Fiestas de Mayo | San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza

Los Realejos se rinde a la tradición

El municipio acoge su romería con miles de asistentes que celebran un encuentro que se remonta a 1676

23.05.2016 | 12:22
Los Realejos se rinde a la tradición
Momento del recorrido, desde la iglesia hasta las calles del centro del municipio.

San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza no se hicieron esperar. Miles de personas esperaban con ansias su aparición, algo que no llegó hasta poco más de las 13:00 horas, justo para cuando estaba prevista. Fue en ese momento cuando comenzó la romería de Los Realejos, una de las más esperadas del año, sobre todo por la cantidad de gente que acude a disfrutarla. Al final, buen vino, mucha comida que no paró de desfilar entre las manos de los que montados sobre sus carretas agasajaban a todos los presentes y cariño suficiente como para repartir entre los dos santos.

El tiempo acompañó durante toda la jornada. Las nubes escondieron al sol y permitieron disfrutar del día a todos los presentes, sobre todo a los que decantaron por vestirse con su traje típico. En el interior de la iglesia del Apóstol Santiago, durante la hora que duró la eucaristía previa al paseo romero, se respiró un aire mágico donde no faltó la emoción. Con un lleno absoluto, la misa fue cantada por la agrupación folclórica Tigotán. Los romeros disfrutaron de un encuentro que se remonta a 1676 y que cierra las Fiestas de Mayo.

Los bailarines de El Hierro fueron los responsables de acompañar, como cada año, a las imágenes en su salida de la iglesia. Le emoción de los presentes inundó la plaza mientras las campanas no dejaban de repicar. Con palabras de ánimo para los bailarines ("¡Vamos Sabinosa, vamos!"), la primera en hacer aparición fue la talla de Santa María de la Cabeza. Como manda la tradición, solo las mujeres pueden cargar la imagen que mide aproximadamente un metro de altura. Más que trasladarla, hicieron que bailara durante todo el camino.
Justo después le llegó el turno a San Isidro Labrador, esta vez sobre los hombros de los hombres. Mientras la comitiva enfiló el recorrido, no dejaron de sonar las chácaras, los pitos y los tambores de los bailarines.

Poco a poco se fueron sumando los vecinos y las carretas que estaban esperando su momento para comenzar. Tampoco faltaron los grupos folclóricos que amenizaron todo el desfile en el que hubo tiempo para todo. Los más rezagados ultimaban a pie de calle los retoques de sus trajes, sobre todo los de los más pequeños de la casa que al bajarse de sus carros necesitaban un arreglo para echarse a andar como marca la tradición.

Por todo el recorrido, y también las calles cercanas, eran muchas las casas que estaban abiertas para que los conocidos pudieran echarse un vaso de vino. Además, de las carretas, algunas tiradas por yuntas y otras con motor, no paró de caer bolsas con comida típica de romería y también con recursos que se han convertido en habituales pero que nada tienen que ver con el gofio o las papas arrugadas. Los que pedían desde la calle reclamaban, además de bebida, carne hecha a la brasa, algún trozo de pan con chorizo, huevos duros y plátanos. Los niños, menos acostumbrados a estos manjares, preferían las bolsas con cotufas que llegaban desde el aire.

Los realejeros no dudaron en agasajar a sus vecinos y todo el que se acercaba a pedir algo de comer. La intención es que todo el mundo se fuera contento, algo que se consiguió a la perfección.

Movimiento

El movimiento en la zona centro del municipio se notó desde primera hora de la mañana. Los bares, conocedores de lo que estaba por venir, servían los cortados y cafés desde bien temprano en vasos plásticos. Ayer no había tiempo de pararse a fregar la vajilla, sobre todo porque el ir y venir de gente fue incesante.

También desde muy temprano había decenas de curiosos sentados en las sillas que el Ayuntamiento habilitó para hacer más cómoda el paso de la romería a los que optaron por no disfrutarla desde dentro si no desde la barrera. "Aquí hay que ponerse pronto para poder verla bien", aseguró Leopoldo Chinea antes de que comenzara el paseo de los romeros. Como manda la tradición, tanto él como su mujer, se vistieron con sus mejores trajes. Antes participaban siempre que podían en el recorrido pero ahora, con el paso de los años, prefieren disfrutarlos sentados de forma cómoda y comiendo todo lo que tengan la suerte de coger desde las carretas.

La vestimenta tradicional es uno de los platos fuertes de las fiestas que se celebran cada año en Los Realejos. Por lo general, la mayor parte de los que se visten, optan por hacerlo de forma correcta, sin dejar (casi) nada a la improvisación. Fue el caso de Dolores Hernández y Melquiades Gámez. Aunque son residentes del municipio desde hace muchos años su ropa es típica de La Graciosa. "No es tan difícil vestirse bien; lo importante es no ponerse a inventar", argumentó Dolores.

Quien llevó con orgullo el manto y saya de La Palma fue Mari Carmen Ramos quien estuvo acompañada con ropa de gala por Félix León. "Es importante continuar con las tradiciones", puso ella de manifiesto. Quien tampoco quiso perderse ni un momento de la fiesta fue el alcalde del municipio, Manuel Domínguez, que estuvo acompañado por varios miembros de la Corporación municipal y también del Partido Popular de Tenerife, como Antonio Alarcó.

El grupo de más de cien personas que forman la carretera del Cayuco del Teide tampoco quiso dejar pasar la oportunidad de vestirse como manda la tradición. Y no es fácil teniendo en cuenta que hay que ponerse de acuerdo. Amigos de amigos y también muchos conocidos se unieron ayer para pasar el día de una forma agradable. Las edades son muy diferentes ya que hay algunos bien entrados en año y otros que no saben ni caminar. "Aquí lo que hay que hacer es pasárselo bien", anunció Ana Belén González.

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