Óbito

Fallece Pedro González, gran pintor y primer alcalde democrático de La Laguna

El artista, premio Canarias y padre del desaparecido político Pedro Zerolo ha muerto la noche de este sábado a los 89 años - El Ayuntamiento lagunero acogerá su capilla ardiente

16.05.2016 | 01:26
Pinturas de Pedro González
Vida y obra de Pedro González
Imagen de archivo de Pedro González en una de sus exposiciones.

El pintor de extenso prestigio y primer alcalde democrático de la ciudad de La Laguna Pedro González, padre del desaparecido político Pedro Zerolo, ha fallecido la noche de este sábado 14 de mayo a los 89 años de edad.

Nacido el 7 de enero de 1927 en San Cristóbal de La Laguna, González fue presidente de la Real Academia Canaria de Bellas Artes desde 1983 hasta 1999 y nombrado Académico de Honor en 2001. Asimismo, en 2007 fue descubierta una placa con su nombre en el parque de la Vega, en la Ciudad de Los Adelantados.

El Ayuntamiento de La Laguna acogerá la capilla ardiente del que fue reconocido con el premio Canarias de Bellas Artes en 1988, entre otros galardones.

Este es el perfil sobre su figura realizado por Alejandra Villarmea López, Colaboradora de la Real Academia Canaria de Bellas Artes:

El pintor Pedro González, uno de los grandes renovadores de la plástica canaria del siglo XX, nació en San Cristóbal de La Laguna en 1927 y terminó sus estudios de Bellas Artes y Ciencias Químicas a comienzos de la década de los cincuenta. Como tantos canarios de la España de Posguerra, Pedro González hubo de emigrar a Venezuela, donde seducido definitivamente por la pintura, mantuvo una intensa vida cultural, entrando en contacto con otros artistas canarios exiliados como Francisco Borges Salas, Juan Ismael o Antonio Torres.

Su regreso a Tenerife en 1961 supuso el manifiesto explícito de su adhesión a la pintura moderna. Junto al pintor Enrique Lite, y a Miguel Tarquis y Antonio Vizcaya Carpenter, ambos vinculados al Museo de Bellas Artes de Santa Cruz, fundó el grupo Nuestro Arte, que más que un programa común, compartió un mismo ímpetu crítico hacia el inmovilismo estético de instituciones entonces dominantes como el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz y la Escuela de Bellas Artes de la misma ciudad.

Por estas fechas inaugura lo que el mismo dará en llamar "su pintura" con la primera de sus series, 'Icerse'. Las variaciones sobre un mismo tema serán el método de trabajo que le acompañará desde entonces. "Yo creo (dijo el pintor) en los pintores de serie. Un cuadro es poco espacio para contener toda una fase de experimentación". Con 'Icerse', se vio abocado necesariamente a abandonar la figuración expresionista que había practicado para investigar en primera instancia el acto mismo del pintar, más allá de cualquier narración interpuesta. Como bien han sabido ver los críticos de González, su 'Icerse' es la más inmaterial de todas las producciones de aquellos artistas que se proclamaron pintores matéricos. En el espacio de los lienzos, de un blanco fundacional, la mancha, la primera palabra de un lenguaje balbuceante, rompe el silencio, construyendo poco a poco una peculiar gramática para lo que lo importante no es decir algo, sino al hacerse presente, decirse a sí misma.

A 'Icerse' le siguió la más amplia de sus series: 'Cosmoarte', desarrollada entre 1964 y comienzos de los años 80, inspirada en la amniótica flotabilidad de los cuerpos en el espacio, ligando naturalmente su nueva pintura con la corporeidad escapista de las manchas de 'Icerse'.

Entre los grandes logros del pintor se encuentra precisamente su facilidad en el viraje de sus motivos cuando estos comienzan a agotarse, trasladando sin embargo lo aprendido a las nuevas obras, con una elegante y reconocible continuidad exponencial. La figura humana, que se empieza a reconstruir en 'Cosmoarte' y que recuperará poco a poco los lienzos de Pedro González, no encontrará nunca un acabamiento, transitando desde los amasijos arriñonados de entrañas, a los cuerpos ensamblados de muchas partes.

En 1986, una vez se vio liberado de las exigencias laborales que su cargo de primer alcalde democrático de La Laguna le imponían, Pedro González regresó a la pintura, restando importancia a su decisión de volver a los géneros tradicionales de la pintura (Serie Retratos/ Cabezas, Serie Bodegón, Serie Interior, Serie El Mar, Serie El Bosque, Serie Coches, Serie La Montaña, Serie La Ciudad). Lo que cuenta, a mi juicio, no es el qué se dice, sino el cómo se dice; no el qué se pinta, sino el cómo se pinta; por el modo queda definido y por él se nos reconoce. Eso pienso.

Este inquebrantable acento en el lenguaje es lo que explica su deriva impune por los temas, y su capacidad de, partiendo de la abstracción, moverse en cualquier dirección pictórica, terminando, como no podía ser de otra forma, con el análisis de los géneros tradicionales de la Historia del Arte. Los bodegones, la pintura de género, los paisajes, entendidos más que un léxico como una gramática que ordena la pintura, la mirada históricamente construida. El crítico Ramón Salas intuye tras su renuencia a cualquier explicación del sentido de su obra, el verdadero significado, preñado de la clarividencia de la modernidad más crítica, esa que sabe que no hay ninguna verdad incontestable, y que todas surgen de convenciones contextuales, siendo, por tanto, impermanentes.

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