Un paseo por la historia de la innovación

Inventos de ayer y de hoy

El Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias acoge las Jornadas Agustín de Betancourt con la participación de colegios tinerfeños y grancanarios

10.05.2016 | 14:28
Inventos de ayer y de hoy
Inventos de ayer y de hoy
Inventos de ayer y de hoy

Más de 180 años separan la innovación de la máquina de vapor que llevó a cabo el tinerfeño Agustín de Betancourt y la aparición del primitivo internet. Parece que nada tienen que ver pero ayer, el Centro Historia y Cultura Militar de Canarias, en el antiguo Fuerte de Almeyda de Santa Cruz de Tenerife, fue capaz de unirlos en las Jornadas Agustín de Betancourt. Varias conferencias fueron capaces de realizar un condensado recorrido por la historia de la invención y la innovación ante los alumnos de 3.º de ESO del IES Anaga.

El objetivo de las Jornadas Agustín de Betancourt es dar a conocer la ciencia y la investigación que se realiza en las Islas, así como el uso de nuevas tecnologías en las artes. Estas actividades se desarrollan desde el pasado miércoles y finalizarán el día 20. Están organizadas por la delegación en Canarias del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Fundación General de la Universidad de La Laguna y el Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias, donde se desarrollan las actividades, y cuenta con la colaboración de la Universidad Europea de Canarias. La coordinadora de Divulgación Científica del CSIC, Alicia Boto, destacó que se trata de unas jornadas abiertas al público pero existen varios centros educativos que han reservado plaza para asistir a las diferentes actividades desarrolladas. Se trata de colegios e institutos de diferentes municipios de Tenerife y algunos de Gran Canaria.

Los talleres científicos que se organizan a lo largo de estas jornadas se centran en la luz, la electricidad, la lógica y las matemáticas, la astrofísica o la robótica, entre otros. Además, también se podrán visitar las exposiciones La vida por los suelos y La energía que nos mueve. La primera está dedicada a la biodiversidad de los suelos, de la que dependen la vida terrestre, mientras que la segunda comenta un tema de actualidad como las fuentes de energía clásicas frente a las renovables y destaca algunas que juegan un papel destacado en Canarias.

Por último, se han programado una serie de conferencias en horario de mañana, entre las que se encuentran las dedicadas a la figura del tinerfeño Agustín de Betancourt, los inventos que cambiaron el mundo, las energía renovables, la biomedicina, el origen de la vida o el Telescopio Solar Europeo.

Alicia Boto destacó durante la presentación de las Jornadas Agustín de Betancourt la figura de este científico, al que considera "uno de los más importantes del país". "Dicen que nadie es profeta en su tierra y, aunque ha costado, parece que, por fin, esto está cambiando en Tenerife", concluyó la coordinadora de Divulgación Científica del CSIC.

Los representantes de la Universidad Europea destacaron la necesidad de realzar la figura de Betancourt y, para ello, se han propuesto recuperar su legado y digitalizar su obra, así como desarrollar talleres y crear paquetes turísticos, tanto para los extranjeros que visitan Tenerife como para descubrir la figura de este inventor entre los isleños.

Juan Cullén fue, en la mañana de ayer, el encargado de impartir la primera de las conferencias. Agustín de Betancourt y su familia fue el nombre de la intervención de este tinerfeño, que es descendiente del ingeniero, arquitecto, inventor, urbanita y pionero de la actual termodinámica tinerfeño. Nacido en Puerto de la Cruz en 1758, relató Cullén, Betancourt pronto se trasladó a vivir y estudiar a La Orotava. En 1771 viajó a Madrid gracias a una beca otorgada por la Corona y allí estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en la de San Isidro, que estaba especializada en ciencias.

En el año 1783 comenzó a trabajar de manera profesional y, así, protagonizó la elevación del primer globo aerostático que se realizó en España, aunque en un primer momento se le atribuyó a Viera y Clavijo, precisó Juan Cullén. En 1784 viajó a París y allí fue testigo de la toma de la Bastilla durante la Revolución francesa. Cuatro años después viajó a Inglaterra por primera vez y reinventó la máquina de vapor. A su vuelta a España, en 1791, fue nombrado director del Real Gabinete de Máquinas y fundó la Escuela de ingenieros de caminos, de la que fue rector.

Con la invasión francesa a España, decidió trasladarse al país galo, donde recibió la invitación del zar Alejandro I de viajar a Rusia en 1808. De esta manera se convirtió en director del Instituto de vías de comunicación, que el tinerfeño convirtió en la Escuela de ingenieros de caminos. A lo largo de los siguientes años, Agustín de Betancourt ayudó en la construcción de la Catedral de San Isaac en San Petesburgo e inventó un mecanismo para elevar la Columna de Alejandro, entre otros trabajos.

En el año 1820 presentó un informe crítico acerca del estado de las vías de Rusia que al zar no le gustó y, por esa razón, prescindió de sus servicios. Cuatro años más tarde, murió. En 1956, su cuerpo fue trasladado de nuevo al país que lo había acogido durante sus últimos años de vida y se convirtió, así, en el único español que permanece en el Panteón de Hombres Ilustres de Rusia.

La segunda de las conferencias de la mañana corrió a cargo de Juan Ignacio Padrón, quien hizo un recorrido por los inventos creados en Defensa que han cambiado el mundo. Sin tenerlo previsto, su intervención fue una fantástica continuación de la vida de Agustín de Betancourt y sirvió para que los alumnos del IES Anaga tuvieran una imagen completa del mundo de la invención y la innovación.

De este modo, Padrón realizó un repaso por aquellas creaciones que han nacido en el seno del ejército para acabar convirtiéndose en elementos indispensables en el día a día de la humanidad. Asimismo, resaltó que, de muchos de ellos, no está clara su procedencia, puesto que se aparición ha sido fruto del trabajo de diferentes investigadores, que han ido mejorando los inventos de otros. Eso ocurrió con el submarino de Isaac Peral, quien en 1888 creó uno por 299.500 pesetas.

Juan Ignacio Padrón también destacó el caso de la radio. Julio Cervera Baviera fue capaz de trasmitir una voz humana entre Alicante e Ibiza diez años antes de que Guillermo Marconi lo lograra. La lata de conservas es otro de los ejemplos de la evolución de los inventos. Y es que, explicó Padrón, fue Nicolas Appert quien, en 1810, ganó los 12.000 francos ofrecidos por Napoleón Bonaparte a aquel que resolviera el problema de la alimentación en el frente. Appert mostró cómo cocinando al baño maría los alimentos, era más fácil conservarlos. Más tarde fue Peter Durant quien introdujo el latón para envasar esos alimentos y, por último, Luis Pasteur y su pasteurización de 1861 permitieron dar forma a las latas de conserva tal y como se conocen en la actualidad. Tras todos esos inventos llegaron el reloj de pulsera, el jeep, el GPS e internet. Todos ellos creados por miembros del ejército y que ahora están a disposición de todos.

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