Una ayuda diferente

Los 'manitas' solidarios

Técnicos Sin Fronteras y Sin Bandera arregla los electrodomésticos de las personas que carecen de recursos para llamar a profesionales

23.05.2016 | 12:22
Los 'manitas' solidarios

Llevan muchos años sin trabajo, sobreviviendo gracias a las ayudas que les conceden las administraciones, pensando siempre en cómo llegar a fin de mes o incluso pagar el alquiler. Sin embargo, durante todo este tiempo, solo han tenido tiempo para pensar en los demás. La pareja formada por Ernesto Llebry y Beatriz Rodríguez pusieron en marcha hace cuatro años la ONG Técnicos Sin Fronteras y Sin Bandera. Son un grupo de manitas solidarios que prefieren dedicar su tiempo a ayudar a los demás y no a estar sentados viendo la tele.

Comenzaron a ayudar poco a poco, casi sin darse cuenta. Ernesto, fundador de esta entidad, es técnico en frío industrial así que allí donde se lo pedían arreglaba una lavadora, un termo o una tele. No tiene filtro y tampoco sabe decir que no a nada ni a nadie. Con su idea tratan de ayudar a todos aquellos que no tienen recursos para afrontar los problemas cotidianos con los que se topan las familias. "No todo es la falta de comida; hay muchos que se pegan semanas con la lavadora rota porque no pueden pagarle a un técnico para que se las arregle", reconoció Llebry.

Contacto

Quien lo desee puede poner en contacto con ellos a través de su página de Facebook y pedirles ayuda. No piden demasiadas explicaciones ya que apelan a la buena fe de las personas. "Nos gusta irnos a la cama con la conciencia tranquila y entendemos que todos hacen lo mismo", asumió Rodríguez, su presidenta. Saben que la picardía es una de sus batallas perdidas pero "no por unos pocos vamos a echar todo nuestro esfuerzo y cariño en lo que hacemos", valoró.

Su principal problema a la hora de desarrollar su labor es que no cuentan con un local propio. Han habilitado el salón de su casa en el pueblo de San Andrés para meter todas las herramientas y lo que está pendiente de arreglar. No hay desorden sin orden en todo la sala. La habitación de su hijo también ha sido cedida amablemente. Tanto él como su hija son conscientes de la labor que hacen sus padres. Al principio no la entendían, pero poco a poco han comprendido que ayudar es la mejor manera de sentirse bien con uno mismo.

Como no tienen local, tampoco disfrutan de ningún tipo de subvención a pesar de estar inscritos como ONG. "No nos gusta pedir pero es cierto que el espacio del salón de nuestra casa es limitado y que no podemos hacer todo lo que nos gustaría estando aquí", valoró Ernesto.

Siempre generalizando, no todo el mundo es igual de solidario. Después de cuatro años funcionando todavía les cuesta que incluso quienes les conocen no les donen sus microondas estropeado o el videojuego roto o anticuado que van a tirar. Con ellos puedan hacer auténticos milagros y darles una nueva vida para que sean de utilidad para otras personas que, por sus circunstancias, sobre todo las económicas, no pueden disfrutarlos.

El trabajo lo realizan, por lo general, siempre directamente en la casa de quien requiere la ayuda para solucionar un problema. Prestan su apoyo en todo lo que se les pida, independientemente de lo que se trate, desde recolectar comida o recoger juguetes para la campaña de Navidad, de ahí que no solo arreglen electrodomésticos. También se meten con pequeñas chapuzas de albañilería, fontanería o electricidad, trabajos que, por su grado de especialización, suelen cobrarse a un precio que está por encima de sus posibilidades.

En su casa el "no" está prohibido. "No decimos que no a ningún arreglo antes de verlo porque nadie se lo merece", aclaró Ernesto Llebry. Si cuando se topan con el trabajo no tienen forma de darle solución sí que lo comunican a la persona afectada pero mientras, intentan darle salida por todos los medios de los que disponen que, salvo dinero, tienen muchos.

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