Quién es quién en el callejero

El precursor de la Generación del 98

La capital cuenta con una calle en honor al escritor y diplomático Ángel Ganivet

17.06.2016 | 14:57
Un rincón de la calle Ganivet en la capital chicharrera.

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a la calle Ganivet, situada muy cerca del Parque de la Granja de la capital chicharrera. La vía rinde homenaje al escritor y diplomático andaluz Ángel Ganivet.

Santa Cruz de Tenerife honra en sus calles, no solo a los hijos ilustres de la capital, sino también a todos aquellos personajes que han tenido un papel destacable en cualquiera de la ámbitos de la historia de España. Ese es el caso de Ángel Ganivet, quien cuenta con su propia vía muy cerca del Parque de La Granja. Este andaluz nació en Granada en 1865 y murió en Riga, en Letonia, en 1898. Fue un escritor y diplomático, considerado un precursor de la Generación del 98 o, incluso, un miembro de pleno derecho de esta.

Su padre murió cuando él tenía nueve años y un año más tarde sufrió una fractura que le llevó a estar a punto de perder una pierna. Sin embargo, decidió poner en riesgo su vida y se negó a la amputación y, tras años de rehabilitación, consiguió no quedarse cojo. Debido a esta convalecencia, inició sus estudios con retraso y cursó el bachillerato y las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. En todas ellas consiguió siempre las notas más altas.

En 1888 inició el doctorado en Madrid y obtuvo una nota de sobresaliente y un premio extraordinario por la tesis La importancia de la lengua sánscrita. Más tarde se presentó a las oposiciones del Cuerpo de Archivos, Bibliotecas y Museos que ganó, por lo que fue destinado a la biblioteca del Ministerio de Fomento en Madrid. Durante esta época fue integrándose, poco a poco, en el mundo literario puesto que comenzó a asistir al Ateneo y a tertulias literarias. Fue en 1891 cuando inició una relación de amistad con el escritor Miguel de Unamuno. En esa época estudiaban juntos para las oposiciones a cátedra de griego.

En 1892 conoció a Amelia Roldán Llanos, con la que nunca se casó pero de cuya relación nacieron Natalia, que murió al poco de nacer, y Ángel Tristán. En mayo de ese mismo año, Ángel Ganivet obtuvo el primer puesto en unas oposiciones al cuerpo consular y fue nombrado vicecónsul en Amberes, en Bélgica, donde pasó cuatro años. Durante ese tiempo, se desarrolló intelectualmente puesto que leyó, se instruyó en varios idiomas, aprendió a tocar el piano y empezó a escribir. Solo tres años después, en 1895, fue ascendido a cónsul y destinado a la actual Helsinki.

Durante los más de dos años que pasó en Finlandia dio forma a la mayor parte de su obra literaria. Su estancia terminó cuando el cuerpo diplomático suprimió el consulado en esta ciudad debido a la escasa actividad comercial. Pero solo tres años después, en 1898, tomó posesión del consulado de Riga. En la capital letona, fruto de una crisis espiritual, sin su mujer, entristecido por la grave situación nacional y enfermo de sífilis, cayó en una profunda depresión que lo condujo al suicidarse tirándose desde un barco al río Dvina, tras haber sido salvado en un primer intento. Los restos del español Ángel Ganivet fueron repatriados a España gracias a la labor del periodista jerezano, Enrique Domínguez Rodiño en 1925. Desde esa fecha reposan en el cementerio San José de la ciudad que le vio nacer.

La fama de Ganivet se debe sobre todo a Idearium español, un libro que, a pesar de su poca extensión, ocupa un puesto destacado en el pensamiento español moderno. Así, la Enciclopedia Larousse lo califica como una "obra capital de una gran profundidad filosófica". En esta creación, el andaluz proyectó su lucha interior en su visión de España. El libro acompañó a muchos intelectuales a la Guerra Civil y al exilio, les ofreció consuelo y les explicó las causas del conflicto. Sin embargo, ha quedado relegada al olvido.

La creación de Ángel Ganivet destaca porque se atrevió a reivindicar la cultura y la manera de ser española mientras el país protagonizaba un momento de agonía política. Gran parte de su obra fue editada de manera póstuma y destacan: El defensor de Granada (1896-1897), La conquista del reino de Maya por el último conquistador español Pío Cid (1897), Los trabajos del infatigable creador Pío Cid (1898), Cartas finlandesas (1899), Epistolario (1904), El escultor de su alma. Drama místico (1904), Hombres del norte (1905) y El porvenir de España (1905).

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