Adiós a un lagunero universal

El día que Pedro González se puso en huelga de hambre

Hombre de fuerte temperamento y gran conversador, modernizó La Laguna en sus dos mandatos como alcalde y fue un gran exponente de la pintura abstracta

18.05.2016 | 12:21
El día que Pedro González se puso en huelga de hambre
El día que Pedro González se puso en huelga de hambre
El día que Pedro González se puso en huelga de hambre

La imagen de Pedro González tapado con una manta en un rincón de su despacho de la Alcaldía de La Laguna –cuando se emplazaba al lado del salón de plenos– mientras hacía una huelga de hambre tuvo una amplia repercusión en toda Canarias. Es posiblemente uno de los hechos más recordados de su carrera política progresista y describe a la perfección su temperamento y obstinación para defender a su municipio del alma.

Sucedió a principios de los años ochenta. González había decretado el cierre del vertedero de Montaña del Aire, que tanto daño hacía a La Laguna, pero Jesús Rebollo, gobernador civil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife –hoy es el cargo de subdelegado del Gobierno central– ordenó reabrirlo porque no había otro sitio donde tirar la basura de Aguere, parte de Santa Cruz y algunos municipios norteños. González, indignado y en medio de un cruce de acusaciones con Rebollo, decidió junto a algunos concejales del Gobierno municipal ponerse en huelga de hambre. Y cumplió a rajatabla quedándose más flaco de lo que ya de por sí era.

Montaña del Aire, un cráter situado en El Ortigal, siguió acumulando residuos pero el conflicto se resolvió en 1985 cuando José Segura, en ese entonces presidente del Cabildo, encontró la solución: la puesta en marcha de un Plan Insular de Residuos Sólidos y la construcción de un centro de tratamiento en Arico.

Fue precisamente José Segura quien lo convenció en 1979 para que encabezara la lista del PSOE como independiente en las primeras elecciones locales con la vuelta de la democracia y el fin de la dictadura franquista. Tampoco fue muy difícil convencerlo porque Pedro González siempre fue un hombre comprometido con los problemas de su tierra.

Pero era por encima de todo un artista. Nacido en 1927 en La Laguna, estudió Bellas Artes y Ciencias Químicas a comienzos de la década de los cincuenta, dos carreras que poco tenían que ver pero muestra del carácter polifacético del personaje. Cuando se apresta a comenzar una carrera profesional, se topa con una España llena de miseria y de falta de libertades. Entonces decide emigrar a Venezuela, más concretamente a Barquisimeto, donde, seducido por la pintura, mantuvo una intensa vida cultural, entrando en contacto con otros artistas canarios exiliados como Francisco Borges Salas, Juan Ismael o Antonio Torres, según escribe Alejandra Villarmea López, colaboradora de la Real Academia Canaria de Bellas Artes.

A su regreso a Tenerife en 1961 se entregó a la pintura moderna y abstracta, según Villarmea. Junto al pintor Enrique Lite, y a Miguel Tarquis y Antonio Vizcaya Carpenter, ambos vinculados al Museo de Bellas Artes de Santa Cruz, fundó el grupo Nuestro Arte, que más que un programa común, compartió un mismo ímpetu crítico hacia el inmovilismo estético de instituciones entonces dominantes como el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz y la Escuela de Bellas Artes de la misma ciudad.

Por esas fechas presenta su primera serie pictórica, Icerse. "A Icerse le siguió la más amplia de sus series, Cosmoarte, desarrollada entre 1964 y comienzos de los años 80, inspirada en la amniótica flotabilidad de los cuerpos en el espacio, ligando naturalmente su nueva pintura con la corporeidad escapista de las manchas de Icerse", señala Alejandra Villarmea.

Entre las pinceladas y sus clases en la Universidad de La Laguna aparecen de repente los socialistas José Segura y Alfredo Mederos. "Fuimos a su casa de Fuente Cañizares. Recuerdo que nos abrió su hijo Pedro Zerolo. Era un día lluvioso. Le pedimos que encabezara la lista socialista al Ayuntamiento de La Laguna como independiente y aceptó", recuerda José Segura.
Puso en marcha el primer gran proceso de modernización de La Laguna tras conseguir la Alcaldía. Llev
ó el agua y la luz a muchos enclaves hasta entonces olvidados, empezó a desarrollar la red de saneamiento, puso en marcha un plan de barrios, dio un giro a las políticas culturales y, por encima de todo, ayudó a resolver los constantes problemas de La Laguna con las lluvias y las consiguientes inundaciones.
Casi tanto como la huelga de hambre se recuerda su idea de convertir la red de colectores para recoger el agua de lluvia, que iba desde Camino Tornero hasta el barranco de La Carnicería, en canales navegables gracias a un sistema de compuertas. Se le llamó popularmente La Venecia lagunera y sí sirvió para acabar con las dichosas inundaciones pero no, como quería él, para convertirse en un atractivo de ocio. Porque las barcas nunca navegaron por aquellos canales.

Gobernó en La Laguna en pacto con otras formaciones entre 1979 y 1983, logró la mayoría absoluta entre 1983 y 1987 pero perdió la Alcaldía tras las elecciones de 1987 a manos del nacionalista Elfidio Alonso. Hizo labor de oposición pero un enfrentamiento interno con la Agrupación Socialista Lagunera –él nunca fue militante sino independiente– hizo que dejara de ser cabeza de lista en 1991. Entonces decidió montar su propio partido, Plataforma Municipal Independiente. Sacó tres concejales, entró en el Gobierno municipal encabezado por José Segura pero aquello sólo duró dos años, cuando una moción de censura acabó con aquel pacto PSOE, Alianza Popular, Ican y la formación de González.

Pedro González dejó la política en 1995 y entonces volvió a entregarse a su gran pasión, la pintura, que en realidad nunca había abandonado del todo. Ahí consolidó una trayectoria artística que lo convirtió en uno de los mejores representantes españoles de la corriente abstracta. Por su talento y su lucha por la democracia, ha sido ampliamente reconocido: Premio Canarias de Bellas Artes y Medalla de Oro de Tenerife son sus principales distinciones. De fuerte carácter, extraordinario conversador, irónico, ocurrente, La Laguna en particular y Canarias en general echarán en falta su figura desgarbada y elegante a lo Gary Cooper. Porque en cualquier lugar en el que apareciera, siempre se notaba que allí estaba Pedro González.

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