Santa Cruz

El bar más antiguo de la ciudad acusa al Ayuntamiento de extraviar su licencia

El dueño del único negocio que sigue abierto en el antiguo edificio de Miraflores muestra su sorpresa ante el aviso de cierre de Urbanismo

27.05.2016 | 11:27
Bar La Granadina, el único negocio que queda abierto en el antiguo edificio de Miraflores, en Santa Cruz.

El bar La Granadina, el más antiguo de Santa Cruz y el único negocio que continúa abierto en el abandonado edificio de la calle Miraflores, no cerrará sus puertas a pesar de que la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento capitalino haya ordenado su desmantelamiento porque "no se localizan antecedentes de licencia de apertura o título habilitante". Así lo ha manifestado a la opinión de tenerife su encargado, Antonio Francisco García, quien acusa a Urbanismo de haber extraviado dichos permisos, pues este sí tiene en su poder un documento original del año 1983 donde se concede al citado bar "licencia de apertura definitiva".

Este periódico hizo pública ayer una notificación emitida por la Gerencia Municipal de Urbanismo en la que se ordena a los propietarios del número 9 de la calle Miraflores, un edificio abandonado desde hace más de 20 años y que se ha convertido ya en el mamotreto del centro de la ciudad, que en una semana establezcan las medidas necesarias para garantizar la seguridad de personas y bienes debido "al elevado peligro existente por caída de cascotes". Asimismo, les exige que en el plazo de tres meses tramiten una licencia de rehabilitación del edificio o la correspondiente a la demolición del mismo. En dicha notificación, Urbanismo también indica que en uno de los locales de dicho inmueble hay un bar y establece que "en los archivos obrantes en esta Gerencia no se localizan antecedentes de licencia de apertura y funcionamiento para este negocio", por lo que se debe proceder al cierre del mismo.

Daño

Se trata del bar La Granadina, el más antiguo de Santa Cruz, abierto en el año 1943. "Primero se encargó de él mi padre y ahora lo hago yo, desde 1983. Este negocio siempre ha tenido licencia. La última fue concedida en dicho año porque tuve que ponerla a mi nombre. El anuncio de Urbanismo, que además también se ha publicado en el Boletín Oficial del Estado, me ha cogido por sorpresa. No entiendo nada. Porque yo sí tengo el permiso en mis manos. Incluso el lunes pasaron por aquí dos agentes de la Policía Loca pidiéndome toda la documentación. Esto me está haciendo mucho daño, porque da mala publicidad a mi negocio", manifiesta Antonio García Hernández. Su abogado, Juan Antonio Méndez, exige una explicación al Ayuntamiento.

El encargado del bar asegura que paga todos los impuestos al Consistorio chicharrero y que cada mes abona el alquiler del local a los propietarios del edificio de Miraflores a través de una cuenta bancaria, "porque yo por aquí poco los veo". "Exijo una rectificación por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz, y en concreto de la Gerencia de Urbanismo, porque no entiendo cómo pueden decir que yo no tengo licencia y, peor aún, ordenar el cierre de mi negocio", añade Antonio García.

Con respecto a la orden dada por Urbanismo a los propietarios del inmueble de Miraflores para que lo rehabiliten o lo demuelan, el encargado de La Granadina muestra su preocupación. "Si me echan a la calle no sé de qué voy a comer. Esto es lo único que tengo y llevo toda mi vida aquí. Es cierto que el edificio se encuentra en mal estado y que los dueños no hacen nada. En alguna ocasión yo se los he dicho", apunta.

Antonio García cuenta que este inmueble pertenecía a Antonio Lugo González, "un buen hombre, ya fallecido hace unos 20 años, que siempre estaba pendiente de este edificio, lo pintaba, lo arreglaba y no dejaba que se deteriorara". Tras la muerte de este ciudadano, la construcción pasó a ser propiedad de sus herederos. "Fueron echando a los vecinos que vivían aquí y cerrando los negocios que estaban abiertos, pero el contrato de mi padre era tan antiguo, que no pudieron hacer lo mismo con nosotros. Y es que hace unos años pretendían demoler el edificio y construir un nuevo inmueble de seis plantas, pero con la crisis ese proyecto quedó parado. Desde entonces, nada se ha hecho", manifiesta el encargado de La Granadina.

Este espera que todo siga igual y que pueda continuar encargándose de su negocio. "Estoy de acuerdo con que se tomen medidas de seguridad en el inmueble si en realidad existe algún peligro de caída de cascotes, pero no pueden echarme de aquí. No tengo nada más. Esto es mi vida", lamenta Antonio García.

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