Santa Cruz

El 56% de personas que piden ayuda a Cáritas tienen un contrato indefinido

El salario mínimo que cobran, 655 euros, no les da para cubrir sus gastos habituales

05.06.2016 | 02:00

El 56% de las personas que buscaron ayuda en Cáritas el año pasado en la capital tinerfeña son trabajadores con un contrato indefinido pero cuya nómina apenas alcanza el salario mínimo interprofesional, 655 euros mensuales a los que hay que descontar las retenciones correspondientes. Es lo que se ha denominado como nueva clase social, la conformada por los trabajadores pobres, que son aquellos que pese a tener un contrato de trabajo, no logran cubrir sus necesidades básicas. Los datos facilitados a la opinión de tenerife por esta organización asistencial pone el acento en aquellos que tienen un contrato indefinido, pero la ONG atiende también a quienes trabajan y lo hacen con un contrato aún más precario. La situación de estas personas atendidas en el área de Santa Cruz de Tenerife es especialmente preocupante pues ha aumentado en los últimos años y se ha cronificado entre una clase social media que ha ido menguando sus condiciones de vida.

El año pasado, Cáritas atendió en la capital tinerfeña a 1.132 personas a las que habría que sumar parte de las 936 que fueron atendidas en las dependencias que la organización tiene en Taco, porque aunque los datos aquí se computan en el municipio de La Laguna, son muchas las personas que viven en el área suroestes de la ciudad, como es el caso de vecinos de Añaza, que acuden a estas dependencias. La atención de estas personas que acudieron el año pasado a esta organización benefició en realidad a un total de 3.434 personas que integran la familia del solicitante de la ayuda asistencial.

Con estas cifras, y según lo expresado a este periódico por el director de Cáritas Diocesana en a provincia tinerfeña, Leonardo Ruiz del Castillo, son alrededor de 635 las personas que pese a tener un trabajo remunerado y con una relación contractual indefinida, precisan de la asistencia de una organización como Cáritas para llenar la nevera o pagar las facturas de luz y agua porque sus exiguas nóminas no alcanzan para sufragar sus gastos habituales. El resto de personas atendidas por la ONG llegan incluso en una situación más precaria pues o ya han agotado todas las ayudas y subsidios públicos o cuentan también con un contrato laboral pero más precario aún.

Cáritas Diocesana de Tenerife denuncia la sistemática vulneración y la precarización de los derechos de las personas que se atienden día a día, ya que los datos reflejan que el 28,5 de la población en Canarias se encuentra en situación de riesgo de pobreza o exclusión social y más de 280.000 personas no acceden a un empleo, según los propios datos del INE publicados la semana pasada.

Según Ruiz del Castillo, el perfil de las personas que acuden a sus instalaciones apenas ha variado en los últimos ejercicios. El rostro de la pobreza es el de una mujer mayor de entre 45 y 55 años que ha agotado todas las ayudas o prestaciones públicas. No obstante, y aunque este perfil es casi genérico para toda Canarias, en la capital se dan algunas circunstancias propias que no se detectan en otras poblaciones. Así, el responsable de esta organización en la provincia tinerfeña habla de otro colectivo perfectamente identificado en la ciudad: los jóvenes entre 28 y 35 años golpeados por la crisis, que se quedaron sin trabajo y aunque formaron una familia muchos han tenido que regresar a los estudios. "Los más afortunados lo hacen compaginando un trabajo a jornada parcial, aunque acuden a nuestra organización para mantener a la familia".

Ocupas

El director de Cáritas destaca que se ha incrementado el número de santacruceros que ocupan una vivienda y que están en una situación "muy grave". Ruiz del Castillo también resalta que la organización atiende además a aquellas personas que no tienen una vivienda y que se están quedando en el entorno del Pancho Camurria, el Parque Viera y Clavijo o quienes han habilitado cuevas del Barranco de Santos para residir en ellas buscando un refugio. Cáritas en el área de la capital también ha incrementado su asistencia a personas que residen en el litoral de Anaga. "La demanda de ayuda a Cáritas se incrementó el año pasado entre las personas que residen en este área de población y del barrio del Toscal, alcanzando a algo más de 2.400 personas atendidas dentro de este colectivo de vecinos".

Lo que más llama la atención, según subraya el propio director de Cáritas Diocesana, es que entre el 85% y el 87% de las personas que acuden a esta organización son vecinos que se integraban en una clase media-alta golpeada por la crisis y la falta de empleo, que han agotado su subsidio de desempleo y otras ayudas públicas asistenciales. "Son personas que con el boom de la construcción ganaban grandes salarios, aunque muchas de sus nóminas fueran percibidas en negro. Nos encontramos con antiguos trabajadores que tenían una nómina que reflejaba un salario de apenas 600 euros o menos pero que en realidad percibían entre 2.500 y 3.000 euros. Eso ha hecho que sus cotizaciones a la Seguridad Social no les haya servido durante el tiempo en el que percibieron el subsidio de desempleo para mantener su nivel de vida y que pronto agotaron los recursos que tenían ahorrados porque muchas de estas personas habían comprado viviendas en buenas zonas de la capital y sus hipotecas o los alquileres que pagaban no se correspondían con los niveles de ingresos declarados", revela Ruiz del Castillo quien añade que muchas de estas personas han agotado ya, después de tantos años de crisis económica, el "colchón familiar que les permitió sortear los primeros momentos de dificultades económicas". Caer desde esa situación de solvencia económica y encontrarse con el sector de la construcción a la que muchas de estas personas acudió hace años tras abandonar, en la mayoría de los casos, los estudios de secundaria, ha hecho que su situación de reinserción laboral se complique aún más.

"Conozco a muchas personas del área metropolitana que aunque reciben la ayuda económica para pagar sus facturas de la luz, la mayoría de las noches se iluminan con velas. Son situación que conozco personalmente", incide Leonardo Ruiz del Castillo.

Es en este sentido donde la organización católica más incide: la inclusión en programas formativos o de reinserción laboral de las personas que acuden a Cáritas en busca de ayuda. "No solo debemos atender al pago de las facturas de luz y agua, o darles dinero para que puedan comprar en un supermercado productos frescos además de la entrega de alimentos no perecederos, hay que trabajar en la raíz del problema que padecen estas familias para que se reincorporen al mundo laboral lo antes posible".

Para atender a los santacruceros que acuden a esta red asistencial de Cáritas, la ONG contó el año pasado con 104 voluntarios. Ruiz del Castillo reconoce que el número de familias que acudió el año pasado a la organización se redujo alrededor de un 8% en la capital tinerfeña, pero no porque las condiciones de las personas hubiera mejorado a pesar de que parece que el escenario económico ha mejorado en los últimos meses. La razón de la disminución en la atención de los programas formativos o de reinserción laboral obedece a que Cáritas no dispone de más recursos para atender a todos los que llaman a la puerta en busca de ayuda, sentencia el director de Cáritas Diocesana.

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