Derrumbe de un edificio en Los Cristianos

"Estamos contentos de estar vivos"

Los vecinos afectados por el derrumbe del edificio de Los Cristianos vuelven a sus casas con preocupación y cansancio

22.04.2016 | 01:16
"Estamos contentos de estar vivos"
"Estamos contentos de estar vivos"

Caras de cansancio y preocupación, apenas una mochila a cuestas y un puñado de llaves en la mano. Los vecinos desalojados de sus hogares por el trágico derrumbe de Los Cristianos volvieron ayer a sus casas con el miedo aún metido en el cuerpo. Aunque la mayoría escondía tras las gafas de sol la tristeza por haber perdido a algún amigo, familiar o vecino, en el fondo tenían una muy buena razón para estar contentos. "Estamos vivos, que más se puede pedir", aseguraba tajante uno de los residentes antes de atravesar el portal de su vivienda. Dentro, el polvo aún lo inundaba todo. No había rastro de grietas, ni tampoco de daños mayores, pero el temor les seguía acompañando a quienes hace apenas cinco días habían despertado viendo de cerca la cara del terror.

Fue pasadas las 18:30 horas de la tarde. Después de reunirse con miembros del Ayuntamiento aronero para recibir las instrucciones finales, los vecinos afectados por el desplome del número 12 de la calle Valle Menéndez, que se saldó con siete víctimas mortales, pudieron volver a dormir en casa. Aunque la mayoría no quisieron hacerlo. Por lo menos, por el momento. Así lo reconoció Isidora Araujo quien, nada más regresar a su piso, hizo las maletas para volver a marcharse. "Está todo lleno de polvo y suciedad. Así no podemos pasar la noche", reveló la vecina. En ese momento, algunos operarios empezaban a repartir mascarillas a los trabajadores de los negocios colindantes que se afanaban por recoger sus locales. "Es muy pronto para volver", añadió Araujo.

En otro de los inmuebles afectados por el desplome, la tinerfeña Mari Carmen González revisaba con detenimiento su vivienda. "Parece que todo está bien, pero aún tengo miedo", aseguró la joven sin para de dar vueltas de aquí para allá. González, que ahora mismo reside en otra casa en Adeje, tiene su piso codo con codo con la edificación derruida. "Aunque el día del derrumbe no estaba aquí, cuando me enteré me preocupé muchísimo. Mi balcón está prácticamente al lado del número 12", explicó la isleña mientras salía hasta su terraza para mostrar la situación.

A González, como a muchos de los residentes que retornaron a sus casas, les inquieta que pueda volver a ocurrir algo similar a lo del pasado jueves. Y es que el Ayuntamiento aún tienen que echar abajo la parte de la edificación derruida que está en pie. Precisamente esta es una de las condiciones que el Consistorio local ha puesto al regreso de los vecinos: serán desalojados de nuevo cuando se proceda a derrumbar la parte del bloque número 12 que no cayó la semana pasada.

Algunos de los residentes se mostraban ayer, incluso, algo cabreados. "No sé donde voy a dormir esta noche. La casa está sucia de arriba a abajo", destacó Verónica Bravo. Esta vecina se quejaba de las condiciones en las que podía volver a abrir la puerta de su vivienda. "Son la siete de la tarde y todo está patas arriba. Nos vamos a tener que pasar la noche limpiando", apuntó Bravo quien añadió que "nos tuvimos que ir con lo puesto y hemos tenido que comprar cosas estos días".

El Ayuntamiento ha decidido mantener el cierre de los dos locales comerciales del número 10, un edificio pequeño que en su parte superior alberga una vivienda que no está habitada. Los técnicos explicaron que no existen problemas estructurales graves, sino que la medida se debe a que se requiere una valoración más amplia.

Por su parte, la estampa en la calle Valle Menéndez después de que los operarios y la policía local retiraran las vallas que impedía acceder a los cuatro edificios afectados era la de relativa normalidad. Los vecinos empezaban a salir a sus balcones para limpiar los barrotes, barrer la terraza o sacudir el polvo. Algunos se escondía de las cámaras de televisión, mientras que otros aprovechaban para saludar al resto de residentes y comentar lo ocurrido. El perímetro de seguridad quedó limitado entonces a la llamada zona cero, el espacio donde se ubicaba la edificación número 12. Ahora, en ese mismo punto, varios ramos de flores y siete velas recuerdan a quienes perdieron la vida en su interior.

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