Quién es quién en el callejero

Un maestro de las leyes y la religión

El historiador y político lagunero Antonio Porlier vivió en el siglo XVIII, formó parte de la Real Academia Española y contribuyó a la creación del Jardín Botánico

03.06.2016 | 15:35
Placa de la calle Porlier, en el santacrucero barrio de Duggi.

Lucharon por el municipio, brillaron en sus campos o simplemente fueron vecinos humildes que por su generosidad merecieron el homenaje de Santa Cruz de Tenerife con una calle, plaza o parque con su nombre. Pero, ¿quién es quién en el callejero de la capital? la opinión de tenerife hace un recorrido por el mapa de Santa Cruz para ponerle cara a esos cientos de nombres y apellidos, muchos lamentablemente desconocidos. Hoy le toca el turno a la calle Porlier, ubicada en el barrio de Duggi y dedicada al hisotirador y político lagunero Antonio Porlier y Sopranis.

No siempre es fácil descubrir a quién tratan de honrar las calles de una ciudad. Las placas que se colocan en los alto de los edificios para especificar el nombre de un vía a veces confunden, más que informan. Eso es lo que pasaba hasta hace unos años con la calle Porlier del barrio de Duggi, de Santa Cruz de Tenerife. Han sido muchas generaciones las que han llevado ese apellido y muchos miembros de la familia han llevado a cabo hazañas que bien podrían haberles valido el honor de contar con una calle en la capital santacrucera.

En concreto, la calle Porlier hace referencia a Antonio Porlier y Sopranis, un historiador y político que nació en La Laguna en el año 1722 y que murió en 1813. Fue el primer marqués de Bajamar, un título que le fue otorgado en marzo de 1791. Era hijo de Esteban Porlier, cónsul general de Francia y caballero de la Real Orden de San Lázaro y Monte Carmelo, y fue el menor de seis hermanos. Durante la mayor parte de su vida residió en Perú junto a su mujer, Josefa de Astequieta Iribarren. En 1768 tuvieron a su primer hijo, llamado Esteban, al que siguió Rosendo, nueve años después, y luego Antonio.

Porlier viajó a Sevilla a los 13 años para estudiar gramática con los Jesuitas. A su vuelta a la Isla, completó sus conocimientos en el convento de San Martín de La Laguna. En el año 1737 se trasladó a Francia para aprender retórica y lengua francesa y, entre 1739 y 1744, estudió Filosofía y Teología en La Laguna. Completó su instrucción en la Universidad de Alcalá, en 1744, donde cursó estudios jurídicos, y en la de Salamanca, en 1748, donde obtiene el grado de bachiller en leyes.

Es destacable la obra que escribió en el año 1755, una disertación histórica sobre quiénes fueron los primeros pobladores de Canarias. Otros de sus escritos fueron Jornal de un viaje a Buenos Aires desde Cádiz, Diario desde Buenos Aires a la ciudad de La Plata, Anales de las Islas Canarias y Discursos jurídicos sobre el origen, aplicación y distribución de los bienes de espolios y diferencia entre los de España e Indias.

A lo largo de su vida fue nombrado académico honorario de la Academia de Historia y de la Real Academia Española y, además, frecuentó las tertulias literarias de la Corte. Cuando ya había cumplido los 31 años decidió establecerse en Madrid. Fue entonces cuando tuvo su primer contacto con la Real Academia de la Historia, que venía celebrando juntas formales desde 1738. Esa relación se prolongó durante más de medio siglo. Tras una grave enfermedad que lo tuvo al borde de la muerte, perdió una prebenda eclesiástica a la aspiraba, por lo que decidió emprender una nueva aventura profesional para hacerse con una posición honrosa gracias, también, a los largos años de estudios que había vivido.

La carrera profesional de Antonio Porlier se desarrolló, en su mayoría, fuera de Canarias. En 1757, se convirtió en fiscal protector de indios de la Real Audiencia de Charcas; y también fue fiscal de la audiencia de Lima, un cargo que desempeñó hasta 1774. Fue fiscal del Consejo de Indias y consejero de Cámara, en 1780; secretario del Despacho Universal de Indias, en 1787; y ministro de Gracia y Justicia en España, en 1790. Desempeñó el cargo de presidente del Consejo de Indias, en 1792.

A instancias de su sobrino nieto, Porlier gestionó la creación de un Jardín de Aclimatación de Plantas en Tenerife y que daría lugar Jardín Botánico de La Orotava. Así, el Marqués de Bajamar empleó muchos años de su vida y gran parte de su fortuna. Todo ellos dio forma a la primera obra científica hecha en Canarias por canarios.

Varios documentos cuentan de Porlier que era un hombre de carácter, de genio fuerte y con un gran tesón. Todo ello se extrae, entre otras cosas, de los grabados que se conservan de él, como el que se encuentra en la Biblioteca Nacional, donde se ven músculos contraídos.

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