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Religión | Peregrinaje a la cueva del Hermano Pedro

Tras los pasos del Santo chasnero

Más de un millar de devotos recorren la ruta en honor al misionero isleño, de Vilaflor a El Médano

17.04.2016 | 01:46
Tras los pasos del Santo chasnero

El sonido atronador de los aviones despegando se mezcla con la música celestial y la oración cada media hora. Son las novenas, rezos en honor al Santo Hermano Pedro, en cuya cueva, en El Médano, se reunieron ayer miles de fieles. De ellos, algo más de un millar llegó hasta la conocida cueva siguiendo los pasos de aquel pastor de Vilaflor que un día partió a Guatamala para regalar su caridad en el nuevo mundo. Desde que fuera beatificado a principios de los 80, los vecinos de la localidad tinerfeña realizan lo que se conoce como La ruta del Hermano Pedro, un camino que en 2002, tras la canonización del primer santo canario, adquirió un matiz más institucional y ganó adeptos.

El día empezaba ayer muy tempranito en Vilaflor. A las 06:30 de la mañana se ofició la misa de los peregrinos, una ceremonia que según entiende el rector del santuario Macario López, ha mejorado la jornada en Granadilla. "Antes se celebraba aquí y era difícil compaginarla con la llegada de los peregrinos", señala el religioso quien agradece además que con este nuevo formato tenga más tiempo para saludar a los devotos de Hermano Pedro. Y son muchos.

Juan José Cano, uno de los organizadores de la ruta, cifra en más de 1.000 el total de participantes aunque de ellos aproximadamente 700 partieron de Vilaflor y el resto desde diferentes puntos del camino. Dice Olga Díaz que lleva realizando la peregrinación desde "toda la vida como buena vecina de Vilaflor", y admite que con el paso del tiempo el recorrido ha ido ganando en limpieza, en seguridad y en señalización. "Aunque no me dejaron venir por donde siempre, dimos más vueltas y este año costó más", asegura la mujer mientras su amiga insiste que "este año ha costado como nunca".

Pero Olga y Conchi no desisten en su empeño de mostrar su fe al Santo y afirman con rotundidad que el próximo año esperan volver hasta la cueva "si nuestro Hermano Pedro nos ayuda".

Seguramente se encontrarán en el camino con Coralia Páez y Carmen Donate, con quienes compartieron resguardo a la sombra tras las horas de difícil pateo. Así les contaron su historia de año tras año de peregrinación a dos nuevas en la ruta. "Vinimos desde Charco del Pino porque no sabíamos como era el sendero, es la primera vez que lo hacemos", señala Carmen Donate mientras Coralia Páez apunta que confían en ampliar la experiencia el próximo año: "Repetiremos pero esta vez desde Vilaflor", augura.

Con gorras, gafas de sol y usando una botella de agua para refrescarse. Así llegaron los centenares de devotos del Santo Hermano Pedro hasta el sitio de culto, superviviente a la construcción del aeropuerto. Pendientes de ellos estaban en todo momento los agentes de la Policía Local, los organizadores, los miembros de Cruz Roja... hasta un total de 60 personas, según señaló Juan José Cano. Unos velaban por la seguridad y otros por el acto religioso, puesto que otras cuatro decenas de voluntarios del propio espacio de culto.

Explicaban la organización del acto, vigilaban la cola, ofrecían su ayuda a la hora de encender las velas a modo de ofrenda e incluso ejercían de improvisados fotógrafos a los peregrinos encuadrados ante la imagen del Hermano Pedro. Tres eran los destinos principales de los fieles. La primera, la oquedad reconvertida a pequeña iglesia, donde mora habitualmente la imagen del Santo y que ayer se llenó de rezos.
Le segunda es la cueva mayor, más conocida por el público en general puesto que es en ese lugar donde se colocan los exvotos, detalles que los fieles entregan en agradecimiento a los favores del misionero y entre los que destacan, por llamativos, la caja de L de autoescuela y varios paquetes de tabaco. El objetivo, no obstante, del acceso a la cueva no es otro que encender una vela, por lo que el espacio se inunda de ese impregna del aroma tan característico de la ofrenda.

El tercero de los puntos del fin del peregrinaje es el altar exterior, que ayer sirvió de alojamiento a la imagen del Hermano Pedro. Ante él, los fieles hacían cola esperando a tocar al Santo y besar la reliquia, bajo la atenta mirada de los voluntarios del lugar de culto. Este año se ha incluido además un sonido, el del repique de una pequeña campana, que según explica Macario López es una réplica de la que usaba el tinerfeño durante su misión en Guatemala. De hecho, es uno de sus símbolos junto al hábito, y ayer su sonido fue el fiel reflejo de la devoción de sus fieles.

Cada uno de ellos tiene su propia historia. Su motivo para andar durante decenas de kilómetros hasta llegar a la costa de la Isla. Promesas, tradición, agradecimiento y peticiones son los argumentos esgrimidos por los peregrinos reunidos bajo un intenso sol. Pero la de Antonio Ambrosio es distinta. O lo es todo a la vez. Cuenta el vecino de Vilaflor que la primera vez que se enfundó los tenis para honrar al Hermano Pedro fue hace 13 años. "Vino toda la familia y poco después nos enteramos de que mi hija había hecho el camino embarazada", asegura Antonio mientras mira de reojo a un joven sentado a su lado que no es otro que su nieto, que ahora también se suma a la ruta.

Agradecimiento o casualidad, el caso es que desde hace 13 años el chasnero no falta a su cita con el Hermano Pedro, salvo en una ocasión, el año pasado. "Estaba casi que en el otro barrio", recuerda Antonio quien admite que ha vuelto con más ánimo, entre otras cosas porque ha servido para cumplir la promesa que hizo al misionero en pro de su salud. No en vano, el vecino asegura que vive "justo al ladito de donde vivió el Santo" y admite que "cada vez viene más gente".

Y lo dice con orgullo porque según sus palabras "el amor del Santo es elástico y da para repartirlo a toda la Isla y para todo el mundo". Es en Guatemala donde hay mucha más devoción, al menos según señalan Conchi y Olga. La primera cuenta que lo vivió en primera persona cuando el papa Juan Pablo II canonizó al primer santo tinerfeño. "Allí no se vive igual", reitera la mujer, también vecina de Vilaflor.

Al menos hay un testigo guatemalteco en Granadilla que vigila porque la devoción por el misionero se mantenga. Es un ejemplar del árbol esquisúchil, usado en Guatemala por el Hermano Pedro por sus usos medicinales y su presencia en Tenerife obedece a la colaboración institucional entre ambas localidades. Aún quedan cosas por hacer, según José Juan Cano, que citó como la más importante "convertir el camino en un referente cultural y patrimonial de la comarca", así como rehabilitarlo y señalizarlo en todos sus tramos.

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