto para ellas. Necesitan vivir por debajo de los 300 metros de altitud para que sean rentables y sufren con las altas temperaturas y las fuertes lluvias", revela el empresario, quien añade que "se trata de un cactus trepador que sobrevive enrollado a los árboles de la selva y por eso necesita pocos rayos de sol directos". Sus principales productores están en Asia (Tailandia y Vietnam), por lo que, a los compradores europeos, el producto les llega tarde y en peor estado. "Si nosotros lo enviamos desde aquí, el fruto aterriza en su destino aún maduro", añade el agricultor mientras enseña uno de estos productos.

Además, Pitaber, el nombre con el que García comercializa las pitayas, ofrece más variedades que las exportadas por los asiáticos. En concreto, cinco tipos de fruto que ellos mismos han nombrado como reina, dragón, volcán, arena y purpusii (está última solo para dar polen). "Cada una tiene sus características, con colores, sabores, tamaños y floración distintas", apunta. De momento, García, de 60 años, y su familia son prácticamente los únicos productores a gran escala de pitaya en el Archipiélago. "Hay algunos pequeños cultivos en zonas como Güímar y está empezando a darse en La Palma y Gran Canaria", añade el profesional.

Ahora, los García cultivan 27.000 metros cuadrados de pitaya. Las primeras que sembraron ya hace cinco años son las que están dando sus frutos y, con ellos, sus rentabilidad . Y es que la conocida como fruta del dragón es un cultivo complicado. Así lo asegura el agricultor en una visita de la opinión de tenerife a su finca. "Su crecimiento es muy lento y sacrificado. Es por eso que no tenemos competencia", afirma con humor el empresario. La plantación suele hacerse en invierno y la floración aparece entre junio y julio. Entre sus cuidados, García destaca que "hay que podarlas y limpiarlas continuamente porque si no empiezan a trepar por donde puedan". Se trata de un trabajo principalmente manual. "Todo lo tenemos que hacer a mano: cortar con tijeras de podar, cepillarlas, escogerlas una a una, empaquetarlas...", enumera el agricultor.

Como ventaja, la pitaya, al ser un cactus, no requiere de mucha agua. "En invierno nos vale con un riego por semana mientras que en verano hay que hacerlo algo más", explica García. La cantidad exacta es de entre 10 y 20 litros por planta y semana. Además, en Pitaber trabajan con un certificado de calidad que rubrica que en sus productos no hay ningún residuo tóxico. "Intentamos que las frutas sean lo más sanas posibles", aclara el ariquense.

El resultado está esperando en la nevera. "Aquí guardamos las primeras pitayas que hemos recogido este año", señala la hija del agricultor, Isora García, encargada de la administración de la empresa. Estas son para consumo propio. "Nosotros ya no podemos vivir sin ellas", reconoce la joven mientras corta la fruta. "Se abre como un higo", detalla García. La familia explica que cada una de las variedades de pitaya tiene un sabor distinto. La volcán, roja y más acida, se suele emplear para ensaladas; la arena, blanca por dentro, también se usa en platos verdes y, últimamente, como parte de un producto gourmet; la reina, para dulcería; y la dragón, con un sabor más neutro, para cualquier tipo de preparado. "También suele gustar mucho para hacer jugos y zumos", añaden los García.

Quienes la prueban ya no pueden dejarla. Son antioxidantes, tienen un poder laxante, tonifican el corazón, cuenta con un alto contenido de vitaminas, estimula la producción de glóbulos blancos, rojos y plaquetas y son un excelente complemento para las dietas de reducción de peso por su bajo contenido de azúcar. "En Europa están muy de moda entre la gente que hace deporte y se cuida", señala el agricultor. Su hija añade que, "también son geniales para ayudar al tránsito intestinal durante el embarazo".

Por eso, los García aseguran que en los mercados de Inglaterra se llegan a vender hasta a 30 euros el kilo. "En Berlín también las hemos visto sobre los 20 euros", apunta el empresario. En las Islas, aunque sigue siendo un coste elevado, el precio baja hasta los seis o siete euros. "En la Península y en Canarias aún no se conoce demasiado esta fruta y sus beneficios para la salud por lo que nosotros, por nuestra cuenta, hemos ido haciendo promoción en diferentes ferias", revela el ariquense.

Exportación

El año pasado, Pitaber comenzó a exportar la fruta del dragón tanto al territorio peninsular como al europeo. El agricultor explica que "vendimos a países como Finlandia y en ciudades como Madrid y Barcelona". Este año van a más. "También vamos a incluir Holanda e Inglaterra", añade García. En total, la empresa de Arico prevé exportar entre 70.000 y 80.000 kilos al exterior, mientras que otros 60.000 se quedarían en el Archipiélago. Entre sus compradores, hay grandes empresas, pero también supermercados y mercados familiares. "Hay gente incluso, que lo que quiere es un esqueje para plantar en su casa", revela el tinerfeño.

Pero no se quieren quedar aquí. García y su séquito también están ensayando con la maracuyá, conocida como parchita en las Islas. "Aún estamos en pruebas pero creemos que, por cómo van los ensayos, la empezaremos a producir en breve", reconoce García. La parchita, reconocida por ser la fruta de la pasión, también es originaria de las regiones cálidas de Centroamérica, aunque su cultivo es mucho más frecuente en las Islas. "Es un producto muy sabroso y más sencillo de sacar adelante", aclara el agricultor.

Aunque reconocen que ha sido sacrificado, la familia sostiene que "esta locura por las frutas exóticas tiene su recompensa". La veremos en los supermercados a partir del próximo mes.

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