Fratricidio en Santa Cruz de Tenerife

"En San Andrés todos somos Tomás"

Los vecinos del pueblo santacrucero planean recaudar fondos para pagar al abogado del presunto asesino que apuñaló esta semana a su hermano al descubrirle mientras agredía a la madre de ambos

07.05.2016 | 02:00
delia padrón

San Andrés no termina de creerse lo que ha ocurrido en el pueblo. Al menos el desenlace, porque todos los que conocían a la familia tienen claro que la situación tenía que frenarse de alguna manera. El pasado lunes, Tomás presuntamente asesinaba a su hermano José María al llegar a casa. Según se ha podido saber en los días posteriores, el fallecido, conocido en el pueblo por ser conflictivo y tener dependencia al alcohol, estaba pegando a la madre de ambos cuando la discusión comenzó. Le asestó hasta diez puñaladas. El mismo Tomás llamó a los servicios de emergencia y relató lo sucedido a la policía.

Durante estos días el pueblo entero se ha volcado con su vecino. Pero no con el fallecido, como cabría esperar en un principio. A través de las redes sociales y de las asociaciones de vecinos, los residentes han planteado la posibilidad de recaudar dinero para pagar un abogado que ayude a Tomás a salir de la cárcel cuanto antes.

Josefa Aguiar se muestra alegre. No puede evitarlo. En parte le da vergüenza tener ese sentimiento, pero después de "sufrir" durante 17 años el "calvario" de ser vecina del fallecido, puerta con puerta, no puede mostrarse más que "aliviada" por su muerte. "No es alegría lo que siento pero sí una gran sensación de tranquilidad", expone mientras descansa y charla sobre lo sucedido en la tienda de víveres que tiene a tan solo unos metros de su casa. "En San Andrés todos somos Tomás y haremos lo que haga falta para ayudarlo", propone mientras se limpia las lágrimas

Durante casi dos décadas, tanto ella como su marido, Lorenzo Cabrera, han tenido que soportar "insultos, amenazas y hasta robos" en su vivienda. "Tuvimos que poner una tela metálica en las ventanas, porque nos tiraba de todo cuando pasaba; era un sinvivir", relata. "Después de una pelea, a mi marido le dio un infarto y hasta ahora hemos seguimos luchando", cuenta.

En más de una ocasión, a pesar de que la casa en la que viven es suya, se han planteado abandonar su hogar para poder "respirar tranquilos". "Hemos oído de todo en todos estos años. Lo raro es que esta desgracia no haya pasado antes porque esa madre ha aguantado de todo", detalla Josefa.

En lo referente a Tomás, esta mujer no tiene ninguna queja sobre él. "No puede ser un niño más bueno, más noble y más luchador", asegura para después añadir que "ojalá lo dejen libre pronto, cuanto antes, para que pueda estar con su madre y cuidarla como se merece y como no ha podido hacerlo durante tantos años". "Lourdes ha ido perdiendo la cabeza poco a poco por culpa de su hijo más pequeño, quien la ha vuelto loca con su comportamiento y sus locuras", declara. "Nadie, ninguno, debería haber permitido que la situación llegara a esto, aunque digamos que cada casa es un mundo, hay cosas que no se pueden permitir", remarca resignada con la idea de que lo sucedido se podría haber evitado.

La tienda en la que Josefa para a descansar cada mañana y en la que aprovecha para comprar lo que necesita se llama Víveres Peregrina. Durante estos días, todas las conversaciones giran en torno a Tomás, José María y Lourdes. Uno de sus responsables, Felipe Díaz, es consciente de que el pueblo se ha volcado con el presunto asesino. "Todo lo que podamos hacer por él es poco", sugiere. No duda en apoyar cualquier recolecta para pagar cuantos abogados sean necesarios ni tampoco en manifestarse si los vecinos deciden concentrarse para mostrar su apoyo a un hijo que, según este vecino, "lo único que ha hecho es defender a su madre y ayudarla de la manera que ha podido".

Felipe ha visto llorar "más de una vez" a Tomás en su tienda. En muchas ocasiones él mismo le recomendó que buscara cuanto antes una alternativa para salir de la situación en la que tanto él como su madre se encontraban. De hecho, Tomás pidió asesoramiento en la Asociación de Mayores del barrio para saber a dónde tenía que acudir para obtener ayuda.

Desde su tienda ha llamado a la policía y a emergencias varias veces. "José María entraba en casas a robar sin tenerle miedo a nadie y fue denunciado varias veces pero, al final, nunca cumplió condena", expone el responsable de este establecimiento sin entender la razón. "Parece mentira, que con todo lo que les hizo, nunca pillara cárcel", subraya.

Era normal ver al fallecido deambulando por la calle "en busca de bronca". Quienes le conocían sabían que nunca debían dirigirle la palabra porque "nunca sabías por dónde te podía saltar", matiza Felipe.

El bar San Andrés, en uno de los laterales de la plaza del pueblo, era uno de los lugares donde podía verse a José María. En el interior, como ocurre en el resto de establecimientos del barrio, no se habla de otra cosa que del terrible suceso que ha consternado a todos los residentes. Entre cañas se rumorea la situación que tuvo que soportar durante tanto tiempo la familia.

En un banco junto a la iglesia se sienta casi todas las mañanas Carmen Felipe a beberse su cortado. "Yo quiero mucho a Tomás y todas las noches rezo para que salga de la cárcel cuanto antes porque no se merece estar ahí", aclara. Tanto ella como otros vecinos eran conscientes de lo que ocurría. Esa es la razón por la que tienen claro que el presunto fratricida no es una mala persona. "Solo ha hecho lo que tenía que hacer porque mucho aguantó", sentencia Carmen.

Buena persona

Tomás está ahora en prisión, sin posibilidad de fianza, y acusado de homicidio. Su rutina ha cambiado por completo. Hasta lo ocurrido esta misma semana se levantaba al alba todas las mañanas para ir al Club Náutico de Tenerife a trabajar donde, según fuentes de gerencia de estas instalaciones, todo el mundo lo consideraba "un buen chico". Llegaba a su casa pasado el medio día y tenía que afrontar la tarde como podía.

"Se llevaba a su madre a pasear mientras se le pasaba la borrachera al hermano, así de claro", apostilla Carmen. No podía hacer otra cosa porque él "también quería a su hermano, y esa debe ser la razón por la que aguantó tanto tiempo" hasta que al final reventó porque no pudo soportarlo más. "José María era solo una persona enferma que ha desgraciado a toda una familia, sin darse cuenta, o no, pero lo ha hecho", aclara. "Ojalá salga cuanto antes de la cárcel y pueda rehacer su vida y ser feliz", concluye.

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